Homilías y Reflexiones

AL ALCANCE DE LO IMPOSIBLE

Homilía del 13° domingo del Tiempo Ordinario

¿Cómo voy a ser santo? ¡Ni pensarlo!

¿IMPOSIBLE SER SANTO?

            Querer ser santo parece una ilusión. Con una mirada realista y sincera de nosotros mismos, tenemos que reconocer nuestras debilidades, fallas, defectos e incluso pecados que nos duelen o avergüenzan.

            ¿Cómo voy a ser santo? ¡Ni pensarlo!

Sí. Somos débiles y tantas variadas tentaciones nos llevan a caer. Basta enumerar los siete “pecados capitales” y nos daremos cuenta que en más de alguno hemos caído.

¿Cómo voy a ser santo? ¡Ni pensarlo!

¿Vamos a desanimarnos? ¡NO! No nos vamos a desanimar porque hay ALGUIEN que lo puede todo y nos da amplias FACILIDADES.

¿Quién es ese ALGUIEN y cuáles son las FACILIDADES?

San Pablo nos lo dice con toda claridad en su carta a los romanos: JESÚS venció al mal; resucitando venció a la muerte y venció al pecado. Nosotros, al ser bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte y se nos ha abierto una Vida nueva.

Se puede ser santo y – aunque nos parezca imposible - a eso estamos llamados. Veamos por dónde podemos entrar en esta Vida nueva.

Para empezar, vamos por lo más sencillo que nos dice Jesús en el trozo del Evangelio de hoy: “el vaso de agua a un pequeño”, es un acto básico de caridad, amor y compasión, un símbolo de lo que significan las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales. ¿Cómo no vamos a poder a ver algunas? Recordemos las “corporales”:

  1. Dar de comer al hambriento: Proveer alimento a quien lo necesita.
  2. Dar de beber al sediento: Ofrecer agua o hidratación a los necesitados.
  3. Dar posada al peregrino: Dar albergue o alojamiento al que está lejos o desamparado.
  4. Vestir al desnudo: Donar ropa y proteger del clima a quienes carecen de ella.
  5. Visitar al enfermo: Acompañar, cuidar y reconfortar a las personas que sufren dolencias físicas.
  6. Visitar a los presos: Asistir, escuchar y ayudar a las personas privadas de libertad.
  7. Enterrar a los difuntos: Mostrar respeto y dar sepultura digna a los fallecidos, así como acompañar a sus familias.

 

Y ahora, las “espirituales”:

 

  1. Enseñar al que no sabe: Compartir conocimientos, educación y transmitir la fe.
  2. Dar buen consejo al que lo necesita: Orientar y guiar a quienes toman decisiones difíciles.
  3. Corregir al que se equivoca: Hacer la corrección fraterna desde el amor y con humildad, no desde el juicio.
  4. Perdonar las ofensas: Dejar ir el rencor y reconciliarse con quien nos ha hecho daño.
  5. Consolar al triste: Mostrar empatía, escuchar y animar a quienes atraviesan un momento de dolor.
  6. Sufrir con paciencia los defectos de los demás: Aceptar las imperfecciones ajenas con comprensión.
  7. Rogar a Dios por vivos y difuntos: Orar por el bienestar de nuestros seres queridos, las personas necesitadas y las almas de quienes ya partieron.

 

Sencillamente, son éstas excelentes “caminos de santidad” y lo que parecería IMPOSIBLE, en verdad es POSIBLE.

 

En la primera lectura de hoy vemos la actitud hospitalaria de la sunamita con el profeta: le da alojamiento. Podría haberse complicado, pero lo hizo. Le fue POSIBLE hacer una obra de misericordia y la hizo. Y para ella, lo que parecía IMPOSIBLE, tener un hijo, Dios lo hizo POSIBLE: tuvo un hijo, porque NADA ES IMPOSIBLE PARA DIOS.

 

En el trozo del Evangelio, Jesús pide a sus seguidores algo que parece IMPOSIBLE: dejar sus bienes e incluso a sus seres queridos. ¡Y se pudo! Porque NADA ES IMPOSIBLE PARA DIOS.

 

Dios nos llama y nos muestra el camino. Dejémonos interpelar por Él