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Homilías

24 de Abril: DOMINGO QUINTO DE PASCUA

EL MANDAMIENTO DEL AMOR

Creemos que San Juan evangelista es el autor del cuarto evangelio, el más simbólico y teologal. El testimonio más antiguo de esto es el de San Ireneo de Lyon en el año 180. También se atribuyen a Juan tres Cartas y el Apocalipsis, según una antigua tradición.

  Creemos que San Juan evangelista es el autor del cuarto evangelio, el más simbólico y teologal. El testimonio más antiguo de esto es el de San Ireneo de Lyon en el año 180. También se atribuyen a Juan tres Cartas y el Apocalipsis, según una antigua tradición.

  Y este evangelio del “discípulo amado” insiste mucho en el amor (agape) . La nueva Ley de Jesús es él mismo, que no pide nada para él ni para Dios Padre, sino solamente para nosotros los hombres: que nos amemos con un amor universal. Un amor que se manifiesta en el servicio a las personas humanas, de cualquier raza, clase social, nacionalidad que sea. Un amor que respeta a todos, que promueve la dignidad humana, un amor visible pues da testimonio con obras de misericordia, como da ejemplo y nos pide ahora el Papa Francisco.

  El amor es un principio creativo de valores. Del amor nacen la misericordia, la comprensión, el perdón, el dar una nueva oportunidad a todos para empezar de nuevo, la dulzura, la alegría, qué sé yo: todo lo bueno.

  Ese amor predicaban Pablo y Bernabé en Antioquía y otras ciudades, como nos cuenta la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles.

  Ese amor será definitivo y permanente en el cielo, en la vida eterna, como nos da testimonio la segunda lectura del Apocalipsis:

  “Yo Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva...Y escuché una voz potente que decía desde el trono: Esta es la morada de Dios con los hombres: acamparé entre ellos. Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. Y el que estaba sentado en el trono dijo: “Ahora hago el universo nuevo”.

Annalena Tonelli (1943-2003), una misionera católica italiana que trabajaba en Somalia a favor de los refugiados, en un Congreso en el Vaticano convocado por el Consejo Pontificio para la Salud en 2001, dijo:

  “Mi vida me ha enseñado que mi fe sin amor es inútil, que mi religión no tiene muchos mandamientos, sino solo uno que no sirve para construir catedrales o mezquitas, ni ceremonias ni peregrinaciones...que esa eucaristía que escandaliza a los ateos y a otras confesiones encierra un mensaje revolucionario: “Esto es mi cuerpo hecho pan para que tú te hagas pan en la mesa de los hombres, porque si tú no te haces pan, no comes un pan que te salva, sino que comes tu condena”.

  La Eucaristía nos dice que nuestra religión es inútil sin el sacramento de la misericordia, que es en la misericordia donde el cielo encuentra la tierra. Si no amo, Dios muere en la tierra; que Dios sea Dios soy yo su causa (dice Silesio); si no amo, Dios permanece sin epifanía, porque somos nosotros el signo visible de su presencia y lo hacemos vivo en este infierno de mundo donde parece que Él no está, y lo hacemos vivo cada vez que nos detenemos ante un hombre herido. Al final, yo soy verdaderamente capaz solo de lavar los pies en todos los sentidos a los abandonados y a los que nadie ama, a los que misteriosamente no tienen nada de atrayente en ningún sentido a los ojos de nadie”.

  Impresionate testimonio de esta mujer. Y quiero terminar con un soneto del Obispo Pedro Casaldáliga, un catalán nacido en 1928 y que sigue como obispo en Brasil desde 1971, siempre a favor de los más débiles y se titula:

 

  ÁMAME MÁS, SEÑOR, PARA QUERERTE:

Ámame más, Señor, para quererte,

Búscame más, para mejor hallarte.

Desasosiégame, por retenerte.

  Pódame más, para más florecerte.

Desnúdame, para no disfrazarte.

Enséñame a acoger, para esperarte.

Mírame en todos, para en todos verte.

  ¡Por los que no han sabido sospecharte,

por los que tienen miedo de encontrarte,

por los que piensan que ya te han perdido,

  por todos los que esperas en la muerte,

quiero cantarte, amor, agradecido,

porque siempre acabamos por vencerte!

 

  j.v.c. 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

15 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO

LA MISERICORDIA DE DIOS

Las tres lecturas de este domingo nos hablan de “la misericordia de Dios”.