Homilías y Reflexiones

MUY CONTENTOS

HOMILÍA EN LA FIESTA DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR – DOMINGO 260517

Los discípulos regresaron muy contentos a Jerusalén

HOMILÍA EN LA FIESTA DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR – DOMINGO 260517

 

“Jesús fue con sus discípulos hasta Betania. Allí, levantó sus manos y los bendijo. Y en ese mismo instante fue llevado al cielo, mientras ellos lo adoraban. Después de esto, los discípulos regresaron muy contentos a Jerusalén, y todos los días iban al templo para adorar a Dios”. Con estas palabras termina el Evangelio de San Lucas. De esta manera complementamos los relatos que hoy hemos leído o escuchado de los Hechos de los Apóstoles y del Evangelio de San Mateo.

Vamos a destacar las palabras “regresaron muy contentos”.

Se trata de una actitud de ánimo bastante especial, si tenemos en cuenta que se trata de una despedida sin la posibilidad de volverse a ver. Ellos son los amigos que han compartido el día a día con su Maestro y Señor. Han escuchado sus predicaciones, han constatado sus milagros, han comprobado los sentimientos de Jesús y lo han amado, seguido y acompañado.

Lo normal habría sido que al regresar a Jerusalén hubieran venido un nudo en la garganta, lágrimas en los ojos después de la partida del Señor. Por eso, nos sorprende este detalle del Evangelio de San Lucas: “regresaron muy contentos”, esto es “gozosos” ¿Por qué sería? Se trata de un tema de Fe que sobrepasa lo que pudieran ser los sentimientos naturales. Esta Fe que hizo a los discípulos superar la pena de la partida del Amigo, es la que ellos quisieron compartir desde el nacimiento de la Iglesia hasta nuestros tiempos. Las lecturas bíblicas de hoy quieren llegar hasta nosotros para fortalecernos en la Fe y, por cierto, en la Esperanza y el Amor.

Una de las razones para la Fe, Esperanza y Amor es la INSISTENTE promesa del ESPÍRITU SANTO. Además Jesús les ha prometido que disfrutarán de una incomparable energía para trasmitir la Buena Noticia a todas las naciones.

Nosotros, los cristianos del siglo Veintiuno, somos los herederos de todas las promesas que Jesús le hizo a sus discípulos, incluso a quienes lo vinieron a conocer después de su muerte y resurrección. Efectivamente, desde nuestro Bautismo fueron sembradas en nuestro corazón las semillas de la Fe, la Esperanza y el Amor. Nuestros padres y nuestros catequistas habrán procurado regar y cultivar esas semillas en nuestras almas… y si por negligencia no lo han hecho de la mejor manera, a nosotros nos incumbe asumir esa responsabilidad. Nunca es tarde.

Nunca es tarde. Cuando nosotros, libre, consciente y voluntariamente nos acercamos a las Sagradas Escrituras, a la Misa y a los sacramentos, estamos fortaleciendo nuestra Fe y Amor. En forma particular, esto lo vamos logrando en la medida que asumimos nuestra condición de CONFIRMADOS.

El próximo domingo vamos a celebrar la Confirmación de los Apóstoles. Será la ocasión de renovar nuestro compromiso de cristianos, apóstoles en el siglo Veintiuno.

  1. ¿Estoy contento y agradecido de ser cristiano?
  2. ¿Me atrevo a compartir este gozo con la gente que me rodea?
  3. ¿Qué me retrae?