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Homilías

12 de junio DOMINGO 11 ANUAL

JESÚS Y LA MUJER

El evangelio de San Lucas es el que nos presenta muy bien cómo Jesús realza la “dignidad humana de la mujer”. Aparecen muchas mujeres en este evangelio: la Virgen y Madre María de Nazaret, María de Betania, María Magdalena...que quizás es la mujer de este episodio en casa del fariseo llamado Simón. Aquí entra esta mujer con la esperanza de encontrar a alguien, ya sabe que es Jesús, que no la considere solamente objeto de placer.

  El evangelio de S. Lucas es el que nos presenta muy bien cómo Jesús realza la “dignidad humana de la mujer”. Aparecen muchas mujeres en este evangelio: la Virgen y Madre María de Nazaret, María de Betania, María Magdalena...que quizás es la mujer de este episodio en casa del fariseo llamado Simón. Aquí entra esta mujer con la esperanza de encontrar a alguien, ya sabe que es Jesús, que no la considere solamente objeto de placer.

  Simón critica en su interior el que Jesús se deje enjugar los pies con el ungüento y lágrimas de la mujer que además se los seca con sus cabellos. Jesús le cuenta la parábola de los dos deudores: uno, muchísimo más dinero, y otro, muy poco...¿Quién amará más al recaudador que perdona a los dos?: “El que más debía”, dice con sentido común el fariseo, quien no cae en la cuenta de que “el pecado” es “ausencia de amor ”, y que “el perdón es la experiencia de la plenitud del amor”. Esto es lo que sí sabe ahora la mujer pecadora, arrepentida, perdonada. “porque amó mucho”.

  También en la primera lectura, el profeta Natán dirá a David: “el Señor perdona tu pecado”...porque David lo reconoce con su Salmo 50 (51). Jesús no vino a salvar “justos” sino a “pecadores”, dijo. Y comenta Romano Guardini: “Jesús no quiere decir que excluya a los justos, sino que no los hay. Los hombres que no se consideran pecadores no existen para la redención hasta que reconozcan que son pecadores”.

  Lo que llevó a aquella mujer a los pies de Jesús, no fue tanto el arrepentimiento, sino el amor anterior al perdón. Un amor pasional, como una gran sed. La mujer estaba invadida de necesidad de pureza y perdón, y reconoce en Jesús al Salvador que quita el pecado del mundo.

  San Ambrosio, hablando sobre la penitencia, escribió preciosamente:

  “¡Ojalá, Jesús reserves también para mí el barro de tus pies, que ensuciaste mientras caminabas por mi!...Pero ¿dónde encontraré agua viva con la que pueda lavar tus pies? ¡Si no tengo agua, tengo lágrimas, por las que quisiera diluirme mientras lavo con ellas tus pies! ¿De dónde a mí, que digas de mí: Se le han perdonado sus muchos pecados porque ha amado mucho?...A todos aquellos que quieren merecer el perdón, ella les proporciona una enseñanza al besar los pies de Cristo lavándolos con lágrimas, secándolos con sus cabellos y ungiéndolos con el perfume...No obstante, si no podemos compararnos con ella, el Señor sabe cómo ayudar a los débiles; donde no hay una mujer que pueda preparar el convite, o que pueda traer el perfume, o que pueda llevar consigo una fuente de agua viva, Él mismo viene”.

  Pidamos por la Iglesia, para que siga recordando a todos sus pecados y el perdón del Señor: por la sociedad, para que al tiempo que progresa en lo material, mejore también espiritualmente; por los pecadores públicos, para que se arrepientan; por todos nosotros, para que la comunión del Cuerpo de Cristo fortalezca nuestra vida espiritual.

  Termino con un trocito de la larga poesía del poeta huescano del siglo de Oro: Bartolomé Leonardo de Argensola (1562-1631) titulada:

                        A MARÍA MAGDALENA

  ¡Oh tú, siempre dichosa pecadora,

la que fuiste por tal con grande espanto

del vulgo con el dedo señalada!

Tus lágrimas con Cristo pueden tanto,

que la menor lo enciende y enamora,

y a la culpa mayor deja anegada.

Tú quedas en apóstol transformada,

y de ignorante y mala, santa y sabia.

No es mucho que la zarza en flor se mude

y que el álamo sude

en competencia mirra con la Arabia,

y que cuando de hierba al campo priva,

la mies en abundancia se recoja.

Venid a ver de rosas y azucenas

las montañas estériles más llenas,

y un árbol seco revestido de hoja.

La planta antes inútil, Dios cultiva:

regada en su jardín con agua viva,

es fructífera ya, y sus ramas bellas

tocan continuamente en las estrellas.

  Canten otro, María, cómo fuiste

aquella que escogió la mejor parte...

                                       j.v.c. 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

15 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO

LA MISERICORDIA DE DIOS

Las tres lecturas de este domingo nos hablan de “la misericordia de Dios”.