Reflexión para el 5° Domingo Ordinario del ciclo C – 260208
¿Cómo iluminar sin encandilar?
Desde hace dos semanas el tema de la LUZ ha estado iluminando nuestras mentes, nuestros corazones y también nuestros pasos. El martes recién pasado, se celebró en muchos lugares de esta tierra chilena la fiesta de “La Candelaria”: Es nuestra Señora, la Virgen María, portadora de la Luz, al llevar en sus brazos al Niño Jesús. Una vez más recordamos las palabras del anciano Simeón quien, al tomar en sus brazos al Niño, lo proclama como “la Luz de las naciones y gloria del pueblo de Israel”. Las “candelas” o velas son símbolo de la luz.
Hoy, en las lecturas bíblicas dominicales, aparece once veces más la “luz”: dos veces en Isaías, cinco en el Salmo, dos en el Aleluya y dos veces más en el Evangelio.
Está claro que Dios nos ilumina y que Jesús es nuestra Luz. Pero ahora, lo novedoso y desafiante es que Jesús se dispone a traspasarnos su luz para que nosotros seamos la luz. “Ustedes son la luz del mundo”. Está muy claro: se trata de la voluntad de Jesús y es nuestra responsabilidad asumir este encargo. Se trata de una misión: ser luz.
Ahora viene la pregunta: ¿Cómo vamos a cumplir esta hermosa misión? ¿Será, tal vez, que tendremos que subirnos a un pedestal o a un escenario espectacular y pedir que nos iluminen con potentes focos, buenos micrófonos y grandes parlantes? ¿Escalar altos puestos? ¿Hacer sonar bombos y platillos? San Pablo, en su carta a los corintos nos dice claramente que no se tata de esto: él les dice “No llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría”. Pero entonces, ¿cómo? Isaías nos da la respuesta:
El Salmo 111 nos ofrece un refuerzo:
Miembros activos de la Iglesia de Cristo, recordemos lo que aprendimos en el Catecismo: las Obras de Misericordia. ¡Aquí está nuestra luz!
Las copiamos para recordarlas
Obras de Misericordia Corporales
Obras de Misericordia Espirituales