Homilía para el 12° domingo del Año Litúrgico 2026 - 260621
No estamos solos en nuestros miedos.
¡ATRÁS LOS TEMORES!
Si somos sinceros, los textos bíblicos de este domingo nos sacuden con fuerza. Son duros, crudos y nos ponen frente a frente con realidades que a veces preferiríamos esquivar. Pero la Palabra de Dios no viene a asustarnos, sino a abrazar nuestra realidad y a recordarnos una gran verdad: no estamos solos en nuestros miedos.
En la primera lectura, el profeta Jeremías la está pasando realmente mal. Por intentar guiar a su pueblo con el corazón y recordarles el amor de Dios, lo único que recibe son insultos, rechazo y agresiones. Es doloroso ver cómo un pueblo que lo había tenido todo —la libertad de Egipto, el cuidado en el desierto, una alianza de amor con Dios — decidió darle la espalda al Señor. Jeremías les advierte que ese camino de egoísmo solo los llevará a la ruina, pero en lugar de escucharlo, lo atacan hasta el final.
¿Y saben qué es lo más hermoso y conmovedor de Jeremías? Que, en medio de ese dolor, su confianza en Dios nunca se quiebra. El salmo de hoy refleja perfectamente ese sentimiento: es el grito de un corazón que sufre, pero que sabe con total certeza que Dios es fiel y jamás nos abandona en la tormenta.
Miremos nuestro propio corazón
Traigamos esto a nuestra vida hoy. Jesús nos conoce profundamente y por eso, en el Evangelio, usa palabras sencillas y ejemplos de la vida diaria para calmarnos. Él sabe de qué madera estamos hechos. San Pablo también nos lo recuerda en su carta: Jesús pasó por el dolor y la muerte, igual que Jeremías, pero la última palabra no la tuvo el sufrimiento, la tuvo la Resurrección.
Por eso, hoy quiero invitarlos a que nos hagamos estas preguntas con el corazón en la mano:
Hermanos, que la misa de hoy sea un bálsamo. Dejemos atrás los temores, entreguémosle a Jesús eso que nos quita el sueño y salgamos de aquí con la certeza de que su amor nos sostiene siempre.
JJV