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Homilías

29 de mayo SOLEMNIDAD DEL CUERPO DE CRISTO

DONDE HAY PAN COMPARTIDO, ALLÍ ESTÁ DIOS

En el Génesis se nos cuenta: “Melquisedec, rey de Salem, ofreció pan y vino. Era sacerdote del Dios Altísimo”... .

 S. Pablo en su segunda carta a los fieles de Corinto, escribe lo que es el relato más antiguo de la Última Cena en la que Jesús instituyó el Sacramento de la Eucaristía, más antiguo que los relatos de los evangelios. Dice: “El Señor Jesús, en la noche que iban a entregarlo, tomó un pan y pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros”... Luego, hizo lo mismo con el cáliz del vino, que es el sacramento de su sangre redentora. 

  Hoy celebramos la solemne fiesta del “Cuerpo de Cristo”, en un ambiente festivo, ya que el “Jueves Santo” estaba envuelto en el dolor de la pasión y muerte en cruz de Jesús. En muchas ciudades y pueblos hay procesiones con personajes bíblicos, lo recuerdo de los tiempos de mi infancia, y al final sale la custodia, rodeada de sacerdotes, incienso, veneración y adoración.

  Pero si meditamos el evangelio nos damos cuenta de la verdad del título de esta homilía: “donde hay pan compartido, allí está Dios”.

  Porque el evangelio es el de la multiplicación de los panes, leemos: “Jesús, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente”...

  La Eucaristía nos pide compartir, “comulgar unos con otros”. No es sólo silencio de adoración, sino aceptar una responsabilidad para con los prójimos. Ese es el amor de Jesucristo. Cuando termina la Misa, comienza la vida, el trabajo por el reino, el acoger al peregrino, a los refugiados...Pidamos por la Iglesia, para que cumpla el deseo de Jesús de celebrar la Eucaristía hasta que Él vuelva. Pidamos por la sociedad, para que ponga por encima de todas sus leyes y normas la fraternidad entre todos los hombres, Pidamos por los cristianos, para que demostremos nuestro amor a la Eucaristía repartiendo mejor el pan material y que la comunión del Cuerpo de Cristo nos guarde para la vida eterna. 

  Santo Tomás de Aquino (1225-1274) tiene una preciosa oración que titula:

  “El verdadero pan de los hijos de Dios”:

  “Dios todopoderoso y eterno, heme aquí, acercándome al sacramento de vuestro Hijo único, nuestro Señor Jesucristo. Enfermo como estoy, vengo al médico de quien depende mi vida; sucio, a la fuente de la misericordia; ciego, al hogar de la luz eterna; pobre y desprovisto de todo, al dueño del cielo y de la tierra. Imploro, pues, tu misericordia, tu inagotable generosidad, a fin de que te dignes curar mis enfermdades, lavar mis suciedades, iluminar mi ceguera, cubrir mi desnudez; y que así pueda yo recibir el Pan de los ángeles, al Rey de reyes, al Señor de los señores con toda reverencia y humildad, con toda contrición y devoción, con toda la pureza de mi fe, con toda la firmeza de mis propósitos y la rectitud de intención que requiere la salvación de mi alma. 

  Dame, te lo ruego, no recibir simplemente el sacramento de tu Cuerpo y de tu Sangre, sino toda la fuerza y eficacia del sacramento. Oh Dios lleno de dulzura, concédeme recibir de tal modo el Cuerpo de tu Hijo único, nuestro Señor Jesucristo, este cuerpo material que Él recibió de la Virgen María, que merezca ser incorporado a su Cuerpo místico y contado entre sus miembros. Padre lleno de amor, concédeme que a este Hijo muy amado que me preparo a recibir, ahora bajo el velo que conviene a mi estado de peregrino, pueda un día contemplarlo a cara descubierta y por la eternidad, a Él que, siendo Dios, vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén”. 

  Termino con el soneto del poeta leonés Luis López Anglada (1919-2006):


  EUCARISTÍA


  ¡Bien me conoces! ¡Por el pan me encuentras!
Te finges pan, me engañas con harina;
sabes que al fin mi corazón termina
por ir al pan y al alma te me adentras.


  Sabes que me es preciso y en él centras
tu espera inmóvil, tu quietud divina.
Te vales de que el hambre me domina
y te haces pan para engañarme mientras.


  ¡Oh engañosa quietud! ¡Oh fingimiento!
¿Es que te das, Señor, por alimento
o es que mi amor te sirve de comida?


  De nada soy, de tierra es mi figura.
Tú eres de eternidad, Tú de blancura;
Pan por pan, Pan te quiero, Pan de vida.       

 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

15 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO

LA MISERICORDIA DE DIOS

Las tres lecturas de este domingo nos hablan de “la misericordia de Dios”.