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Homilías

24 de Julio DOMINGO 17 ANUAL

ORAR CON PERSEVERANCIA Y CONFIANZA

La Liturgia de la Palabra de este domingo nos habla de la oración. En la primera lectura del Génesis, Abraham intercede por Sodoma. También nosotros debemos interceder por todos: por los justos y los pecadores.

  La Liturgia de la Palabra de este domingo nos habla de la oración.

  En la primera lectura del Génesis, Abrahán intercede por Sodoma. También nosotros debemos interceder por todos: por los justos y los pecadores.

  En la segunda lectura, S. Pablo escribe a los de Colosas que “Dios os dio vida en Cristo perdonándoos los pecados”. O sea, que nos da la razón de que podemos orar con confianza, que es porque Jesús nos ha redimido a los que estábamos muertos por el pecado, y nos ha resucitado a la vida de gracia, de la filiación divina.

  Y en el Evangelio, Jesús nos enseña la oración del Padrenuestro.

  Vemos que hay en esta oración dos movimientos del corazón:

  1. La alabanza a Dios Padre; pidiendo que venga su Reino...
  2. La súplica por nuestras necesidades: el pan de cada día, el perdón porque perdonamos a los demás, el no caer en la tentación...

Y Jesús quiere que pidamos con perseverancia. Nos pone la parábola del

amigo inorportuno que visita denoche pidiendo pan. Y también quiere Jesús que oremos con confianza, porque si los padres de la tierra dan cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre eterno no nos va a dar al Espíritu Santo, con sus frutos de: amor, gozo, paz, generosidad, mansedumbre, dominio propio...

  Pero, ¿por qué muchas veces Dios no parece concedernos lo que le pedimos?

Porque sabe mejor que nosotros lo que nos conviene y necesitamos, escucha pero supera nuestros deseos. S. Agustín decía: “Dios llena los corazones, no los bolsillos”. El fin de la oración no es decirle a Dios lo que tiene que hacer, sino el conocer qué es lo que nosotros debemos hacer. Dios “nos despierta”, como aquel huesped inoportuno de la parábola. El que reza es uno que ha sido despertado. El que no reza es un dormilón.

  Santo Tomás de Aquino escribió: “Cuando la oración se dirige a un hombre, en primer lugar tiene que expresar el deseo o la necesidad del que ora. Hace falta igualmente que la petición haga inclinar el corazón del que escucha a la necesidad de quien implora su ayuda. Ahora bien, estos dos elementos no tienen sentido cuando el hombre se dirige a Dios. Al orar a Dios, no hace falta inquietarnos para manifestar nuestros deseos y necesidades, ya que Dios los conoce todos. Por eso dice el salmista: Ante ti, Señor mío, están todos mis anhelos. Y en el evangelio leemos: Ya sabe vuestro Padre lo que necesitáis... Tampoco hacen falta palabras humanas para inclinar la voluntad divina a aquello que en un principio no quisiera, ya que está dicho en el libro de los Números: Dios no miente como el hombre, ni se retracta como los humanos.

  Concluyo con la poesía del sevillano Fernando Villalón (1881-1930) titulada:

     PADRE NUESTRO

  Padre nuestro que estás en los cielos,

Creador del Mundo, Luz y verdad.

Santificado tu nombre sea

por toda una eternidad.

  Ven a nosotros cuando la Duda

llame al castillo de mi lealtad

y cuando el demonio de la Carne

me arrastre al pecado mortal.

  Hágase siempre según tu Ley,

en Cielos, Tierra, Montaña y Mar,

Amor y Odio, Belleza y Arte,

hágase siempre tu voluntad.

  Y el pan de mi alma, dámelo hoy.

¿No la perdonas si te ofendió...?

  Si me la quitas, ¿cómo me exiges

que yo no caiga en la tentación...?

 

   j.v.c. 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

15 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO

LA MISERICORDIA DE DIOS

Las tres lecturas de este domingo nos hablan de “la misericordia de Dios”.