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Homilías

8 DE MAYO: ASCENSIÓN DEL SEÑOR

DEL TIEMPO DE JESÚS AL TIEMPO DE LA IGLESIA

Este domingo celebramos la “Ascensión de Jesucristo Resucitado al Cielo”. Se va y se queda. Pasamos del “tiempo de Jesús en la tierra” de un modo corporal encarnado, al “tiempo de la Iglesia”, en el que Jesús se queda con nosotros de un modo espiritual, por medio del Espíritu Santo derramado en nuestros corazones, pues Jesús lo prometió: “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”. Y también nos dijo: “Os enviaré al Paráclito: Espíritu Consolador y Abogado, quien os recordará y enseñará sobre todo lo mío.

Me llama la atención que Lucas, tanto en su Evangelio como en los Hechos de los Apóstoles, que también escribió él, dedica sus libros a un tal “Teófilo”. 

Este “Teófilo” es una persona simbólica, creo, pues significa “Amante de Dios”. Después de todas las apariciones de Jesucristo Resucitado a los apóstoles y discípulos: a su Madre María, a la Magdalena, a los dos de Emaús, a Pedro, a los 11 Apóstoles con Tomás incluído la segunda vez, a Pablo – como él mismo dice –; ahora, Lucas se dirige a Teófilo”, es decir a todos los cristianos que “aman a Dios” para reconfortar nuestra fe, esperanza y amor a Jesucristo, narrando el evangelio de la “Ascensión”. 

  Jesucristo recibe su premio, su glorificación. Es el “Punto Omega” – como diría Teilhard de Chardin parafraseando al Apocalípsis (capítulo 1), el “Centro Cósmico”, que atrae a todas las criaturas hacia Sí. Y nosotros, mirando arriba, o sea con sus valores celestes que nos ha legado: alabanza, reverencia, servicio de amor, adoración; miramos también hacia delante: a la misión que Él ha dejado a su Iglesia, a todos nosotros de ser como “escaleras y puentes” a la vez; “escaleras” para subir con oración hacia Él, y “puentes” saliendo hacia nuestros prójimos, llevando el mensaje del evangelio del Señor, trabajando en equipo, unidos en fraternidad. Jesús está como diciéndonos: “Ahora os toca a vosotros”, por medio de la acción del Espíritu Santo y el esfuerzo misionero en el país donde estemos, pues “todo país es tierra de misión”, de testimonio evangélico. Me gusta esa expresión del poeta mejicano León Felipe (1884-1968): “Aquí vino y se fue...Vino, nos marcó una tarea y se fue. Tal vez detrás de aquella nube hay alguien que trabaja, lo mismo que nosotros, y tal vez las estrellas no son más que ventanas encendidas de una fábrica, donde Dios tiene que repartir una labor también”. 

  Y S. Agustín también comenta:

  “Nuestro Señor Jesucristo ascendió al cielo tal día como hoy; que nuestro corazón ascienda también con Él. Así como Él ascendió sin alejarse de nosotros, nosotros estamos ya allí con Él aun cuando no se haya realizado todavía en nuestro cuerpo lo que se nos ha prometido. Él ha sido ya exaltado en los cielos, pero sigue padeciendo en la tierra todos los trabajos que nosotros, sus miembros, experimentamos...Mientras Él está allí, permanece con nosotros; y nosotros, mientras estamos aquí, podemos vivir ya con Él allí. Él está con nosotros por su divinidad, su poder y su amor; nosotros, en cambio, aunque no podamos llevarlo a cabo como Él por la divinidad, sí podemos por el amor a Él”...

  Carlos Bousoño (1923-2015), poeta asturiano, canta su poesía:

  LA TARDE DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

  “Eras la luz sobre la tarde,

última tarde triste y plena.

Yo lo recuerdo. Tú descendías.

Era la luz triste y serena.

  Subías dulce y amoroso

como un envío de la tarde buena,

y a la luz serenabas, como un monte

la tarde puede serenar inmensa.

  El mundo todo era un murmullo;

suave dolor, gemido era. 

Ibas entre los aires delicado

bajo la primavera.

  Yo lo recuerdo. Una voz dijo:

“Fue como luz sobre la tierra”.

Luego el silencio invadió el aire

ensombrecido de tristeza. 

  Desde la tierra un niño contemplaba

apagándose arriba tu presencia.

Luego miró el crepúsculo, los campos.

Pasaba un ave. Tarde lenta”. 

(un poco triste, pero bonita poesía, que me recuerda la de Fray Luis de León:

“Y dejas, Pastor santo”...) pero nosotros sabemos, creemos que Jesús se ha quedado con nosotros)...                       j.v.c. 

 


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DOMINGO 27 DE SEPTIEMBRE 2020

EL TERCER HIJO

Este domingo nos presenta la historia de Jesús de un hombre que tenía dos hijos y les mandó a trabajar a su viña. El primero dijo que no quería ir, pero luego se arrepintió y sí fue. El segundo dijo que iría, pero luego no fue. O sea que el primero va de un “no” a un “sí” y el segundo va de un “sí” a un “no”.