Homilía del 5° domingo del Tiempo Pascual - 260503
Hay gente buena que se entromete donde no debería hacerlo pero también hay personas buenas que por algún extraño motivo, no se atreven a entrar donde todos los están esperando.
Seguramente en el grupo de los apóstoles debe haber sucedido algo semejante. Respetaban y amaban a Jesús, deseaban acompañarlo, gozaban y se entusiasmaban cuando Él obraba milagros, lo reconocían como un ser superior. Lo más importante: QUERÍAN ESTAR CON ÉL y temían perderlo. Esto es lo que se entiende en la lectura del Evangelio de hoy. Los apóstoles están inquietos, temen perder a Jesús. Él no les niega que pronto se va a ir pero los anima en la confianza que va a prepararles un lugar. “Sí. Hay lugar y – en mi casa - les voy a preparar uno para cada uno de ustedes”
Podemos imaginar cómo habrán tomado estas palabras los Apóstoles. ¿para dónde va? ¿Por qué camino va? ¿Con quién se va a encontrar? ¿Quiénes lo van a acompañar? ¿Qué vamos a hacer acá?
Sabemos lo que sucedió: Jesús padeció, murió y resucitó. Luego los reconfortó y estimuló derramándoles su Espíritu y los respaldó en su organización apostólica encabezada por Pedro. Éste toma la palabra, exhortando a judíos y no judíos a creer en Jesús, imitar su ejemplo, acoger y poner en práctica sus enseñanzas. Ha nacido la Iglesia. Judíos y no judíos están formando un CUERPO donde HAY LUGAR para todos. Este CUERPO está encabezado por Jesús, cabeza invisible y por Pedro, la cabeza visible, en comunión con los demás apóstoles.
No tardaron en darse cuenta que no era necesario ser judío para creer en Jesús. Los hechos lo estaban demostrando. Sirios y samaritanos, egipcios, chipriotas, griegos y romanos, sin distinción abrazaban la Fe, recibían el Bautismo y quedaban llenos del Espíritu Santo.
En esta comunidad en crecimiento surgieron nuevas necesidades y fue preciso ampliar los servicios. Así nacieron los diáconos para atender las urgencias más materiales mientras los apóstoles predicaban la Buena Noticia, como lo vimos en la Primera Lectura de hoy. Seguidamente, en la Segunda Lectura tenemos al primer papa, San Pedro poniendo a Jesús como centro de su predicación.
Pedro estimula a sus oyentes, los primeros creyentes y nos estimula también a nosotros, dos mil años después. Somos miembros de un cuerpo vivo, cuya Cabeza es Jesucristo. Somos partes de un Templo vivo cuya piedra angular es Jesucristo. En este Templo vivo, HAY LUGAR para todos los que creemos en Jesucristo. Ésta es la VERDAD que queremos compartir, cuidar y hacer crecer día a día en nuestro mundo.
Acojámosla y compartámosla.