Documento sin ttulo

Publicaciones


Número: 64
HOMILÍAS DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C (22º a 34º)

HOMILÍAS DOMINICALES CICLO C  (22º al 34ª)

DOMINGO 22° DEL CICLO C
 
Ser humilde es ser verdaderamente aterrizado y realista
 
Aunque nos cueste reconocerlo, todos hemos sufrido las consecuencias de una enfermedad que se contrae inconscientemente durante los tiempos de bonanza, o los que llamamos "buenos tiempos". Se trata del exitismo. Nos empieza a ir bien y comenzamos a saborear los éxitos. Los demás, o nos envidian o nos admiran y, mientras tanto, a nosotros nos sube la autoestima hasta los niveles de la soberbia. Llegados a esas alturas, sentimos que  no podemos bajar ni retroceder: sólo podremos seguir subiendo y avanzando sin medir los riesgos ni las consecuencias. Tampoco podemos permitir que se nos interpongan obstáculos, aunque éstos sean legítimos. Debemos seguir, aunque sea avasallando.
 
Ya estamos enfermos de exitismo... y porque enfermos, estamos débiles... y porque débiles, no estamos preparados para la caída... y ésta viene cuando no lo esperábamos.
 
Una vez caídos, nos sobreviene una segunda enfermedad: el derrotismo. Ella se caracteriza por una visión oscura de todas las cosas. La desilusión nos invade. La amargura nos inunda. Todo pierde sentido: la vida, las amistades, el trabajo, el esfuerzo... ¿para qué? Desconfiamos de nosotros mismos, de nuestros colaboradores, de nuestros dirigentes, de todo lo que nos rodea. Así, no vale la pena seguir viviendo. En estas circunstancias, algunos se quitan la vida.
 
¿Existe algún antídoto contra estos temibles virus? Sí. El realismo. "Acuérdate que eres mortal", le decían al oído de los generales romanos victoriosos cuando eran aclamados entrando en la Urbe. "Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás" nos dice la Liturgia del Miércoles de Cenizas. "Cuanto más grande seas, más humilde debes ser", nos dice hoy el Libro del Eclesiástico. "Todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado", nos dice Jesús en el Evangelio de hoy (Lucas 14)
 
Polvo - Tierra - Humus - Humildad
 
Humildad (viene de "Humus") es reconocer que somos polvo. Humildad es tener los pies en la tierra. Humildad es realismo. Humildad es verdad.
 
No es casualidad que la Verdad Eterna se haya hecho polvo por nosotros. Quiso vincular la realidad divina con la realidad terrenal. El Verbo de Dios asume la carne mortal y así trasmite inmortalidad a nuestra humilde materia.
 
Todo lo que tenemos, es por la gracia de Dios. Si somos realistas, no tenemos nada de que orgullecernos. Todo lo hemos recibido. Sin embargo, a pesar de haber recibido tanto de Dios, nos atrevemos a pedirle otro poco más y le decimos en la oración de hoy:
 
"Infunde en nuestros corazones
el amor de tu Nombre.
Fomenta así lo que hay de bueno en nosotros
y consérvalo con tu cuidado de Padre"
 
(José Juan Vergara S.J.)

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

(los siguientes comentarios pertenecen al P. Juan Vicente Catret S.J.


Domingo 23° del ciclo C
 
"Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser mi discípulo"
 
Este domingo es exigente. Dice Jesús: “quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío”. ¿Qué significa eso? Dicho aprisa y corriendo, creo que equivale a decir que a diario debemos cumplir nuestros deberes con responsabilidad social, familiar y moral, estemos donde estemos. Unir como hace Jesús en su cruz los dos palos: el vertical de amor a Dios en nuestras relaciones con Él, y el horizontal de amor servicial al prójimo en la familia, iglesia y sociedad en donde vivimos y trabajamos.
 
  Esto no es tarea fácil, es muchas veces algo pesado cargar con esa cruz de cada día. Pero es también la “sabiduría de la verdadera felicidad”.
 
  En la primera lectura tomada del libro de la Sabiduría, se nos dice: “¿Quién comprende lo que Dios quiere? Los pensamientos del hombre son mezquinos…si Tú no le das sabiduría enviando tu Santo Espíritu desde el cielo”…
 
  En la segunda lectura, S. Pablo anima a Filemón a recibir a Onésimo, no como esclavo huido, sino “como hermano querido”. Y ello porque Filemón es “hombre cristiano”.
 
Esas dos lecturas, las veo yo relacionadas con el tema del evangelio. Y me explico acudiendo a un libro famoso del siglo 16, escrito por el “padre de los Humanistas” que fue Erasmo de Rótterdam. Se trata del “Elogio de la Locura”, dedicado al Santo Tomás Moro, mártir inglés y también humanista de aquella época. En este libro, Erasmo dice que hay dos tipos de locura: “la locura secular”: el deseo del buen vivir que se ve en todas las clases sociales de arriba abajo, buscando placer en la comida y bebida, en las diversiones, etc. para luego sufrir los resultados de una mala digestión, el remordimiento de la conciencia, etc., todo lo cual hace que se caiga en la cuenta de que ese tipo de vida es “locura”, pero aún así una y otra vez se vuelve a lo mismo. El segundo tipo de locura es “la locura de la cruz”: seguir el ejemplo de Jesús viviendo para los demás, sirviendo por amor aunque no se le agradezca. Pero ese tipo de locura, es la “sabiduría de la cruz”, de la que nos habla el evangelio de hoy. Es la sabiduría de la primera lectura de hoy, un don del Espíritu Santo que debemos pedir. Es el llevar la cruz tras Jesús, perdonando y amando, porque se es “hombre cristiano”, es decir seguidor de Jesús, como recomienda S. Pablo a Filemón, en la segunda lectura de hoy.

En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

18 DE NOVIEMBRE: DOMINGO 33 DEL TIEMPO ORDINARIO

EXHORTACIÓN A LA VIGILANCIA

“Vigilancia” en griego se dice: nepsis. Y los Anacoretas del Desierto decían en un “apotecma” o “frase ritual: “fuge” : “huye” del mundanal ruído, “tace”: “calla” u ora y medita en silencio, y “quiesce”: “descansa” en el Señor.