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Homilías

17 de Julio DOMINGO 16 ANUAL

MARTA Y MARÍA

Creo que la Liturgia de la Palabra de este domingo nos llama a unir a las dos hermanas en una sola persona y eso equivale a ser “Contemplativos en la Acción”, como quería S. Ignacio de Loyola que fuesen sus hijos los jesuítas, y hoy día se ha extendido también ese ideal a muchos otros cristianos, laicos y religiosos. En la Edad Antigua, San Benito lo resumía también en el “Ora et Labora” (Ora y trabaja)

  En la primera lectura, se nos presenta a Abrahán, que se parece a Marta. Los dos muestran una hospitalidad diligente y cordial. Abrahán a la sombra de la encina de Mambré, acojiendo a los tres personajes misteriosos, a los que después de servir una buena comida preparada por su esposa Sara, se sienta a escucharles.

  Marta, que se queja de que su hermana María no le ayude en la cocina, pienso que tras la cariñosa repulsa de Jesús, se sentó también a escucharle a sus pies, o durante la comida...

  En la segunda lectura, S. Pablo les dice a los fieles de Colosas, que se alegra de sufrir por ellos, a imitación de Cristo, a través de la participación en su pasión. Pienso que era un “contemplativo en la acción apostólica”.

  Volviendo al evangelio de Lucas, parece estar diciendo que para ser como el “Buen Samaritano”, la narración anterior del mismo capítulo 10, que era el evangelio del domingo pasado, necesitamos tener un corazón como el de María. Y es que María se pone en el plano del “ser y recibir”. Mientras que Marta está en el plano del “dar y actuar”. Marta ofrece cosas y María se ofrece a sí misma. ¿Qué quiere el Señor de nosotros?

  Que aprendamos el arte de amar. Ser pasivos como María para admirarse, contemplar, agradecer y adorar al Señor; y ser activos como Marta, sirviendo al Señor ayudando al prójimo, como el Buen Samaritano. Jesús sanaba, consolaba, estaba muy activo, pero luego por la noche o de madrugada oraba y conversaba con su Padre eterno.

  Pidamos al Señor por la Iglesia, que prosiga la tarea del apóstol S. Pablo de dar a conocer a Cristo al mundo; por la sociedad, que aprecie en lo que vale la cultura cristiana acumulada durante siglos, a los religiosos-as de clausura; por los que no tienen techo, para que encuentren gentes hospitalarias que remedien su necesidad; por todos nosotros, para que acojamos a Cristo, no sólo en la comunión, sino en toda nuestra vida.

  Santa Teresa de Jesús, en su Camino de Perfección, habla de Marta y María: “Santa era santa Marta, aunque no dicen que era contemplativa; pues ¿qué más queréis que poder llegar a ser como esta bienaventurada, que mereció tener a Cristo nuestro Señor tantas veces en su casa y darle de comer y servirle a comer a su mesa? Si se estuviera como la Magdalena (confunde a María de Betania con Marúa de Magdala, creo), embebida, no hubiera quien diera de comer a este divino huésped”...

  Santa Teresa quiere que se aprecie tanto a las de carácter contemplativo como a las de carácter activo entre sus monjas, pues todas oran y trabajan.

  Quiero terminar con la bonita poesía del poeta santanderino Gerardo Diego (1896-1987) titulada:

  MARTA Y MARÍA

  Marta tenía razón

y la tenía María.

María, la mejor parte,

y la menos buena – prisa,

humillación, tempestades

de alma que duda y trajina –;

la menos buena, sí, Marta,

pero su parte tenía.

  El corazón no se parte

como la mente o la vida,

como la rueda de oficios

en el pozo o la cocina.

El corazón se da entero.

Entero lo da María.

Entero lo dará Marta,

pero en su afán distraída

tardará un poco en la entrega,

ella, la puntual, limpísima.

  Activa en la tierra Marta,

María contemplativa

en unos ojos que el cielo

nos remueven cuando miran.                     j.v.c. 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

15 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO

LA MISERICORDIA DE DIOS

Las tres lecturas de este domingo nos hablan de “la misericordia de Dios”.