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Homilías

5 de junio DOMINGO 10 ANUAL

LA MISERICORDIA DE JESÚS por Juan Vicente Catret S.J. (desde Tokyo)

“Misericordia” quiere decir “tomar a pecho la miseria”. Hoy, en un mundo deshumanizado, lejano e insensible, en un clima helado por la ciencia, Jesús se nos muestra cercano, atento, respetuoso, compasivo para con los que sufren, muy humano, opuesto a la dureza farisaica.

             

  “Misericordia” quiere decir “tomar a pecho la miseria”. Hoy, en un mundo deshumanizado, lejano e insensible, en un clima helado por la ciencia, Jesús se nos muestra cercano, atento, respetuoso, compasivo para con los que sufren, muy humano, opuesto a la dureza farisaica.

  Como anticipo, en la primera lectura, el profeta Elías, que implora la resurrección del niño muerto, hijo de la viuda de Sarepta, cuando el niño revive lo lleva a su madre y le dice: “Mira, tu hijo está vivo”.

  En la segunda lectura, S. Pablo les escribe a los Gálatas sobre la propia resurrección a una nueva vida: “Pero cuando aquél que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó a su gracia, se dignó revelar a su Hijo a mí, para que yo lo anunciara a los gentiles”...

  Y en el evangelio, Jesús entra en la aldea de Naín, cuando todo el pueblo salía de funeral hacia el cementerio, acompañando a una pobre viuda que iba junto al féretro de su único hijo muerto. Jesús compadecido: “se acercó al ataúd y dijo: ¡Muchacho, a tí te lo digo, levántate! El muerto se incorporó y empezó a hablar y Jesús se lo entregó a su madre”...

  La aldea de “Naín”, que significa “bonita”, ese día era “triste”, pero Jesús le devolvió la alegría. Y al mismo tiempo en su educación de sus discípulos, quería y quiere que ante todo tengamos un corazón compasivo, que sufre con los que sufren y se alegra con los que se alegran. Jesús nos muestra en este episodio su maravilloso “humanismo” y nos revela el verdadero rostro de Dios Padre que es Amor y Misericordia.

  Pidamos hoy por la Iglesia, para que sepa predicar la misericordia y la fe en la resurrección de los muertos. Por la sociedad, para que ofrezca a las generaciones jóvenes razones y esperanzas para vivir. Por la juventud, para que lejos de todo desinterés, participe en las tareas sociales y religiosas.

  S. Agustín en un sermón predicó como sigue:

  Muchacho, a ti te digo: ¡levántate!

  “Que nadie tenga duda, si es cristiano, que incluso ahora los muertos resucitan. Ciertamente, todo hombre tiene ojos para ver resucitar a los muertos como resucitó el hijo de esta viuda del que nos habla el Evangelio. Pero no todos pueden ver resucitar a los hombres que están muertos espiritualmente. Para ello hay que haber resucitado interiormente. Es una obra mayor resucitar a un hombre para vivir para siempre, que resucitar a alguien para volver a morir más tarde.

  La madre de este joven, esta viuda, se llenó de alegría al ver que su hijo resucitaba. Nuestra madre, la Iglesia, se alegra también viendo todos los días la resurrección espiritual de sus hijos. El hijo de la viuda estaba muerto en su cuerpo, pero aquellos estaban muertos en su espíritu. Hubo llanto por la muerte del primero, pero no hubo pena por la muerte invisible de los últimos, ya que no se veía esta muerte. El único que no quedaba indiferente era aquel que conocía a estos muertos. Solo Él los podía devolver a la vida. En efecto, si el Señor no hubiera venido a resucitar a los muertos, el apóstol Pablo no habría dicho: Levántate, tú que duermes, y Cristo será tu luz”.

  Termino con la poesía de la Liturgia de las Horas de la Conferencia Episcopal de México 1973 titulada:

 

  SALEN DE LA CIUDAD EN LARGA HILERA

 

  Salen de la ciudad en larga hilera

los amigos del hombre, entristecidos,

llevan al joven muerto en la litera,

su madre lo acompaña entre gemidos.

 

  Lazos de muerte a todos nos alcanzan,

las redes del abismo nos envuelven,

los pueblos enteros lentamente avanzan,

y todos los que van ya nunca vuelven.

 

  Alza tu voz, Jesús resucitado;

detente, caravana de la muerte,

mira al Señor Jesús, él ha pagado

el precio del rescate de tu suerte.

 

  Llora, Raquel, de gozo y alegría,

tus hijos vivirán eternamente.

Danos, Señor, llegar a tu gran día,

que de ansia de vivir el alma muere.

 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

15 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO

LA MISERICORDIA DE DIOS

Las tres lecturas de este domingo nos hablan de “la misericordia de Dios”.