Homilías y Reflexiones

EL BANQUETE

LECTURAS del XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – 261011

¿Valoro la Eucaristía y concurro al templo a celebrarla en comunidad o me contento con “verla” en la televisión? ¿Me esfuerzo por compartir el gozo interior que me da la Eucaristía?


PRIMERA LECTURA

 

+ Lectura del Libro de Isaías 25, 6-10a

 

El Señor de los ejércitos ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña un banquete de manjares suculentos, un banquete de vinos añejados, de manjares suculentos, medulosos, de vinos añejados, decantados. Él arrancará sobre esta montaña el velo que cubre a todos los pueblos, el paño tendido sobre todas las naciones. Destruirá la muerte para siempre; el Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros, y borrará sobre toda la tierra el oprobio de su pueblo, porque lo ha dicho Él, el Señor.

Y se dirá en aquel día: “Ahí está nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación: es el Señor, en quien nosotros esperábamos; ¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!” Porque la mano del Señor se posará sobre esta montaña.


ESTA ES PALABRA DE DIOS

 

 

+ SALMO RESPONSORIAL 22, 1-6.

 

R.   El Señor nos prepara una mesa.

 

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas. R.

 

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque Tú estás conmigo; tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

 

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.

 

Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo. R.

 

 

SEGUNDA LECTURA

 

+ Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 4,12-14. 19-20

 

Hermanos:

 

Yo sé vivir tanto en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho absolutamente a todo, a la saciedad como al hambre, a tener de sobra como a no tener nada. Yo lo puedo todo en Aquel que me conforta.

Sin embargo, ustedes hicieron bien en interesarse por mis necesidades.

Dios colmará con magnificencia todas las necesidades de ustedes, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús.

A Dios, nuestro Padre, sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


ESTA ES PALABRA DE DIOS

 

 

EVANGELIO

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 22, 1-14.

 

Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los fariseos, diciendo:

El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero éstos se negaron a ir.

De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: “Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas”. Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.

Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para acabaran con aquellos homicidas e

incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: “El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren”.

Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.

Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. “Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?”. El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: “Átenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes”.

Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.

 

ESTA ES PALABRA DEL SEÑOR

 

HOMILÍA: EL BANQUETE

 

          La semana pasada recitábamos “Vengan a trabajar mi viña; vengan a compartir mi esfuerzo; vengan a disfrutar mi gozo”. Nosotros asumíamos que era Dios quien nos estaba llamando y procuramos responderle bien.

 

Después de trabajar duro en la VIÑA, pasamos a gozar y disfrutar del BANQUETE y éste es el tema de hoy

         

          Es bueno tomar en cuenta, ponderar y gozar al contemplar cómo cuando Dios se hace hombre, asume esa condición humana en todas sus dimensiones.

 

El Hijo de Dios hecho hombre es plenamente humano: comparte con nosotros nuestra condición humana, con sus trabajos, sus esfuerzos, sus éxitos, sus fracasos, sus penas, sus alegrías y también sus gustos.

         

          Esta semana el Señor, a través de la Liturgia, nos invita a disfrutar su gozo. Una vez más, recurrimos al Profeta Isaías. Cuando leemos a Isaías, muchas veces parece que estuviéramos leyendo el Evangelio. La “Buena Noticia” de Jesús, el Profeta la anticipa con unos seiscientos años de adelanto. ¡Cómo no va a ser buena noticia el impresionante banquete de la Primera Lectura!... y después, el Salmo Responsorial nos presenta al Señor preparándonos la mesa personalmente.  Y para colmo, con una copa rebosante.

 

          La culminación viene en el Evangelio: se trata de un banquete generoso pero exigente. Aquí vemos la personalidad de Jesús. Éste es Nuestro Señor. Éste es nuestro Salvador, nuestro Amigo… y nuestro Jefe. Con Él queremos estar, a Él queremos seguir… en las buenas y en las malas. El mismo Jesús que compartió el pan con miles de seguidores es el mismo Jesús que comparte con sus discípulos el anunciado PAN DE VIDA que es su propio Cuerpo en la Última Cena. Es el mismo Jesús quien ordena a los apóstoles y prolonga su mandato también a nosotros: continuar este momento sublime hasta el fin de los tiempos: “Hagan esto en memoria mía”. Jesús nos encarga prolongar este misterioso banquete hasta que Él vuelva… y es lo que hacemos día a día y domingo a domingo en la celebración de la Eucaristía. Ésta es la Misa del siglo XXI: el Banquete Eucarístico de todos los tiempos. A este banquete estamos invitados. ¿Podemos decir que no?

 

          El traje de fiesta. Es curioso ver que el rey tan generoso en la parábola del Evangelio de hoy, fuera por otro lado tan exigente sobre la vestimenta adecuada. ¡Es que la cosa va en serio!  Es evidente que Jesús ha tomado en serio su Encarnación. El unirse a nosotros en el Pan Consagrado de la Eucaristía, Él lo hace de verdad y espera que nosotros lo asumamos de verdad. Esto implica examinar nuestra presentación: ¿Cómo está nuestra alma? ¿He sido fiel? ¿He cumplido sus mandamientos? ¿Amo a Dios? ¿Amo a mi prójimo? ¿He sabido perdonar? ¿He pedido perdón?

 

          Si nos hemos preocupado de examinar la vestimenta del alma, también es oportuno poner atención a nuestra vestimenta corporal. Nuestra buena presentación es un lenguaje sin palabras que le dice a los demás: “estoy contento de estar con ustedes; para mí, ustedes son importantes; los valoro; los aprecio y quiero que ustedes también se sientan bien”

 

          Para terminar: como hombres y mujeres eucarísticos, la Buena Noticia que hemos recibido y disfrutado la tenemos que compartir. El espíritu de fiesta en nuestro Banquete Eucarístico debe prolongarse más allá de las paredes de este templo. Nuestra alegría, nuestra amabilidad en el trato, nuestro gusto por compartir, nuestra preocupación por el bienestar corporal y espiritual de quienes nos rodean son señales de la realidad invisible: que Dios está con nosotros.

 

Reflexión:

  1. ¿Valoro la Eucaristía y concurro al templo a celebrarla en comunidad o me contento con “verla” en la televisión?
  2. ¿Me esfuerzo por compartir el gozo interior que me da la Eucaristía?