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Homilías

13 de marzo: DOMINGO QUINTO DE CUARESMA

“LO QUE SALVA ES LA MIRADA”

Esta frase: “lo que salva es la mirada” es de Simone Weil, aquella mística francesa que sentía tanto el sufrimiento de los más pobres. Y nos viene muy a propósito en este quinto domingo de Cuaresma, pensando en la mirada de Jesús a la mujer adúltera. Cuando todos los que la acusaban de pecadora pública y llevaban piedras en sus manos para lapidarla, mirándola con desprecio y odio, Jesús la mira con compasión, la perdona, la rescata y la hace nueva.

              “LO QUE SALVA ES LA MIRADA”   por Juan Vicente Catret S.J.

 

  Esta frase: “lo que salva es la mirada” es de Simone Weil, aquella mística francesa que sentía tanto el sufrimiento de los más pobres. Y nos viene muy a propósito en este quinto domingo de Cuaresma, pensando en la mirada de Jesús a la mujer adúltera. Cuando todos los que la acusaban de pecadora pública y llevaban piedras en sus manos para lapidarla, mirándola con desprecio y odio, Jesús la mira con compasión, la perdona, la rescata y la hace nueva.

  Vienen a propósito esas frases de la primera lectura del profeta Isaías: “No recordéis el pasado, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo...para apagar la sed de mi pueblo”...Sí, Jesús hizo nueva a la mujer pecadora y también nos quiere hacer nuevos a nosotros durante esta Cuaresma de penitencia, perdonando nuestros pecados y encaminándonos hacia la Resurrección.

  Por eso el Salmo reponsorial entona: “El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres”...

  Y S. Pablo, agradecido a Jesucristo Redentor escribe: “Todo lo estimo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía...sino con la que viene de la fe de Cristo”...

  El amor se muestra antes que nada en la mirada. La mirada de Jesús es creadora, limpia a la persona que está sucia, la llama a la santidad...

  Y nosotros queremos ahora purificar nuestra mirada, gracias a la misericordia y amor de Jesús. Que sea una mirada no posesiva ni sensual, no hostil ni agresiva, sino de joven sorpresa y agradecimiento, de atenta generosidad hacia nuestra familia y prójimos, plena de respeto y liberación.

  Jesús, cuando estaba escribiendo con un dedo en el suelo, quizás los pecados de los acusadores que los leerían avergonzados, o quizás en realidad lo único que hacía era “crear una pausa” para que los acusadores con piedras se serenasen un poco antes de apedrear a la mujer que ya habían juzgado y condenado. Jesús siempre nos da también a nosotros “pausas” para examinarnos, sobre nuestra conciencia y mirada...

  S. Agustín, predicando, dijo:

  “Los fariseos, para tentarlo, le llevaron una mujer sorprendida en adulterio...Jesús dijo: Queréis apedrear a esta mujer, según lo prescrito por la ley. Pues bien, aquel de entre vosotros que esté sin pecado, que tire la primera piedra. Mientras se cuestionaban, Él escribió sobre la tierra, para “enseñar a la tierra”; pero cuando les dio esta respuesta, levantó los ojos, miró a la tierra y esta se estremeció. Los fariseos, confundidos y temblorosos, se fueron uno tras otro...

  Le pecadora se queda a solas con el Salvador: la enferma con el médico, la gran miseria con la gran misericordia. Mirando a esta mujer, Jesús le dijo: “¿Nadie te ha condenado?”. “Nadie, Señor”...Pero ella permaneció delante del juez que está libre de pecado. “¿Nadie te ha condenado?”. “Nadie, Señor, y si tú mismo no me condenas, estoy salvada”. En silencio, el Señor responde a esta inquietud: “Yo tampoco te condeno...La voz de sus conciencias les impedía a los acusadores castigarte, la misericordia me empuja a venir en tu ayuda”.

Reflexionad sobre estas verdades e “instruiros jueces de la tierra”, acaba diciendo S. Agustín.

Concluyo con el soneto de Alonso de Bonilla (1570-1642) titulado:

 

AL ESCRIBIR CRISTO EN LA ARENA

  Dos veces escribió la eterna ciencia

varios delitos con visible mano,

una en pared, a Baltasar profano,

sentenciando del crimen la insolencia;

  otra en arena, ved qué diferencia,

que como Dios divino ya era humano,

dando al rigor antiguo ya de mano,

escribe culpas, pero no sentencia.

  Allá escribió en la cal, porque durase

contra el duro hostigo, el agua, el viento,

la perpetua señal de sus enojos.

  Acá en la arena, porque se borrase

con cualquier soplo de arrepentimiento

o lluvia escasa de contritos ojos.

 j.v.c.


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1 DE MARZO: PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

LAVARSE LA CARA CON ARENA, desde Tokyo por el padre Juan Vicente Catret S.J.

Titulo esta homilía con esa frase: “lavarse la cara con arena”. Es lo que hacen los beduinos del desierto. Se frotan la cara con arena a falta de agua y les va muy bien. Así debemos hacer nosotros.