Homilía para el 17°domingo del Año Litúrgico - 260726
Te doy un corazón sabio y prudente
SABIDURÍA
“SABIDURÍA”, la palabra nos gusta, la escuchamos y pronunciamos con cierto respeto… incluso con un poco de temor, porque nos parece de difícil alcance.
Probablemente tenemos la idea que los “sabios” son personas distantes, tremendamente estudiosos, devoradores de libros, investigadores científicos encerrados en sus laboratorios. Nos imaginamos los sabios con una memoria infalible, seriedad tremenda, afirmaciones indiscutibles, etcétera, etcétera. Capaz que algo de eso tengan… pero creo que es mucho más.
Hoy, el trozo bíblico del Antiguo Testamento nos presenta al rey Salomón, legendariamente presentado como “el Rey Sabio”. La Biblia nos lo presenta como un joven lleno de cualidades, heredero del legendario Rey David, que, al asumir la corona, Dios le pregunta qué quiere de regalo. Salomón no pide ni larga vida, ni riquezas ni victorias contra los eventuales enemigos. Lo único que le pide es “un corazón comprensivo, para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal”. La respuesta de Dios fue: “Te doy un corazón sabio y prudente, de manera que no ha habido nadie como tú antes de ti, ni habrá nadie como tú después de ti”.
“Un corazón sabio y prudente”. Observamos que la respuesta de Dios comienza con la palabra “CORAZÓN”, que es lo más íntimo de nuestro ser, no sólo el órgano biológico que regula el flujo sanguíneo en beneficio hasta del último rincón de nuestro organismo. Curiosamente la respuesta de Dios nos muestra lo que Dios mismo es para nosotros: CORAZÓN, COMPRENSIÓN, MISERICORDIA, JUSTICIA, PERDÓN. ¡Lindo tesoro le trasmitió Dios a Salomón! ¡Lástima que no lo supo aprovechar bien: se hizo rico y se corrompió!.
“Aquí hay alguien que es más que Salomón”: son palabras de Jesús recogidas en el Evangelio de San Mateo. Justamente en Jesús se dan los elementos anteriormente señalados: CORAZÓN, COMPRENSIÓN, MISERICORDIA, JUSTICIA, PERDÓN. Jesús nos muestra en su vida, con sus enseñanzas y sus hechos, lo que es Dios para nosotros. Ese Dios Inmenso, Invisible, Eterno, Todopoderoso, Creador; ese Dios al que no vemos es CORAZÓN, COMPRENSIÓN, MISERICORDIA, JUSTICIA, PERDÓN. En eso consiste su REINO.
¡Vale la pena el Reino de Dios!
Aquí vienen las Parábolas del Reino con que Jesús nos ilustra en el trozo evangélico de hoy: el hombre que descubre un tesoro escondido y gasta todo lo que tiene para comprar ese terreno y desenterrar el tesoro. En eso está su SABIDURÍA. Sabe lo que vale. Vale la pena arriesgarse. El Reino de Dios es un tesoro escondido. Igual vale la parábola de la perla fina que el joyero se arriesga para comprarla.
Para nosotros, los cristianos, Jesús es el tesoro. ¿Vale la pena arriesgarlo todo con tal de tenerlo a Él?
Tomémonos un tiempo sin reloj, frente a una imagen de Jesús, o un crucifijo o mirando la Hostia Consagrada. No decirle nada; simplemente mirarlo expresarle nuestro amor y esperar qué nos quiere decir.