Corpus Christi - En la Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo
El Sacramento de la Eucaristía: No creo que pueda existir una forma más perfecta de expresar la COMUNIÓN DEL UNIVERSO.
COMUNIÓN UNIVERSAL: Dios consigo mismo. Dios con la Tierra. La Tierra con la Humanidad. La Humanidad con Dios y consigo misma. ¿Cómo se entiende? ¿Cómo se comprueba? ¿Cómo se vive? ¿Cómo se siente?
Dios consigo mismo. Es el tema de la Santísima Trinidad que celebramos la semana pasada. Dios Padre que engendra a Dios Hijo (Jesucristo) por el Espíritu Santo en la Virgen María. Dios Hijo (Jesucristo) que ama al Padre y hace que los seres humanos seamos sus hermanos enviándonos al Espíritu Santo. ¡HAY PERFECTA COMUNIÓN!
Dios con la Tierra. Para comenzar, es el Creador; la abraza, la cubre, la impregna de energía y vida. ¡HAY PERFECTA COMUNIÓN!
La Tierra con la Humanidad. En ella estamos y ella nos proporciona todo lo que requerimos para nuestro sustento y alimentación. La Tierra nos da el trigo y las uvas para que nosotros hagamos el pan y el vino. ¡VAMOS HACIENDO COMUNIÓN!
Dios con la Humanidad y ésta con Él. Dios da su Hijo, Jesús, a la Humanidad. La Humanidad entrega a Dios el fruto más perfecto de nuestra tierra: Jesús. ¡VAMOS HACIENDO COMUNIÓN!
Jesús con la Tierra y con nosotros (la Humanidad). Jesús toma de la tierra el trigo y las uvas (al pan y el vino) y los hace su Cuerpo y su Sangre para, de esta manera, entregarse a nosotros. ¡SE HACE COMUNIÓN!
La Humanidad invoca al Espíritu Santo para que el pan y el vino sean el Cuerpo y la sangre de Jesús. Luego la Humanidad le ofrece al Padre el Cuerpo y la Sangre de su Hijo. ¡SE HACE COMUNIÓN!
Dios invita a la Humanidad a participar fraternalmente en este banquete celestial comulgando el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. ¡VIVIMOS LA COMUNIÓN!
La Humanidad consigo misma. Al comulgar, los humanos no solamente entramos en COMUNIÓN con Jesucristo sino con todos los que lo hemos acogido en este Sacramento, extendidos por el mundo entero. De este modo se va “cristificando” la tierra, por Cristo, con Él y en Él. ¡HACEMOS COMUNIÓN!
Desde el fondo de nuestro corazón, nos ponemos en la presencia de Jesucristo y le damos un abrazo cálido, cordial, emotivo y le decimos: “No permitas que me aparte de Ti”.
¿Puede existir algo más hermoso y admirable que este Sacramento, aquí en la tierra?