Homilías y Reflexiones

DIVINA MISERICORDIA

¿CAMBIO DE NOMBRE O ALGO MÁS?

O ESTAMOS DISPUESTOS A PEDONAR O NOS HUNDIMOS

Tiene que haber una buena razón para cambiarle el nombre a algo que estamos acostumbrados.  Más importante si se trata de una persona y mucho más importante si se trata de una fiesta tradicional como este domingo que le llamábamos Cuasimodo. Lo llamábamos así porque en la antigua liturgia latina las primeras palabras eran “quasi modo geniti infantes” refiriéndose a los recién bautizados una semana antes en la Vigilia Pascual. Como la Pascua de Resurrección una fiesta tan, tan importante, la Iglesia ha querido que los enfermos no quedaran privados de la Comunión Pascual y para estos efectos, se organizan en nuestros campos cabalgatas vistosas y modernas cicletadas para acompañar a Jesús en este Santísimo Sacramento, que acude a reconfortar y llevar alegría y consuelo

¿Cuál fue el motivo o con qué motivación surgió la iniciativa y fue implementada en la Comunidad creyente esta actividad que se convirtió en tradición? El motivo fue La MISERICORDIA, la piedad, la compasión, el amor: La Misericordia de Jesús que se nos quiere dar, quedándose en la Comunión. La Misericordia de la Comunidad que no quiere olvidarse de los débiles y acompaña gozosamente a Jesús-Sacramentado que llega hasta los distantes hogares donde yacen los enfermos.

Pero hay algo nuevo: el cambio de nombre de la fiesta. Pues bien, nuestro querido y antiguo Papa Juan Pablo Segundo, ahora Santo, quiso reforzar el MOTIVO, rebautizando esta fiesta con el nombre de “DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA”: no se trata de la simple misericordia humana, aunque ésta sea bella y buena; es más: se trata de la Misericordia Dios.

Dios es misericordioso. ¿En qué consiste la MISERICORDIA DIVINA? Sabemos que Dios es bueno y todo lo hizo bien. Dios ama a su Creación; nos ama a nosotros sus creaturas, quiere nuestro bien y desea nuestra felicidad eterna.  Pero Dios es Justo y no puede amar la injusticia, no puede amar el mal. Desgraciadamente los seres humanos somos pecadores y repetidas veces hacemos el mal. Sabemos que el mal debe ser rechazado y que lo justo corresponde combatirlo, rechazarlo y, si fuera posible, eliminarlo. Sabemos que Dios es Justo y lo que le corresponde es exterminar el mal. ¡Entonces tendría que exterminarnos a todos! Esa es la verdad, pero el AMOR de Dios lo lleva a postergar su justicia. Allí está su MISERICORDIA: por Amor posterga su Justicia y nos trata con paciencia. Por eso decide hacerse hombre y hablarnos en lenguaje humano. Quiere ayudarnos a salir del mal, de la injusticia, del pecado.

En el Corazón de Jesús, este Dios hecho Hombre, está el Amor, la Paciencia, la Compasión, la Justicia, la Misericordia y el Perdón de Dios. Si queremos acogernos al Perdón de Dios, tenemos que ser congruentes con su Amor, su Paciencia, su Compasión, su Justicia y su Misericordia, aplicándolas a nuestra relación con los demás. A esto vino Jesús: a indicarnos este camino. En el trozo del Evangelio de hoy está la clave: “Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen”. No olvidemos que Jesús había dicho “Felices los misericordiosos porque ellos obtendrán Misericordia”.

El camino que nos muestra Jesús está claro. Vemos, sin embargo, en nuestra historia, en nuestro mundo, a nuestro alrededor, mucho dolor, mucha injusticia, mucho mal, mucho pecado. ¿Por qué? Porque no nos hemos acogido al perdón misericordiosos de Dios y no hemos estado dispuestos a poner en la práctica lo que Jesús nos enseñó: SABER PERDONAR.

Hoy, Domingo de la Divina Misericordia, el DÍA DEL PERDÓN. Pidamos al Señor que nos conceda la gracia de perdonar a las personas que nos han producido dolor o heridas, para hacernos merecedores de su misericordioso perdón. Pidamos que los pueblos enemistados levanten sus ojos hacia el Dios Misericordioso para que Él derrame su inmensa Paz.