Homilías y Reflexiones

LA RELACIÓN Y LA LEY

¿Qué quiere Dios de su Creación?

Todo lo que existe está relacionado

LA RELACIÓN Y LA LEY

Todo lo que existe está relacionado y todas las relaciones tienen una ley. Estas dos afirmaciones son la base de nuestra reflexión en este sexto domingo del Tiempo Litúrgico Ordinario.

Todo lo que existe está relacionado. Podemos pensar en lo grande o en lo chico.

Pensemos en lo grande, como la luna y la tierra, ésta, los otros planetas y el sol: unos giran en torno a otros y de alguna manera dependen unos de otros.

Pensemos en lo chico: cualquier animal o planta y sus partes; su relación con los otros elementos de la Naturaleza, sus alimentos, el agua que necesitan para hidratarse, los rayos del sol… Nuestro relato podría extenderse al infinito. Nosotros con ellos, y ellos con otros.

Nuestra observación nos lleva a la sorpresa: ¡Cuánto equilibrio! ¡Cuánto orden! ¡Cuán ajustada se observa esta relación! Nuestra razón necesita encontrar una explicación a este orden e intentamos ponerle un nombre: son las LEYES de la Naturaleza. Toda la Creación funciona con estas LEYES  y así funcionan bien. Los creyentes buscamos una explicación razonable y la encontramos en el Creador, quien dota a su Creación de la energía y capacidad de relacionarse para el bien de cada una de las partes. El Creador mira su Creación y se goza en su existencia. El Creador ama a su Creación. La ley del Creador es el AMOR. El Creador imprime su Ley en toda la Creación: “relaciónense, entiéndanse, vincúlense, asóciense”

¿Y qué sucede con nosotros, los seres humanos? Somos inteligentes y libres; recibimos las mismas leyes divinas de relacionarnos, de asociarnos, de vincularnos, de entendernos… ¿Pero en qué fallamos? ¿Por qué fallamos? “El diablo mete la cola”.  

El diablo es inteligente, odia a Dios y a los humanos nos aborrece porque fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. El diablo sabe que tenemos inteligencia y voluntad. El diablo sabe estimular nuestros deseos y los desordena. El diablo procura que los humanos no nos entendamos, no nos relacionemos, no nos vinculemos y así nos hace caer en todo lo que Dios no quiere de nosotros. Así, la ley del Amor querida por Dios, esa hermosa Ley queda vulnerada. Cuando los humanos nos damos cuenta que por nuestra culpa se produjo todo el desorden, queremos rearmar lo que Dios hizo bien y para ello vamos haciendo una tras una, las leyes humanas.

Lo mejor de las leyes humanas se da cuando procuran reactivar y reforzar la Ley Divina del Amor. Desgraciadamente también aquí procura introducirse el Mal Espíritu, o sea el diablo  y salen leyes que van contra la naturaleza, contra el mismo ser humano e incluso contra Dios. Esto lo vemos frecuentemente en otros países y, por desgracia, también en el nuestro.

Tengamos en cuenta esta realidad y procuremos poner lo que esté de nuestra parte no sólo para que las leyes, sino también los preceptos, reglamentos y disposiciones locales y los llamados “protocolos” sean reflejos de la Ley Divina del Amor. Así, las relaciones entre personas, grupos, pueblos y naciones traerán armonía, entendimiento, paz y bienestar. Así estaremos anticipando la perpetua alegría del cielo aquí en la tierra.

JJV