Homilías y Reflexiones

OVEJA PUERTA O PASTOR

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones - 4° Domingo de Pascua - 260426

¿En qué quedamos? ¿Somos ovejas o somos pastores? La oveja que pasa la Puerta, pasa a ser pastor. Somos ovejas a quienes el Buen Pastor nos llama a ser pastores.

PUERTA O PASTOR

DOMINGO DEL BUEN PASTOR  -  4° Domingo de Pascua - 260426

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

“El Señor es mi Pastor; nada me puede faltar”, son las palabras atribuidas al Rey David, quien sabía bien lo que es ser pastor. Son las palabras que pronuncia una y otra vez la Iglesia, refiriéndose a Jesús. Y nosotros, una y otra vez las cantamos, con cierta emoción en nuestro corazón, pensando una vez más que somos unas tiernas ovejitas en los brazos de Jesús, nuestro Pastor de todos los tiempos. Está bien, pero no podemos quedarnos, así no más.

El mismo Jesús nos dijo algo más. Nos dijo que Él era la Puerta por la cual teníamos que pasar. Y esto significa que no podemos quedarnos esperando que nos agarren o nos empujen para entrar. Entraremos porque escuchamos la voz del Pastor que nos llamaba, confiamos en Él y, libremente, seguimos su voz. Esto le pasó a Simón Pedro.

¿En qué quedamos? ¿Somos ovejas o somos pastores?  Somos ovejas a quienes el Buen Pastor nos llama a ser pastores. La oveja que pasa la Puerta, pasa a ser pastor

Simón Pedro escuchó la voz del Señor, sintió la llamada de Jesús y decidió seguirlo. No se contentó con escuchar las enseñanzas de Jesús como un buen discípulo-oyente. Recibió una misión y se decidió a ponerla en práctica, aún reconociendo sus debilidades y pecados. Jesús le asignó la tarea de asumir la misión de Pastor. Y Pedro se decidió a cruzar la PUERTA y asumió como Pastor.

Hoy, en la primera y en la segunda lectura bíblica de este domingo, vemos a Pedro en acción. En la primera, lo vemos en una predicación tan convincente que tres mil de sus oyentes se hicieron bautizar. En la segunda, una carta atribuida a san Pedro, lo vemos exhortando a sus lectores a seguir e imitar a Jesucristo quien con sus llagas nos ha sanado.

Simón Pedro no se contentó con ser una “oveja” del rebaño de Cristo: Simón Pedro asumió la misión de Pastor y la llevó a cabo hasta las últimas consecuencias, dando su vida por Cristo y por el “rebaño” que Él le había confiado.

Un sucesor de Simón Pedro, que desde hace varios siglos le llamamos “Papa”, Pablo Sexto, ahora canonizado como San Pablo Sexto, quiso despertar las almas dormidas de nosotros los cristianos. San Pablo Sexto instituyó que este Cuarto Domingo de Pascua, el Domingo del Buen Pastor, fuera la “Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones”. Esto significa que no sólo el Papa es el Pastor Universal, los Obispos son los pastores en sus diócesis y los presbíteros, pastores en sus parroquias, templos y capillas. Esto significa que todos, ¡TODOS!, por el hecho de ser cristianos, estamos llamados a colaborar con Nuestro Señor Jesucristo en su condición de Pastor. Sin quitarle la responsabilidad a los papas, obispos y presbíteros, también los laicos son llamados a la función PASTORAL. Esto es la VOCACIÓN PASTORAL. Es lo que hoy la Liturgia de la Iglesia quiere insistirnos.

Si esto es así, atrevámonos a decirle a Jesús: ¿Dónde quieres que te colabore? ¿Dónde me quieres como “pastor” o “pastora”?

Por supuesto que esta misión comienza en la casa. No puede ser que los padres dejen a sus hijos “al garete” en una supuesta “libertad” para que hagan y piensen lo que quieran o que simplemente le “endosen” su tarea delegándosela al colegio o a la parroquia. No. ¡NO PUEDE SER!

Papás y mamás, abuelos y abuelas SON PASTORES que les digan – por supuesto con amor – las cosas claras a sus hijos y nietos, llevándolos a las “verdes praderas” y a las “aguas tranquilas” de las que habla el salmo; enseñarles a desear y gozar de la vida sacramental; que aprendan a descubrir y amar al Creador en la belleza de la Naturaleza y también en la belleza del arte, de la poesía y de la música; que aprendan a gozar de la amistad con Jesús en el Sacramento de la Comunión; que aprendan a gozar del Espíritu Divino en la paz y el silencio de la oración; que aprendan a recibir con dolida emoción el perdón por sus caídas.

De los hogares y familias donde los padres y abuelos han desempeñado bien su misión pastoral, naturalmente surgirán en los hijos otras vocaciones, sacerdotales y religiosas.

La vocación sacerdotal surge en el corazón del joven que abre sus ojos al mundo que lo rodea y se da cuenta de su pobreza no sólo en lo material sino sobre todo en lo espiritual: el mundo necesita que le hablen de Dios, que les muestren a Jesús. Hay enormes cantidades de personas que han oído hablar de Jesús pero no lo conocen de verdad.  Jesús ha querido darnos su Cuerpo y su Sangre en el Sacramento de la Comunión; ha querido trasmitirnos su Perdón en el Sacramento de la Confesión pero no hay suficientes ministros que puedan entregar estos regalos de Dios. Y tanto joven que podría preguntarse: “¿Y por qué no yo?”

Éstas son las vocaciones sacerdotales y religiosas. Éstas son funciones pastorales de primera necesidad. Por éstas hay que rogar a Dios y darlas a conocer sin temor en los hogares cristianos.