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Homilías

21 DE FEBRERO: DOMINGO SEGUNDO DE CUARESMA

LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS Y LA NUESTRA por Juan Vicente Catret S.J.

Jesús dijo: “Yo soy la Luz del mundo” y en otra ocasión dijo a sus discípulos: “Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo”. Tenemos, pues, que acercarnos a Jesús para que nos ilumine, nos transforme con la luz-energía-gracia de su Transfiguración, de modo que cumplamos nuestra misión de ser luz para los demás. Eso equivale a llevar esperanza, alegría, motivos de vivir en esta época con tantos problemas, como los hubo en todos los tiempos de la historia humana...

  Hoy, las tres lecturas de la Palabra de Dios nos hablan de tres Revelaciones:

  1ª. La Revelación a Abraham: “Mira el cielo, cuenta las estrellas si puedes...Así será tu descendencia”. Dios invita a creer y confiar en su amor.

  2ª. Revelación del misterio pascual de Jesús: “el Señor Jesucristo transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo”. Lo escribe S. Pablo a los Filipenses. Jesús en su Transfiguración quiere avisar de que después de la pasión con su sufrimiento y cruz, viene la gloria de la Resurrección: el misterio pascual en su totalidad.

  3ª. Revelación del misterio del hombre: “Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle”, nos dice la voz de Dios Padre. Y escuchando a Jesús, siguiéndole, comprendemos que después de nuestra peregrinación terrena frágil y penosa, con cruces y dolores, seremos glorificados en alma y cuerpo resucitados. 

  Por lo tanto, en nuestra vida no debe haber espacio para el miedo, Jesús nos guía. ¿Vivimos en la esperanza de la resurrección?  Hoy se nos llama a la reverencia y acatamiento, a la adoración de Jesús transfigurado; y también a levantar la mirada esperanzada para que nos ilumine y seamos capaces de llevar esa luz y sal gustosa a todos nuestros prójimos, como hace el Papa Francisco en México y en todos los países que visita.

  Vivir cada día en alabanza, acción de gracias, pureza y transparencia, gozo, amor a Dios y al prójimo. No dar saltitos de ranita verde en medio del fango de lo material, sino saltar en vuelo de águila hacia lo espiritual y eterno. 

  Me gusta el siguiente párrafo de una homilía sobre la Transfiguración del padre de la Iglesia Griega Teófanes de Ceramea (PG 132, 1021s.):

  Jesucristo ha consolidado a sus discípulos a través de esta admirable visión de la Transfiguración. Así, cuando lo vean traicionado, agonizando, orando para que pase de Él el cáliz de la muerte y llevado al patio del sumo sacerdote, se acordarán de la subida al Tabor y comprenderán que es Él mismo quien se ha entregado a la muerte. Cuando vean los golpes y salivazos en su rostro no se escandalizarán, sino que se acordarán de su resplandor más brillante que el sol. Cuando lo vean burlado, vestido con el manto de púrpura, se acordarán de que a este mismo Jesús lo habían visto en el monte vestido de luz. Cuando lo vean sobre el potro del suplicio, entre dos malhechores, sabrán que se manifestó entre Moisés y Elías como su Señor. Cuando lo vean sepultado en tierra como un muerto, pensarán en la nube luminosa que lo cubrió. 

  El Salvador muestra a sus discípulos de qué gloria van a ser dignos si imitan su Pasión. En efecto, la Transfiguración no es otra cosa que la manifestación adelantada del último día, en que los justos brillarán como el sol en la presencia de Dios”. 

  Y esto va también para todos nosotros hoy día. Estamos en Cuaresma, tiempo de conversión, penitencia, acompañar fielmente a Jesús en su Pasión hasta la Cruz y luego vendrá la Pascua de Resurrección.

  Concluyo con el soneto de Emma-Margarita Valdés:

  LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

  Se acaba el tiempo, llega la Pasión,
el humano clamor, la noche oscura,
se plegarán las alas de la Altura
y se impondrá la gran tribulación.

  Jesús sabe la débil condición
de sus fieles apóstoles, procura
fortalecer su fe con la ventura
de prever la final Resurrección.

  Con Juan, Santiago y Pedro, que estarán
en la agonía de Getsemaní, 
sube al monte Tabor, ascenso místico.

  Alcanzará la cima el nuevo Adán,
mostrará que es divino, es el Rabí
que dará vida en pábulo eucarístico. 


En breve

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1 DE MARZO: PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

LAVARSE LA CARA CON ARENA, desde Tokyo por el padre Juan Vicente Catret S.J.

Titulo esta homilía con esa frase: “lavarse la cara con arena”. Es lo que hacen los beduinos del desierto. Se frotan la cara con arena a falta de agua y les va muy bien. Así debemos hacer nosotros.