EL BUEN USO DE LAS RIQUEZAS
Reflexión a partir de las lecturas bíblicas del domingo 26° del Año Litúrgico: Amós 6; Timoteo 6; Lucas 16
RICO PERO ENDEUDADO
¿Soy rico?, ¿eres rico? ¿somos ricos? La verdad es que sí, tenemos muchas riquezas, pero estamos endeudados. ¿Por qué? Porque TODO lo hemos recibido “en administración” y de TODO debemos dar cuenta.
Todo lo que somos y tenemos, todo, absolutamente TODO LO HEMOS RECIBIDO. Por eso, nuestra deuda es de TODO.
Sí. Recibimos la VIDA: de nuestros padres. También recibimos de ellos, el sustento, la alimentación, el abrigo, la protección y la primera educación. Lo que no nos han dado nuestros padres, lo hemos recibido de otros innumerables prójimos como nuestros maestros y profesores y toda la trama de seres humanos que constituyen la sociedad civil y la Iglesia.
Recibimos el alma espiritual: de Dios. También recibimos, de Dios unas muy diversas cualidades naturales, TODAS DIFERENTES, como la INTELIGENCIA, la VOLUNTAD, la SIMPATÍA, la PRUDENCIA, la FORTALEZA, la AUDACIA, la JUSTICIA, la PACIENCIA. Finalmente, también de Dios hemos recibido tres regalos magníficos, de incalculable valor: la FE, la ESPERANZA y el AMOR.
Ya en todo lo dicho, nos damos cuenta que en más que algo, en mucho SOMOS RICOS… pero estamos endeudados, porque todos esos dones los hemos recibido. Somos deudores de Dios, de nuestros padres y de todos nuestros prójimos.
Alguno podría pensar: “la casa que tengo, el auto o la moto que tengo, el dinero me lo he ganado con mi trabajo y con mi esfuerzo; el “cartón”, el título o el oficio que desempeño los he logrado con estudio y sacrificio”. Pero tendría que preguntarse: “¿Y quién me dio la inteligencia, la educación y la habilidad para desempeñar tal o cual oficio o profesión, la salud física, la resistencia en la adversidad para que pudiera obtener lo que tengo”?
¡Eres rico, pero tienes una deuda… con Dios y con los demás!
¿Y CÓMO LE PAGO LA DEUDA A DIOS? La deuda con Dios es inmensa y nos mueve a un sentimiento de amor y gratitud sin límites. Y Él me dice: “Mira a tu alrededor. Por todos lados hay personas que necesitan algo de ti y que se lo puedes dar. No lo pienses más. Si puedes, dáselo.
Y con tus padres – continúa Dios – acuérdate del Cuarto Mandamiento: Honrar padre y madre”.
¡Puedo! ¡Y qué feliz soy!
Para terminar, ten en cuenta lo más increíble, pero es verdad: mientras más compartes tus riquezas, eres más rico… y mientras más atesoras tus riquezas, eres más miserable.
Piénsalo bien.