Reflexión del 2° domingo "per annum"
¿Por qué "Cordero"?
Éste es el Cordero de Dios.
Son tantas las veces que hemos escuchado esta frase en la Misa, antes de la Comunión… pero posiblemente no nos hemos cuestionado qué llevó a san Juan Bautista a señalar a Jesús con este curioso Nombre. No nos olvidemos que el que nos narra esta historia es el otro Juan, el discípulo amado de Jesús, san Juan, el Evangelista.
Para los israelitas de esos tiempos, e incluso en la actualidad, el cordero es un elemento importante para su alimentación, pero más que eso, tiene una significación religiosa. Recordemos el tema del “Cordero Pascual”, con el que celebraban su fiesta nacional, recordando haber sido liberados de la esclavitud en Egipto. Recordemos esa legendaria noche en que marcaron las puertas de sus casas con la sangre del corderito, librándose así del paso del ángel exterminador.
Recordemos que cuando finalmente conquistaron la Tierra Prometida y construyeron el Templo de Jerusalén, allí llegaba el pueblo a presentar sus ofrendas al Señor, con preferencia inmolando corderos.
Una de las razones de estas ofrendas era agradecer a Dios por los bienes recibidos: la Naturaleza, la vida, los corderitos. Dios nos dio la Vida; los hombres se la agradecemos entregándole nuestra vida representada en el corderito inmolado. Otra razón, por la cual ofrecían sus sacrificios, era para obtener el perdón de los pecados.
Interesante: el cordero hace de “intermediario”: como don de Dios, y como ofrenda del hombre.
Retrocedamos al primer libro de la Biblia. Recordemos que cuando se escribió en el Génesis la historia de Adán y Eva con sus hijos Caín y Abel, el autor nos señala que Caín era agricultor y Abel, pastor de ovejas. El autor nos dice que Dios aceptó los sacrificios de Abel y rechazó los de Caín, produciendo en éste la envidia que lo llevó al fratricidio. ¿Qué quiere decir con esto el autor? Que a Dios le agrada la ofrenda del cordero.
¿Qué está viendo el Bautista al reconocer a Jesús? Está viendo el don de Dios. El Dios de la Vida, está dándonos su Vida al darnos a Jesús. El Bautista destaca que el Cordero viene a quitar el pecado del mundo. Por su parte, el Hombre-Jesús da su Vida al Padre por nosotros, los hombres. Jesús es el Cordero de Dios para nosotros los hombres y la más sublime ofrenda que nosotros podemos entregar a nuestro Padre Dios.
¿Cómo termina este episodio del Evangelio de San Juan? Jesús se aparta de la escena y se va caminando. Dos discípulos lo siguen. Uno de ellos, el que nos lo cuenta.
Reavivemos nuestros sentimientos de gratitud por el don de la Vida que nos da nuestro Padre Dios al enviarnos a su Hijo, el Cordero de Dios. Acojamos al Cordero de Dios en nuestras almas. Pero no nos quedemos sólo con gratitudes. Ofrezcámosle todo lo que somos, uniendo nuestras vidas a la de Jesús y entreguémonos al Padre “por Cristo, con Él y en Él”.