Homilía del Domingo 3° del Tiempo Ordinario
Jesús es la LUZ. Jesús es la Buena Noticia. Él quiere iluminarnos. Él nos envía su Espíritu. Dejémoslo actuar.
LUZ
¿Por dónde nos llegan las noticias? ¿Las buscamos? ¿Las escuchamos? ¿Las leemos? ¿Algunas nos parecen importantes? ¿Las conservamos? ¿Las rechazamos? ¿Las olvidamos?
Querámoslo o no, estamos invadidos, envueltos, inundados de noticias y no podemos evitar que ellas incidan en nuestra vida, sea para bien o para mal. Por eso, es indispensable que seamos capaces de entenderlas y administrarlas. Un elemento básico para poderlas leer, es la LUZ. Sin luz, no puedo leer. Podría escucharlas, pero podría olvidarlas, si no las anoto y escribo. Entonces, si tengo luz, podría volver a leerlas, entenderlas, recordarlas y valerme de ellas. Por esto es que necesitamos LUZ.
Las lecturas bíblicas de este Tercer Domingo del Tiempo Ordinario nos hablan repetidamente de la luz: en el trozo de Isaías, en el salmo y en el Evangelio. No es difícil darse cuenta que se está aplicando el concepto de LUZ a la persona de Jesús. Jesús es el Salvador. Jesús es la salvación de la cual habla el Salmo. Jesús es la salvación del pueblo oprimido al cual consuela el profeta Isaías sin saber de quién estaba hablando.
Hoy, 25 de enero, se conmemora la conversión de San Pablo. No olvidemos que Saulo (así se llamaba) cabalgaba de Jerusalén en Israel a Damasco en Siria, con el encargo de tomar presos a los cristianos y llevarlos para ser juzgados y condenados por su Fe. Recordemos que fue derribado del caballo por un rayo de luz que lo encegueció y escuchó la voz del cielo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Fue tan potente este rayo de LUZ, que se convirtió, se puso a disposición de Jesús y – llegado a Damasco – recibió el Bautismo y fue el Apóstol Pablo. Así es la LUZ de Jesús.
Pablo se somete a la LUZ de Jesús y proclama la centralidad del Señor. En la segunda lectura de hoy, Pablo se dirige a los corintios a quienes había evangelizado y les refuerza la idea que Jesús es lo central y más importante y que no deben dividirse en facciones o partidarios de uno u otro evangelizador o apóstol.
¿Cómo podemos aplicar los trozos bíblicos de hoy a nuestra vida actual?