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Homilías

23 DE JULIO: DOMINGO 16 DEL TIEMPO ORDINARIO

DIOS TIENE PACIENCIA ¿Y NOSOTROS?

Este domingo, en el Evangelio sobre todo, se nos habla en parábolas de la paciencia de Dios con nosotros. Y nos deja la pregunta de si nosotros tenemos también paciencia con nosotros mismos y con el prójimo...

23 DE JULIO: DOMINGO 16 DEL TIEMPO ORDINARIO

DIOS TIENE PACIENCIA ¿Y NOSOTROS?

 

  Este domingo, en el Evangelio sobre todo, se nos habla en parábolas de la paciencia de Dios con nosotros. Y nos deja la pregunta de si nosotros tenemos también paciencia con nosotros mismos y con el prójimo...

  En la primera lectura, del libro de la Sabiduría, leemos: “Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación”...

  En la segunda lectura, de la carta de S. Pablo a los Romanos, el apóstol nos dice: “El que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu y que su intercesión por los santos es según Dios”...

  Y en el Evangelio, la primera parábola es la de la cizaña: “Mientras la gente dormía, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó”.

  Jesús es a la vez el sembrador y la semilla de trigo. Lo hace desde dentro de nosotros. Y nos da tiempo para crecer, para cambiar la cizaña por buen trigo hasta el tiempo de la siega. Por lo tanto, primero “ser pacientes con nosotros mismos”. El Señor nos da generosamente la posibilidad del “arrepentimiento”, de crecer, de tener paz con nosotros mismos, sin exasperarnos. Creamos en ese Dios que nos hace esperar en la vida. Los frutos llegarán...

  Y tener paciencia con el prójimo, con todos los demás. Paciencia con el criticón, con el pesado al que no podemos soportar, con el que no piensa como nosotros mismos. No los juzguemos. Si Dios necesita tiempo, mucho más nosotros.

  Es por eso que el Evangelio nos presenta también otras parábolas con el mismo sentido: la parábola del “grano de mostaza” que crece sola. La parábola de “la levadura”, que fermenta la masa.

  San Máximo de Turín, en una homilía sobre “la levadura del mundo entero”, dice:

 “En el evangelio leemos: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, quedará solo; si muere dará mucho fruto. El Señor Jesús es el grano de trigo, pero también es levadura. Viniendo al mundo como hombre, el Señor Jesús ha dado a todos los hombres la posibilidad de llegar a ser lo que él mismo es. Todo aquel que se incorpora a la levadura de Cristo se convierte en levadura, útil para sí mismo y para todos los demás. Se salvará y salvará a muchos.

  Antes de ser introducida en una medida de harina, la levadura se bate, se desmenuza, se disuelve. Entonces es cuando se asemeja a los innumerables granos de trigo molidos que constituyen la harina. Unifica en un cuerpo sólido una sustancia que, de suyo era tan inconsistente como el mismo polvo. La levadura, en fin, convierte en una pasta útil lo que parecía ser pura dispersión vana. Así, nuestro Señor Jesucristo, levadura del mundo entero, fue quebrantado por muchos sufrimientos, lacerado y destruido, y su sustancia, su preciosa sangre, fue derramada por nosotros para dar consistencia a todo el género humano disperso. A nosotros, que éramos como la harina de pueblos diversos, nos ha reunido del mismo modo que la levadura convierte la harina en masa compacta. Nosotros yacíamos, miserables, por toda la tierra, dispersos y quebrantados; ahora quedamos unidos en el cuerpo de Cristo, gracias al poder de su pasión”.

  Termino con la poesía del poeta navarro Florentino Ulibarri (1938-2008) titulada:            

 

COMO UN GRANO DE MOSTAZA

 

  A veces, Señor, cuando dudo,

cuando no siento nada

y me percibo escéptico,

todavía sé pararme

y coger un grano de mostaza

en el cuenco de mi mano,

y mirarlo y mirarlo,

acordándome de tus palabras.

 

  Y a veces, cuando todo va bien,

cuando la vida me sonríe,

cuando no tengo problemas

para creer en Ti,

ni para creer en los hombres y mujeres,

ni para creer en mí...

también me atrevo a coger un grano de mostaza

en el cuenco de mi mano,

y lo miro y lo miro

acordándome de tus palabras:

“Si tuvierais fe como un grano de mostaza...”      


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

15 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO

LA MISERICORDIA DE DIOS

Las tres lecturas de este domingo nos hablan de “la misericordia de Dios”.