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Homilías

10 DE ABRIL: DOMINGO TERCERO DE PASCUA

¿ME AMAS?

¿ME AMAS? Esta pregunta que Jesús le hace a Pedro a orillas del mar o lago de Galilea, nos la hace ahora también a nosotros el Señor resucitado. La historia de Pedro es la misma que la nuestra. Una historia de promesas de fe y amor comparándose con los demás, una historia de negaciones y fracasos, pero sintiendo al mismo tiempo que Jesús nos ama y perdona, nos anima a empezar siempre de nuevo, a crecer en el amor.

¿ME AMAS?

  Esta pregunta que Jesús le hace a Pedro a orillas del mar o lago de Galilea, nos la hace ahora también a nosotros el Señor resucitado. La historia de Pedro es la misma que la nuestra. Una historia de promesas de fe y amor comparándose con los demás, una historia de negaciones y fracasos, pero sintiendo al mismo tiempo que Jesús nos ama y perdona, nos anima a empezar siempre de nuevo, a crecer en el amor.

 Esta pregunta está escrita en ese precioso capítulo 21 del evangelio de S. Juan, añadido por lo visto después, como una meditación de la “Iglesia que Jesús desea”. Esta narración está dividida en 4 partes.

1ª. Noche oscura de pesca infructuosa. Cuando Pedro y sus compañeros se apoyan en su autosufieciencia. ¿Resultado? No pescan nada.

2ª. Pesca milagrosa. Cuando se apoyan en la Palabra de Jesús qu les manda echar la red a la derecha del mar y pescan 153 peces. Lo mismo quiere Jesús de nosotros. Que demos testimonio, apoyándonos en la Palabra de sus evangelios.

3ª. El desayuno matutino: pan para el cuerpo y pan eucarístico para el alma. Una comunidad centrada en la Eucaristía.

4ª. Pedro como la piedra de la Iglesia. Seguirle, seguir al Papa, al que se le hace esa pregunta: “¿Me amas?”...Entonces, pastorea a mis ovejas y corderos, adultos y niños. Pregunta también para todos nosotros los cristianos.

  El Papa San Juan Pablo II lo expuso muy bien en una de sus Homilías (30-6-1980): “Pedro no quiere jamás desprenderse de esa pregunta: “¿Me amas?” Dondequiera que iba la llevaba consigo. Y la lleva a través de los siglos, a través de las generaciones. En medio de pueblos nuevos y nuevas naciones. En medio de lenguas y razas siempre nuevas. Él la lleva solo, y sin embargo no está nunca solo; otros la llevan con Él. Ha habido y hay muchos hombres y mujeres que han sabido y saben aún hoy que toda su vida tiene valor y sentido solamente en la medida en que es una respuesta a esta misma pregunta: “¿Me amas?” Ellos han dado y dan su respuesta de manera total y perfecta – una respuesta heroica – o bien de manera común, ordinaria. Pero en todo caso saben que su vida, que la vida humana en general tiene valor y sentido en la medida en que es la respuesta a esta pregunta: “¿Me amas? ” Solo por esta pregunta la vida merece ser vivida”.

  Repitamos tal profesión de fe en el amor a Jesús, con esas palabras de la segunda lectura tomada del Apocalipsis: “Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos”.

Quiero concluir con una poesía del padre José Luis Martín Descalzo (1930-1991) titulada:

  ECHA LAS REDES

  Desde que Tú te fuiste

no hemos pescado nada.

Llevamos veinte siglos echando inútilmente

las redes de la vida,

y entre sus mallas sólo pescamos el vacío.

  Vamos quemando horas y el alma sigue seca.

Nos hemos vuelto estériles

lo mismo que una tierra cubierta de cemento.

¿Estaremos ya muertos? ¿Desde hace cuántos años

no nos hemos reído? ¿Quién recuerda

la última vez que amamos?

  Y una tarde Tú vuelves y nos dices:

“Echa tu red a tu derecha,

atrévete de nuevo a confiar, abre tu alma,

saca del viejo cofre las nuevas ilusiones,

dale cuerda al corazón, levántate y camina”.

  Y lo hacems sólo por darte gusto.

Y, de repente, nuestras redes rebosan alegría,

nos resucita el gozo,

y es tanto el peso de amor que recogemos

que la red se nos rompe cargada

de ciento cincuenta nuevas esperanzas.

  ¡Ah, Tú, fecundador de almas:

llégate a nuestra orilla,

camina sobre el agua de nuestra indiferencia,

devúelvenos, Señor, a tu alegría!

 

  j.v.c.


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

15 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO

LA MISERICORDIA DE DIOS

Las tres lecturas de este domingo nos hablan de “la misericordia de Dios”.