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Número: 63
HOMILÍAS DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C (3º al 16º)

HOMILÍAS DOMINICALES CICLO C  (3º al 21º)

DOMINGO TERCERO ANUAL:“VIVIR UN LIBRO”Comentario a las lecturas bíblicas del Tercer Domingo del Año Litúrgico
Juan Vicente Catret S.J.Las dos lecturas de la Biblia conectadas siempre directamente cada domingo son la primera y el evangelio. Aquí se nos habla de “dos libros”: en la primera lectura, se nos dice que el sacerdote Esdras leyó el libro de la Biblia del Antiguo Testamento, sobre todo los libros de la Ley o de Moisés, que abarcaban desde el Génesis al Deuteronomio, a todo el Pueblo reunido en Jerusalén tras la vuelta del destierro en Babilonia. Y se nos dice que el Pueblo aceptó vivir conforme a la Ley del Señor exclamando su “amén, amén”.

En la segunda lectura, S. Pablo en su carta primera a los cristianos de Corinto, que no llega al tamaño de un libro, comenta que la iglesia de Cristo se parece a un cuerpo humano en que los miembros más fuertes protegen a los más débiles, el ojo a la mano, etc., y que por tanto debemos ayudarnos unos a otros, según el don que cada uno ha recibido de Dios.

Y en el evangelio, después de decirnos que Lucas envía su evangelio a “Teófilo”, nombre simbólico que significa “amante de Dios”, es decir que Lucas envía su libro del evangelio a todos “los amantes de Dios” que son los cristianos, nos comunica que Jesús acudió a la sinagoga de Nazaret y que leyó un pasaje del libro del profeta Isaías del Antiguo Testamento de la Biblia, aplicándoselo a sí mismo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciego la vista. Para dar la libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor”.

Y luego, Jesús se apropió esas palabras simbólicas de Isaías, comentando: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

Titulo esta homilía: “Vivir un libro”. Porque tanto Esdras en la primera lectura, como Jesús en el evangelio, nos están diciendo que “hay que vivir un libro”. Y me gusta aquí repasar el kanji o carácter chino para decir libro: “jon”, se pronuncia y se escribe: ?, que expresa un “árbol”: ?, al que se le pone debajo un pequeño trazo horizontal, queriendo indicar “la raíz del árbol”·. O sea, que un “libro” expresa “lo que está a la raíz de la voluntad del que lo escribe o hace suyas las ideas expresadas en el libro, bajo la metáfora del árbol vital de cada uno…Muy bonito y expresivo me parece.

Entonces, centrándonos ya en el evangelio, Jesús nos dice que la raíz de su voluntad está en animar a los pobres con su Buena Nueva del Reino de Dios, Reino de paz, justicia y amor; en su trabajo curativo y redentor dando vista a los ciegos, libertad a los oprimidos…es decir, dándonos motivos para vivir humana y libremente, con libertad interior, con gozo dentro del corazón. Un mensaje de liberación que se nos da y que debemos colaborar a realizarlo, saliendo de nuestro egoísmo…recociéndonos pobres, oprimidos por las cadenas de las pasiones desordenadas, con necesidad de salvación, y al mismo tiempo animados a ayudar a los demás a vivir en esa libertad interior, que es gracia que pide al la par nuestra colaboración…Este es el programa Jesús, el “vino nuevo” que nos trae, como comentábamos el domingo pasado…
Y me pregunto: ¿pido humildemente a Jesús que me abra los ojos del corazón, que me libre de mis pasiones desordenadas, que me rompa mis cadenas opresoras, que me ayude a vivir bajo su gracia con un corazón pobre y humilde? Y a la vez, ¿quiero ayudarle en su empresa de construir el Reino de Dios, estando cerca de todos mis prójimos, aportando mi testimonio a favor de la paz, de la justicia, del amor servicial, dándoles ejemplo, rezando por ellos, animándoles a vivir con un bello y alto ideal de por vida? Este, creo es el mensaje de este domingo. Y acabo con una breve poesía de Eugenio D’Ors que me gusta. Se llama:

ORACIÓN EN LAS GRANDES VACILACIONES

“No me ilumina nada,
no veo nada,
no siento nada,
sino lo que sientes Tú.

No decido nada,
no juzgo nada,
no examino nada,
no sé nada,
sino lo que sabes Tú.

No pido nada,
no quiero nada,
no deseo nada,
sino lo que anhelas Tú.

No temo a nadie,
no sirvo a nadie,
no descanso en nadie,
sino en Ti.”
 

 

DOMINGO CUARTO ANUAL: “LA SORPRESA”

Al domingo cuarto del tiempo ordinario, lo quiero llamar el de “la sorpresa”. Una palabra clave. Aristóteles dice que “la filosofía empieza con la sorpresa” ante la belleza del cosmos, ante el ser humano, ante el misterio de Dios…
En japonés, “sorpresa” se dice: “odoroki” y se escribe así: ??; un carácter chino que dibuja debajo un pájaro esquemático y arriba, a la izquierda una planta que crece en monte y mar, y a la derecha una mano…O sea, “sorpresa” se da cuando surge de repente un pájaro de unas matas, sean en tierra o en mar, al que se quiere dar caza con la mano.
¿Qué tiene que ver esto con el Jesús del evangelio de este domingo?
Jesús fue a la Sinagoga de su pueblo de Nazaret, y después de leer el texto de Isaías, que ya comentamos el domingo pasado, se lo aplicó a sí mismo diciendo: “esta Escritura que acabáis de oír, se cumple hoy”. Es decir, con Jesús ha llegado el tiempo mesiánico de la salvación. Los nazaretanos de la sinagoga “se sorprendieron” y se decían: “¿No es éste el hijo de José el carpintero y su madre María, a quien todos conocemos? ¿De dónde le viene esa sabiduría? Y dicen que en Cafarnaúm ha hecho milagros…Que los haga aquí para nosotros. Total, que querían ver una sesión de magia de circo, viendo a Jesús sacando algún pájaro de un sombrero, o de una planta, como expresa el “odoroki” o “sorpresa” en el japonés dicho antes. Aquellos campesinos sólo creían en un Dios lejano, en lo alto del cielo, Trascendente Juez…Un Dios hecho hombre, cercano, compartiendo la vida ordinaria, encarnado, les resultaba imposible de creer.
Y Jesús también “se sorprendió” de su cerrazón, de que no veían la maravilla del “ágape” o amor de Dios, que por cierto exalta la segunda lectura de S. Pablo con su “canción del amor” en su carta a los cristianos de Corinto. La “sorpresa” de Jesús no era del tipo de magia de circo que sus paisanos de Nazaret querían. Era una sorpresa dolorosa al ver que teniendo ante sí al Hijo encarnado de Dios, no creían en él, sino que sólo pensaban en milagros materiales y económicos. Es por eso que Jesús les recordó que fueron dos extranjeros: la viuda de Sarepta y Naamán el sirio, quienes recibieron una recompensa por haber creído. Jesús se volvió a sorprender al ver que los de Nazaret quisieron despeñarle por el barranco del pueblo…Actitud que también mostró el pueblo de otro tiempo contra el profeta Jeremías, tal como narra la primera lectura de este domingo.
Y vamos a ver nuestra “sorpresa”. ¿La abrazamos contentos porque Jesús Salvador está con nosotros en todo: en la cocina, en el trabajo, en el recreo, a todas horas? ¿Le vemos presente también en todo el prójimo con quien nos topamos a diario y que necesita de nuestra mano de ayuda, nuestra calurosa acogida?
Pidamos a Jesús que no se aleje de nosotros, que nos lleve consigo, a su lado, por todos los caminos de la vida. Sintámonos felices gracias al misterio de la Encarnación, que nos ofrece al “Manuel” o “Dios con nosotros hasta el fin del mundo”.
Sin Jesús, todo es triste, desencarnado, tal como exclama esta poesía que os pongo a continuación. Es de José Luis Hermosilla y se llama:
MAR SIN AGUA
“Mar sin agua,
hombre sin corazón,
pájaro sin libertad,
mundo sin amor.

Manos sin cadenas,
cielo sin estrellas,
niño sin sonrisa,
campo sin sol,
hombre sin fe,
hombre sin Dios,
hombre que busca
busca sin hallar.

Rico sin pobreza,
sueños y sólo sueños;
vida sin amor,
llanto sin lágrimas,
dolor y más dolor.

Mirada sin horizontes:
¡Nos haces falta Tú!”

Pues pidiendo esa fe, amor y gozo en Jesús el encarnado Hijo de Dios, con y por vosotros,


P. Juan Vicente Catret S.J.

 

Domingo V anual  "LA RED"

Este domingo nos presenta dos “teofanías”: la primera solemne, en el Templo de Jerusalén al joven profeta Isaías; la segunda, en el evangelio, en el mar dentro de una barca a Pedro. “Teofanía” quiere decir: “Aparición del poder de Dios”. En japonés se dice: “araware” y se escribe: 現れ, que simboliza a la izquierda “un rey”: 王, o “un tesoro

”:玉, y a la derecha: “verlo”: 見, con los rayos de luz que salen de los ojos: 目. Adecuado kanji o carácter chino-japonés, ya que “la aparición del poder de Dios” equivale a ver al Rey que es Dios o Jesucristo, o a su magnífico poder que es un gran tesoro…Para San Pablo, en la segunda lectura de este domingo, la “teofanía” está en la Resurrección de Jesucristo, Rey de la vida, cuyo evangelio el transmite a todos con los que se encuentra. 

A mi me gusta resaltar primero la diferencia entre la primera teofanía a Isaías y la del evangelio a Pedro y sus compañeros. Preciosa la aparición a Isaías: oye el gran coro de los ángeles en el cielo que cantan la gloria de Dios, como si fuera una Misa solemne de Bach, Beethoven o Mozart; y ante tal belleza siente su pequeñez pecadora…pero es purificado con ese ascua ardiente que un serafín toma del altar con unas tenazas y le toca con ella en los labios. 

En cambio, la teofanía a Pedro es más cercana a nosotros. Se da en la barca, cuando Jesús, después de evangelizar un buen rato, sube a un bote, reman mar adentro y le dice a Pedro que eche la red para pescar. Al poco tiempo obtienen una redada de peces enorme. Es precioso ver a los peces dando brincos dentro de la red de aquí para allá. Os lo recomiendo, si no lo habéis visto nunca. Yo fui una vez con pescadores durante la noche y al amanecer, al retirar la red, era algo extraordinario ver aquella escena. Me explico que Pedro, quien había estado pescando toda la noche sin lograr nada, ante la maravilla del poder de Jesús, que le da los peces, sienta su pequeñez, se postre a los pies de Jesús confesando que es “un pecador”…Y Jesús le dice: “No temas: desde ahora, serás pescador de hombres”. Y Pedro, Santiago y Juan, los primeros discípulos de Jesús, sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, le siguieron. 

Titulo esta homilía: “la red”, que es el instrumento con que Jesús atrae a todos…A Isaías, también podemos decir que el canto de ángeles invisibles le fue como una red espiritual. Y siempre decimos que alguien cae en la red que le tiende una persona atractiva y amante. S. Ignacio habla hasta de “las redes que tiende el demonio” en su meditación de las “Dos Banderas”: la de Jesús y la del diablo…En japonés, “red” se dice: “ami” y se escribe: 網...que representa a la izquierda un entrabado de hilos: 糸, y a la derecha un espacio vacío que se quiere llenar con peces o pájaros, se nos explica. Pues bien, yo quiero pedir hoy a Jesús, que nos atraiga con la red de su amor misericordioso, que nos meta muy adentro de su red, que es dentro de su gran Corazón, que deseamos ayudarle a meter también dentro de esa “red” a muchas personas, todas aquellas con las que nos encontramos a diario, o todas aquellas por las que rezamos siempre; y rezamos por los responsables en la Iglesia y en los países del mundo, por los niños pobres, por las víctimas de las guerras, por nuestras familias y amigos, por todos. 

Dentro de esa “red amorosa” de Cristo resucitado, seremos capaces de dejarlo todo, de ver todo lo material como efímero, de vivir con desprendimiento y libertad interior y como Pedro y compañeros, seguir a Jesús más y mejor cada día. Que así sea. Os pongo una poesía apropiada para ello. Es de Benjamín González Buelta y se titula: 

LA LLAMADA DEL TODO

“Hay que dejarlo todo
en el seguimiento de Jesús.

Primero se dejan las cosas:
lo que se recibe heredado
y viene grapado al apellido,
lo que es fruto del trabajo
y lleva nuestra huella. 

También hay que dejarse
a sí mismo:
los propios miedos,
con su parálisis,
y los propios saberes,
con sus rutas ya trazadas. 

Después hay que entregar
las llaves del futuro,
acoger lo que nos ofrece
el Señor de la historia
y avanzar en diálogo
de libertades encontradas
mutuamente para siempre,
que se unifican en único paso
en la nueva puntada del tejido. 

¿Cómo abandonarlo todo
sin sentir al Todo
llenar nuestras ausencias
y seducir nuestros haberes?”
 

DOMINGO VI  ANUAL: BIENAVENTURANZAS SEGUN LUCAS

Este domingo nos presenta las “bienaventuranzas” según Lucas, que Jesús pronunció al bajar de un monte, en una llanura de Galilea. Son diferentes de las de Mateo, quien escribe que Jesús las pronunció sobre un monte. Y si en Mateo son “ocho” y más “espirituales”, en Lucas son “cuatro” y más “materiales”. Jesús dice que son bienaventurados los pobres, los que tienen hambre, los que lloran y los odiados y perseguidos por su causa. Y a continuación, dice que son malditos los ricos, los saciados, los que ahora ríen y los halagados por el mundo. ¿Por qué? 
Creo que la clave está en la primera lectura de Jeremías y en el Salmo 1 que la sigue. Porque ambos nos dicen que el pobre que sufre y es despreciado por los demás, busca y pone su refugio y confianza en Dios. Y entonces se va a parecer a un árbol plantado junto a las aguas, que tendrá ramaje verde y producirá fruto. Mientras que el que pone su confianza en sí mismo y en sus riquezas será como un cardo en la estepa seca del desierto. 
En japonés, “bienaventuranza” se pronuncia “shiawase” y se puede escribir con un doble carácter o kanji chino-japonés así: 仕合わせ, que representa de izquierda a derecha: un hombre junto a la tierra que comparte…es decir, que es feliz y bienaventurado el que comparte con los demás todos los bienes que produce y le da la tierra.
Creo que esto es el mensaje evangélico de hoy. Jesús está diciendo que es bienaventurado el pobre que confía en Dios y que en su pobreza sale a compartir con los demás. Está como diciendo que el rico que ríe es maldito, porque olvida su relación con el prójimo que es pobre; por eso une Jesús las cuatro bienaventuranzas con las cuatro maldiciones que le siguen. Los ricos son responsables de la pobreza, de las lágrimas de los pobres. Y ¡cuántas veces vemos que los pobres comparten más dentro de su pobreza que los ricos! La madre Teresa de Calcuta quedó impresionada por el buen ejemplo de aquella mujer con muchos hijos, quien cuando recibió de la Madre Teresa un saquito de arroz, salió corriendo de su choza a compartir con la vecina porque, dijo: “ellos también tienen hambre”…Los pobres son así más felices y bienaventurados. El mensaje de Jesús no es el amor a la pobreza, sino el amor a los pobres, que se concreta en el gesto de compartir fraternalmente con todos. 
Pidamos a Jesucristo resucitado, que hace válida y fuerte nuestra fe, como dice Pablo en la segunda lectura de este domingo, que nos enseñe ese secreto de la bienaventuranza y la felicidad, que está en el doble binomio de: “pobreza-apertura” y “riqueza-cerrazón”. 
Os pongo una poesía que es como un grito de los pobres, pidiendo ese compartir arriba dicho. Es de Gloria Fuertes y se llama: 

LA POBRE
Soy tan pobre, tan pobre,
que no tengo ni madre.
Soy tan pobre, tan pobre,
que no tengo ni nadie.
Que no tengo ni abrigo
que llevarme a los hombros. 
No tengo ni belleza
que llevarme a los hombres.

Soy tan pobre, tan pobre,
que no tengo ni labios
que llevarme a la boca.
¿Tenéis una mirada de ternura?
¿Os sobra algo de vino de la copa?
¡Un poquito de pez,
que tengo hambre…!
Aunque sólo sea una mirada,
soy tan pobre, tan pobre,
que no tengo una sábana blanca…
pero si no la tengo no te vayas.

No tengo un hombro donde llorar a gusto.
No tengo un hombre donde zurcir palabras. 
Unas manos, por caridad,
para las mías largas,
que tengo a mi corazón enfermo
y no tengo que darle una cucharada. 
 

DOMINGO VII ANUAL:  CORAZÓN COMPASIVO

 

Este domingo es una llamada a la "compasion". En la primera lectura, David 
es compasivo frente al rey Saul que le persigue, y cuando de noche entra en 
la cueva donde el rey duerme, no lo mata; al dia siguiente, dira desde lo 
alto del monte que el, David. es fiel a su rey. En la segunda lectura se nos 
habla del "primer Adan", que somos todos nosotros, lo mismo que la "primera 
Eva", y del "segundo Adan" que es Jesucristo, quien, en el evangelio, nos 
llama a ser "compasivos como el Padre del cielo es compasivo", a poner "la 
otra mejilla", cuando alguien nos pegue en una mejilla...Es decir, a amar a 
los enemigos, a superar el mal a fuerza del bien. Y el "segundo Adan" que es 
Jesus nos da ejemplo de esa compasion a todas horas de su vida.
Me llama mucho la atencion una pelicula del gran director cinematografico 
japones que fue Akira Kurosawa, pelicula llamada "Aka jigue", que significa 
"barba roja". Se trata de un medico que tiene la barba roja y un dia recibe 
la visita de una joven neurastenica, a quien le ofrece una medicina en un 
vaso; ella lo echa de un manotazo, pero el, pacientemente vuelve a llenar el 
vaso de medicina y ella vuelve a derrmarlo de otro manotazo, y asi hasta 
ocho veces. Al final, ella se bebe la medicina. Me dije, eso es lo que dice 
Jesus de vencer al mal a fuerza de bien, no dar un manotazo en la mejilla al 
que me golpea la mia, sino poner la otra tambien...
Que es la compasion? En japones se dice: "awaremi" y se escribe: , 
que representa un corazon a la izquierda y a la derecha: arriba trigo, y 
abajo el sol poniente...O sea que "compasion" a la japonesa seria "ofrecer 
de todo corazon trigo y sol de la tarde que calienta a otra persona"...Muy 
bonito y muy ajustado al evangelio de este domingo.
Jesus nos anima a ofrecer trigo o pan y el sol de la tarde, que son 
generosidad para con todos, a orar por los que nos persiguen, a no 
vengarnos, a responder con amor servicial a los que nos ofenden...A perdonar 
y ser compasivos, que es lo mismo que "compacientes", con todos nuestros 
projimos. "Compacientes" equivale a compartir penas y alegrias con 
todos...Mansedumbre, espiritu de paz, generosidad...
Vamos a pedir a Jesus que nos lo muestre y de fuerzas para ello. Y acabo 
con una poesia que me gusta. Es de J. Bermejo y se titula:

CON INSISTENCIA

"Con insistencia y con ardor nos pides
el gesto, la senal definitiva
en el amor: amar al enemigo,
poner la paz donde la guerra hostiga;
hacer de nuestro barro soberbio y despiadado
lampara fiel de tu bondad divina.
Si alguna vez me siento perseguido
o calumniado, dame tu sonrisa,
que todo lo perdona y lo redime,
y todo lo fecunda y resucita.
Dame, Senor, tus mismos ojos, dame
esa piedad que todo lo apacigua.

Te pido por aquel que sin saberlo
sembro en el alma heridas
de muerte, y por aquellos que llagaron
el corazon con impetu homicida.
Infunde en mi tu mansedumbre. Solo
en tu bondad encuentre yo mi vida,
y en tus amores, mis amores, siempre
abierto como el surco a la semilla."
 

DOMINGO XI ANUAL:   “CLASES DE PERFUME” 



Este domingo undécimo del Tiempo Ordinario de la Liturgia nos presenta como centro del evangelio a “la pecadora a los pies de Jesús, ungiéndoselos con perfume y siendo perdonada por él”. Esta escena me sugiere a mí ese título de “clases de perfume”, que es algo con olor muy oriental. “Perfume” es una de las claves culturales japonesas. Un pensador nipón ha escrito que “mientras en el Occidente las personas, sobre todo las femeninas, se ponen encima el perfume, en Oriente “se entra” en un ambiente perfumado”. Así es. Por ejemplo, si entramos en las “teras” o “templos budistas” percibimos un perfume profundo que infunde paz, silencio, tranquilidad. Por supuesto, también nuestras iglesias cristianas pueden emitir ese perfume apaciguador. En japonés, “perfume” se dice “kaori” y se escribe: 香り, que representa una planta aromática como el tomillo en la parte de arriba (禾) y abajo simplificado lo “dulce” (甘). De conjunto, el “perfume” es producido por esa “planta dulce”, “aromática”.

Digo que hay muchas “clases de perfume”. 

En la primera lectura, el profeta Natán urge a David a convertirse, reconociendo que se dejo seducir por el “perfume de la mujer de Urías”. Un caso que muestra parecido con el evangelio en que entra una mujer en la acción.

Y en ese evangelio único de Lucas, en primer lugar, los fariseos que juzgan muy mal tanto a la fresca pecadora que invade su casa, como a Jesús que permite la acción de ella: postrada a los pies de Jesús, llorando, derramándole el perfume aromático, secándoselos con sus cabellos, mostrando en fin un arrepentimiento y amor bellísimos porque se siente perdonada y renovada por Jesús, el Maestro único que no la mira ni con deseo erótico ni con desprecio como aquellos fariseos recostados también a la mesa, esos hombrotes, iba a decir “machos”, o no esparcen perfume alguno, o es un olor malo de desprecio orgulloso, de juicio temerario tanto del Maestro como de aquella mujer.

La pecadora, me imagino que olería gratamente antes en aquella su forma de vida, a la que quizás se vio empujada por ser vendida muy joven a fin de pagar una deuda familiar, o lo que sea. Pero ella tenía una sed y un olfato de un “perfume superior”: el del perdón que otorga Jesús, perfume fuera de ella, en el ambiente o atmósfera en que siempre se mueve el divino Salvador. Él les dijo a todos, empezando por ella: “Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor”. Y desde aquel momento, lo mismo que las otras mujeres que también menciona al final el evangelio de que “también seguían a Jesús y le ayudaban con sus bienes” en su perfumar aldeas y ciudades, cielos, campos y mar con su perfume vital y renovador, aquella antes pecadora mujer estoy seguro que decía con mucha fe desde el fondo de su corazón esa frase sincera de Pablo en la segunda lectura de hoy: “vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”. Se sintió habitada por Jesús, pletórica de su perfume. Ese Cristo que muere y resucita por nosotros. Ese Jesús que no discrimina a las mujeres frente a los hombres.

Nosotros también estamos llamados a acudir a Jesús como pecadores arrepentidos, a derramar el mejor frasco de nuestro corazón con el perfume del amor agradecido, de la adoración profunda, de la alabanza gozosa. Y luego, una vez se haya infiltrado a nuestro corazón ese perfume de Jesús, de bella y alegre pureza, nos convertiremos tanto para Dios Padre como para el prójimo, como dice Pablo (2 Corintios 2,15) en “precioso perfume” alentador, de vida. Que así sea. 

Acabo con una poesía, libre pero oportuna, de Patxi Loidi, que se titula:

OLÍA A PECADO

“Bajó Jesús la vista
y topó su cabeza con otra cabeza
que estaba a sus pies. 
Un sedoso pelo de oro
que le acariciaba y besaba con ternura. 

Y olía a pecado
y a prostitución
y a suciedad
y a barrio bajo de marginados y proscritos…

Y se complicó Jesús
en aquel olor.
Olía muy bien.

Y dispararon rayos sobre Ti
los ojos de los fariseos y de los escribas
y de todos los hombres de bien.

Y estalló en sus pechos
una descarga atómica de miles de megatones. 

Jesús agarró con las dos manos las bridas del miedo,
para no desbocarse.

Se mantuvo tenso en el conflicto,
no retrocedió ni un milímetro.

Y se veía a los lejos una cruz…

Aquella tarde
el velo de tu misterio se descorrió unos metros más”…

 

DOMINGO XIII ANUAL      EL CAMINO DE JESUS


Este domingo nos invita a “caminar en libertad amando tras las huellas de Jesús”.
En la primera lectura, se nos habla del profeta Elías invitando a Eliseo a convertirse en su discípulo y caminar con él. En la segunda lectura, S. Pablo nos dice que nuestra vocación es para caminar “en libertad” amando al prójimo. En el evangelio, Jesús corrige a dos de sus discípulos que querían incendiar una aldea samaritana porque no les recibió; les da un testimonio de generosa espera y perdón hasta que se les acoja, y luego a tres jóvenes que decían querer seguirle, sin rodeos les dice que su “camino” no es cómodo, sino que exige un desprendimiento radical de las cosas, porque si bien “los pájaros tienen nidos” y “las zorras tienen madrigueras”, Jesús “no tiene donde reclinar la cabeza”. ¿Cuál es, pues, el camino de Jesús?

“Camino”, en la espiritualidad oriental, japonesa, es un vocablo clave tanto cultural como religiosamente. En China, el pensador Lao-Tse predicó el “Tao”, que quiere decir “camino”, y de ahí surgió el Taoísmo, una corriente espiritual en la que se anima a todo viviente a seguir el camino debido, siguiendo el ejemplo de la naturaleza, un camino que es como una madre que alienta, un misticismo que sólo se comprende con un corazón de niño. Y en Japón, “camino” se dice “michi” y se escribe, como en China, con un carácter o kanji: 道 que dibuja un cuello y un camino…es decir en una ceremonia sagrada junto a un camino se ofrecía un sacrificio (el cuello lo indica), y luego compendiando: es no sólo el cuello sino toda la persona humana que se pone en camino…El concepto de “michi” o “camino” es muy querido por el pueblo japonés, les anima en la andadura diaria, de trabajo esforzado que ha hecho un país rico, siendo así que el subsuelo es pobre, sin petróleo ni otros ricos minerales, construido de los escombros de la guerra, un “camino” en el que se aprecia más lo natural que lo artificial, una tosca piedra más que una filigrana de un joyero. 

Y vamos con “el camino de Jesús”. Se parece en mucho al camino o “michi” o “tao” oriental. Jesús pide humanidad generosa, que perdona, que excusa, el servicio gratis por amor, y también pide la libertad y desprendimiento de las cosas, compartir todo lo que se es y tiene, vivir con confianza cuando hay inseguridad de las cosas, un “fuego dentro” del corazón, no “fuego afuera para quemar aldeas” como querían aquellos dos discípulos llamados “hijos del trueno”, un caminar decididos hacia la meta, la de Jesús era la cruz en Jerusalén, la nuestra el Cielo o vida eterna. Apostemos por el camino de Jesús. La palabra “michi” repetida en el corazón nos está diciendo que el Cristianismo no es una ideología o enseñanza de valores éticos tan sólo, es sobre todo “el camino de Jesús”, seguirle andando vivos con todo lo que se es: de cabeza a los pies, subrayando el corazón libre. 

Me gusta la historieta de aquel sabio monje que vivía caminando en el campo, como Jesús, sin nido ni madriguera, sin almohada o “makura” en japonés, que indica poner la cabeza junto al tronco de un árbol (枕)…y unos turistas de un país rico le visitan un día y al ver que en su tienda de campaña no había libros, nada, le preguntan: - “Maestro, ¿dónde están tus libros?” Y él responde: - “¿Dónde están los vuestros?” Y ellos replican: 
- “¿Nuestros libros? Nosotros estamos de camino”…Y entonces sentenció el sabio monje:
- “También yo voy de camino”.
Así es. Todos estamos de camino, siguiendo “el camino de Jesús”.
Acabo con una poesía, que va por libre, apropiada, de Patxi Loidi, que se titula:

CANSADO

Estoy cansado del camino.
Hemos recorrido desiertos
y subido montañas.
He tocado oasis
y he bebido de sus aguas.
Aguas frescas y sedantes
que me invitaban a fijar domicilio junto a ellas.
Y Tú me decías:
“ ¡A caminar! ¡A caminar!”.
Déjame.
Déjame en este arbolado
disfrutar de la sombra y de las aguas.
He traído lleno el zurrón
y quiero comer en paz la pobreza de mi saco
sobre esta hierba, 
bajo estos árboles, 
junto a estas aguas.
Su murmullo me librará de la soledad.
Déjame.
No me agarres de nuevo por el cuello
para llevarme a caminar
sin caminos
rumbo a lo desconocido.
Que ya he andado mucho
Y estoy cansado de seguirte
día a día por sendas no marcadas,
sin un hogar al que poder decir:
¡Mi refugio! ¡Mi descanso!
Déjame 
Y no me obligues a comenzar de nuevo
mañana
la ruta.
 

DOMINGO 14 ANUAL: PARA LLEVAR LA PAZ A TODOS

Este domingo 14 del año litúrgico se centra en la preparación que Jesús hace de sus muchos discípulos para que lleven la paz a todas las casas en donde entren.

Ya en la primera lectura del profeta Isaías, se nos dice que para el pueblo de Dios, resumido en “Jerusalén”, la paz produce “alegría” y es como “un río de mucho agua”, que avanza lentamente, diríamos “pacíficamente”. 

En el evangelio, del mensaje de paz que Jesús quiere lleven sus discípulos al mundo, a mí me gustan sobre todo dos cosas:

Primera: “no llevéis talega”, es decir “un saco” de ropa y comida.
Segunda: “cuando entréis en una casa…si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz”. 

Vamos a examinar esas dos frases. La primera, está tomada del sermón a los enviados. Jesús les dice y nos dice, que no llevemos “talega o saco”. Y S. Agustín comenta: “en ti debe haber no un saco sino una fuente”. Estupendo. Si somos como “un saco”, seremos egoístas que todo lo quieren para sí, para meterlo en su saco y disfrutarlo individualmente. No. Dentro de nosotros debe haber “una fuente”: ser generoso, que se da y comparte todo lo bueno que dentro de sí tiene, brotando siempre del corazón el agua viva de amor, servicio y alegría para que todos beban y al mismo tiempo nunca se agota esa fuente, porque la mantiene viva y llena la gracia del Señor a través del Espíritu Santo derramado en ella, en cada corazón. 

Y con tal preparación, vamos a la segunda frase: “si en cada casa en que entréis hay allí “gente de paz”, “descansará sobre ellos vuestra paz”. ¿No os parece algo raro? Si ya son gente de paz, ¿qué otra paz les vamos a llevar para que descanse sobre ellos? ¿No es paz superflua esa segunda?

No. A mí me ayuda a comprenderlo un libro escrito por un filósofo japonés llamado Watanabe Shoichi, quien escribió un libro titulado: “Filosofía de la Paz”. En él dice que si hay dentro de nosotros: “heian” (en kanji: 平安), entonces llevaremos la “heiwa” (平和) que viene a decir: “si hay dentro de nosotros “la paz chica”, la tranquilidad, la generosidad del ser como una fuente, entonces seremos capaces de esparcir a nuestro alrededor la “paz grande”…La paz “chica”, esa “heian” de arriba simboliza: en situación llana, como la corriente del río de muchas aguas (平), debajo de un tejado descansa recostada una joven (安)…Preciosa imagen que predica: la belleza de la tranquilidad, quietud, sosiego…Si dentro de cada uno de nosotros hay esta disposición interior, entonces vamos a contribuir a la “paz grande”: la “heiwa”, del 和, que expresa la boca de un hombre, que por tener dentro de sí la paz interior, es capaz de hacerse escuchar en el mundo a su alrededor y crear así un círculo mayor de PAZ. Me parece precioso y muy exacto. Hoy todos desean la paz en un mundo tan dividido por guerras, odios y terrorismos. Pero se debe a que no hay dentro de nosotros “la fuente generosa”, somos “sacos” egoístas”, porque si la hubiera esa fuente, entonces poco a poco iremos haciendo un mundo más pacífico, como un río de amplias aguas…Y esa es la paz que Jesús quiere que todos sus discípulos lleven a todas las casas del mundo, del “heian” al “heiwa”, dicho a lo japonés. Es la paz del Cristo crucificado, que se da como fuente de agua viva de amor a todos, esa paz de la que dice S. Pablo en la segunda lectura de este domingo:
“Dios me libre de gloriarme, si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”.

Acabo con unas coplas de Fray Arcángel de Alarcón, sobre la Bienaventuranza:

FELICES LOS PACÍFICOS

“Felices los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

Y porque aquella soberana herencia
se les debe a los hijos por derecho,
por medio de la paz que beatifica
diónos poder la divinal sapiencia
de ser hijos de Dios, si en nuestro pecho
hacen la fe y la paz nuestra alma rica.

¡Oh beatitud altísima y gloriosa,
que del polvo levanta
el alma a gloria tanta,
que sea de su Dios hija y esposa!
Es tal esta adopción y tan subida
que carece de límite y medida.

Lo que encamina a dignidad tan alta
es la paz que con Dios el alma tiene,
cuando a su voluntad va siempre unida,
y que en la paz del prójimo no falta,
y al perfecto dominio el alma viene 
desta carne mortal que no la impida.

A esta paz convida lo criado,
los cielos y elementos,
que concordes y atentos
siguen su ministerio señalado.
Y porque en el pacífico se agrada,
lo elige Dios por hijo y por morada.

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DOMINGO XV ANUAL: COMPARTIR

Este domingo nos presenta la simpática figura del “Buen Samaritano”. Su lección se puede resumir en una sola palabra: “compartir”.

En japonés, “compartir” se dice: “wakachiai” y se escribe: 分かち合い, una palabra muy interesante compuesto de dos elementos: “cortar con una espada en dos trozos”: “wakeru”: 分ける, y “poner una tapadera a lo metido dentro de una jarra”: “au”: 合う. O sea, que “compartir” es meter en una jarra con tapa lo que antes se ha partido en dos…No se dice si la jarra con tapa es mi parte o la del prójimo, pero a fin de cuentas se comparte todo lo bueno con el prójimo. Y esto es lo que hizo el “buen Samaritano”.

Ya en la primera lectura tomada del libro del Deuteronomio, se nos dice: “el mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo”. Sabemos que se trata del mandamiento doble del amor a Dios y al prójimo como a sí mismo. 

Y en la segunda lectura de una carta de S. Pablo se nos dice que “Jesucristo es el primero en todo”. Así es. Él es el modelo del “buen Samaritano”, porque tuvo compasión de todos nosotros, de toda la humanidad, y mientras que los Sacerdotes del Antiguo Testamento ofrecían sangre de animales y los Levitas interpretaban la Ley, ni unos ni otros nos consiguieron la curación de las heridas del pecado ni la salvación. Mientras que Jesús, despreciado más que un samaritano hasta la muerte de cruz, derrama sobre nuestras heridas el vino y el aceite de los Sacramentos, nos lleva a la posada de su Iglesia y nos salva de la muerte. Jesús es el modelo y primero en cumplir el mandamiento doble del “amor a Dios” con todo el corazón y fuerza, y el amor al prójimo como él mismo narra en su parábola del buen samaritano, una llamada a compartir. 

“Compartir” es que de estar “lejos” como ese sacerdote y ese levita de la parábola que pasan camino de Jericó, ven al pobre herido caído en manos de ladrones, y se apartan de él, no quieren ni tocarle para no contaminarse…de ese estar tan “lejos”, se debe pasar a estar “cerca”, al lado, como hace el samaritano, que se acerca, cura las heridas, las venda, lleva al herido hasta la posada…para que se cure. Hacerse “prójimo” es acercarse, amar afectiva y efectivamente. Con palabras y con acciones.

Einstein, el gran científico del siglo XX, dijo:
“el problema de nuestro tiempo no es la bomba atómica, sino el corazón del hombre”. Así es. Para vencer al terrorismo, a las guerras, al problema del calentamiento del globo terráqueo, para conseguir la justicia y paz que todos anhelamos, lo primero y más importante es “cambiar, mejorar, nuestro corazón de hombres y mujeres de hoy día. Ser cada vez más y mejores “samaritanos y samaritanas”. En una palabra saber “compartir”. 

Así lo dice la siguiente poesía de Ana María Primo Yufera, titulada:

COMPARTIR

Si sufres,
yo a tu lado comparto tu dolor.

Si lloras,
contigo en el silencio,
llora mi corazón.

Cuando asome la risueña alborada
y brote de tu alma
una eterna canción,
entonces…
unida a tu alegría
también cantaré yo.

Tus llantos y tus cruces
tus amargas tristezas
tus horas de alegría
junto a ti vive siempre, siempre,
mi corazón.

DOMINGO XVI   ANUAL   MARTA Y MARIA

16 ANUAL: MARTA Y MARIA
“CONTEMPLATIVOS EN LA ACCIÓN”

Este domingo nos presenta a Jesús como “huésped” en casa de las hermanas Marta y María, en la aldea de Betania. A primera vista, este episodio parece estar en contradicción con el evangelio del domingo pasado. Veíamos entonces que Jesús alaba al “buen Samaritano” que pone en “acción” su amor al prójimo, mientras que el sacerdote y el levita que se presume ponían su atención en la “oración” en el Templo pasan de largo ante el pobre herido en la cuneta del camino. Y ahora ¿acaso no vemos a Jesús que parece reñir a Marta en su “acción” de prepararle una comida, mientras que alaba a María, que a sus pies “contempla”, sin hacer nada?

Pero por otro lado, vemos que Jesús se deshacía en “acción” a favor de todos, instruyéndoles, curándoles, siempre “el hombre para y con los demás”, mas antes y luego de esa “acción” se retiraba a hacer “oración”, a “contemplar” al Dios Padre, a pedirle su ayuda, a consultarle, a alabarle y darle gracias.

Así pues, “acción” y “oración” no están reñidas, sino que deben ir juntas. Esa es la enseñanza y ejemplo de Jesús en este domingo para todos nosotros. La acción generosa, desinteresada, verdadera nace del contacto con Dios, con Jesús. Al servirle a él, al Rey, captaremos mucho mejor cómo debe ser nuestro servicio al Reino, es decir las obras que debemos hacer y cómo debemos hacerlas. Esa actitud de María a los pies de Jesús, nos invita a escucharle a él como hacía ella, convertirnos así en mejores discípulos suyos, tanto los hombres como las mujeres, ya que Jesús acepta el tener discípulas femeninas, cosa inconcebible entre los Rabinos o maestros de su época. Y de esa actitud contemplativa, admirativa, nacerá en nosotros la acción creadora, imaginativa, servicial, cristiana. Ponerse en el plan del “ser” y del “escuchar” antes del “hacer”, y que no sea éste agitado, como el de Marta en la cocina. Ofrecerse a sí mismo, antes que ofrecer cosas, una comida. Me gusta esa frase de Chesterton, el famoso novelista inglés, que decía: “el mundo ciertamente no se perderá por falta de maravillas, sino por falta de admiración”. O sea por falta de adoración, de estar con Jesús antes de actuar. En una palabra, hoy se nos invita a aprender “el arte de amar”, que une amor a Jesús y amor al prójimo. Rey y Reino unidos en uno. 

Abrahám supo acoger a los tres miseriosos personajes, ángeles que representan la Trinidad de Dios, uniendo el servicio de Marta y María, comida y escucha a sus pies. Tal es el mensaje de la primera lectura. 

S. Pablo urge al amor de Cristo: “él es para vosotros la esperanza de la gloria”…Y desea que “todos lleguen a la madurez en su vida cristiana”, que hemos visto está en unir contemplaci

En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

18 DE NOVIEMBRE: DOMINGO 33 DEL TIEMPO ORDINARIO

EXHORTACIÓN A LA VIGILANCIA

“Vigilancia” en griego se dice: nepsis. Y los Anacoretas del Desierto decían en un “apotecma” o “frase ritual: “fuge” : “huye” del mundanal ruído, “tace”: “calla” u ora y medita en silencio, y “quiesce”: “descansa” en el Señor.