Homilías y Reflexiones

YO SOY LA VIDA

Reflexión a partir de las lecturas bíblicas del Quinto Domingo de Cuaresma - 260322

¡LA VIDA! Éste es uno de los misterios que el hombre se ha empeñado en desentrañar valiéndose de la ciencia y la razón. ¡Qué sencillo es Jesús cuando simplemente nos dice “Yo soy la Vida”!

¡LA VIDA! Éste es uno de los misterios que el hombre se ha empeñado en desentrañar valiéndose de la ciencia y la razón. ¡Es tremendo!... pero no vamos a terminar nunca de hacernos más y más preguntas. ¡Y en eso estamos!

Estamos vivos. Sabemos que un día comenzamos a vivir, aunque no siempre sabemos agradecer debidamente a los padres que nos dieron la vida o a los antepasados de quienes provenimos, cómo, cuándo y por qué. Estamos vivos, cuidamos y amamos la vida, esta vida, nuestra vida. Apreciamos que a nuestro alrededor estamos rodeados de vida, de seres vivos como nosotros, humanos. También vemos, con admiración, otros seres vivientes, plantas, peces, aves y animales de infinitas especies, formas y conductas. No terminaremos nunca de admirarnos y preguntarnos: ¿dónde, cuándo, cómo o por qué?

¡Qué sencillo es Jesús cuando simplemente nos dice “Yo soy la Vida”!

“Yo soy”:  estas palabras nos suenan a Antiguo Testamento.  Son las palabras con las que se presenta Dios a Moisés: “Yo soy el que soy”. No dijo otro nombre. Simplemente dijo “Yo soy”. Cuando Jesús nos dice “Yo soy”, algo resuena en nuestro interior. Es Dios quien nos está hablando. “Yo soy la Vida” significa “Dios es la Vida”. Y si Jesús dice “Yo soy la Vida” está afirmando que es Dios. Nos podemos imaginar la perplejidad de todos esos judíos que veían en Jesús a un simple hombre. Era indudablemente un hombre, de carne y huesos. No sólo figura de hombre sino hombre real, con cuerpo real y con auténticos sentimientos humanos. En el episodio evangélico que hemos escuchado hoy, vimos a Jesús llorando por la muerte de su amigo Lázaro. ¿No es plenamente humano el llorar cuando sentimos el dolor por la muerte de un ser querido? ¡Esta realidad la hemos visto cientos de veces; es una vida que ha llegado a su fin; es una vida que ha terminado! Lo hemos sufrido con dolor cuando ha muerto un ser querido. Lo comprobamos con realismo al observar que la historia es una secuela de vidas y muertes. Al observar la Naturaleza, nos damos cuenta que la vida y la muerte son parte constitutiva de plantas, animales… y también de los seres humanos.

La verdadera VIDA, la Vida de Dios es ETERNA porque Dios no tiene principio ni fin: Dios es eterno. Entonces viene la pregunta: ¿Qué clase de vida es la que tenemos los demás vivientes? Nuestra vida es temporal, es limitada, es imperfecta. Plantas, animales y humanos tenemos un comienzo y un final. Plantas, animales y humanos nacimos un día y un día moriremos. Tenemos vida, pero no es eterna. Es vida mortal. Somos REFLEJOS de la Vida de Dios.

¿Y esto es todo, así no más y nos quedamos tan tranquilos?

Por fortuna, NO. El Creador, que es ETERNO, nos ama y quiere compartir con nosotros los humanos la ETERNIDAD. Para esto y por nosotros quiso hacerse hombre y se hizo hombre, compartiendo con nosotros todas las características humanas, incluyendo la mortalidad. ¿Para qué hizo esto? Lo hizo para invitarnos a compartir con Él la INMORTALIDAD. Insistimos: Jesús, como HOMBRE mortal y DIOS INMORTAL nos INVITA a la inmortalidad.

NO nos OBLIGA. NOS INVITA.

Somos libres de aceptar la invitación de Jesús, diciéndole: Jesús, te creemos, queremos estar contigo, queremos ir y caminar contigo más allá de la muerte. Jesús nos dice; “Vengan… pero no vengan solos; traigan amigos y a la gente que quiera venir. Sepan, sí, que el camino es duro y que tenemos que ayudarnos unos a otros para que todos alcancemos la meta de felicidad sin límites”.

Todo lo bueno que hayamos querido en esta tierra, lo tendremos sin límites por una eternidad. Si tu mente es inquieta y quiere conocer más y más, tendrás una eternidad para saciar esa sed. Si tu corazón está inflamado de amor, tendrás una eternidad para amar y ser amado sin fin.

El milagro que nos narra San Juan sobre la resurrección de Lázaro que hemos escuchado leer hoy es una muestra que nos quiere dar Jesús, para que entendamos que Él, plenamente HOMBRE, capaz de llorar por la muerte del amigo, es plenamente DIOS, capaz de devolver la vida mortal y compartir con nosotros la VIDA INMORTAL.  Jesús es el dueño de la Vida y la Vida Eterna que nos promete es UNA REALIDAD.

Una vez más, hacemos nuestro acto de Fe: SEÑOR, YO CREO PERO AUMENTA MI FE.