Ven, ven, Señor, no tardes. Ven, ven, que te esperamos Ven, ven, Señor, no tardes; Ven, pronto, Señor
Necesitamos pedirle al Señor que derrame en nosotros un verdadero caudal, un torrente de ESPERANZA.
PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
Al dar inicio a este nuevo año litúrgico (2026, ciclo A), queremos hacerlo con una mirada de ESPERANZA. En este mundo convulsionado es fácil caer en el desánimo y por eso necesitamos pedirle al Señor que derrame en nosotros un caudal, un torrente de ESPERANZA.
Somos una humanidad caída. A esta humanidad caída, el Señor nos infunde la Esperanza Cristiana a través del Misterio de la Encarnación. Le decimos al Señor: “Hemos caído. Ven a salvarnos. Ven a levantarnos. Ven, Señor, no tardes. Ven, que te esperamos”.
Un pueblo fue elegido para recibir al ESPERADO. Este ESPERADO, Ungido del Señor que les traería la deseada PAZ, la LUZ, la VIDA, el AMOR. Los ancianos de este pueblo elegido buscaron a David, el pastorcito de Belén, y lo ungieron como su Rey. Pero Dios le hizo ver a David que el Esperado sería un descendiente suyo, su verdadero UNGIDO, el MESÍAS, que significa “Ungido” en el idioma hebreo. El ESPERADO, el Ungido, es el propio Dios hecho Hombre. Es el DIOS-ENCARNADO.
DIOS-ENCARNADO: Éste es el Ungido, el Esperado no sólo de un pueblo, sino de todas las naciones. Tendrían que pasar mil años para que esa ESPERANZA se hiciera realidad.
El ESPERADO del pueblo de Israel y de todas las naciones del mundo es Jesucristo, el descendiente de David, el Hijo de Dios y de la Virgen María, el hijo adoptivo de José, el carpintero.
A este Mesías tan esperado por todos los tiempos de la historia, le cantamos:
SEÑOR, A TI CLAMAMOS (canto de Adviento)
Confiados esperamos tu luz, tu vida y tu amor
Ven oh Señor, danos tu paz
Tu pueblo ansioso clama a ti ¡Socórrenos, no tardes más!
Tristeza es nuestra vida vivida sin tu paz
Ven oh Señor, danos tu paz
Tu pueblo ansioso clama a ti ¡Socórrenos, no tardes más!
Su última venida en gloria y majestad.
Ven oh Señor, danos tu paz
Tu pueblo ansioso clama a ti ¡Socórrenos, no tardes más!
Comentemos, un poco, los trozos bíblicos de hoy.
En el primer trozo, del profeta Isaías, dirigido a un pueblo que está padeciendo verdadera aflicción, el autor lo consuela y anima con un panorama prácticamente idílico. Es consolador, verdaderamente infunde ESPERANZA. Si lo leemos o escuchamos con espíritu de Fe, a través de él, Dios nos quiere animar para que nunca perdamos este precioso don.
Luego viene el Salmo, también reconfortante, que nos llena de alegría al sentirnos cada día más cercanos del encuentro con el Señor.
En el trozo evangélico, nuestro Señor Jesucristo nos mueve a una actitud realista: hay dificultades y las seguirá habiendo. Es indispensable que nosotros estemos siempre alertas y seamos capaces de enfrentarlas cuando se nos vayan presentando, sabiendo que siempre podremos contar con la ayuda del Señor.
San Pablo, a través de su carta a los corintios, es más exigente con nosotros, Nos exhorta a estar ALERTAS y preparados para la venida de nuestro Señor controlando y dominando nuestras malas inclinaciones. Nos exhorta a “revestirnos” de Nuestro Señor Jesucristo. Esto significa que nos dejemos “cubrir” o “envolver” con el espíritu de Jesús
Luego, con renovado fervor, llamamos al Señor:
Ven, ven, Señor, no tardes. Ven, ven, que te esperamos
Ven, ven, Señor, no tardes; Ven, pronto, Señor
Envuelto en sombría noche
El mundo, sin paz, no ve
Buscando va, una esperanza
Buscando, Señor, la fe
Ven, ven, Señor…
Al mundo le falta vida
Al mundo le falta luz
Al mundo le falta el cielo
Al mundo le faltas Tú
Ven, ven, Señor…