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Homilías

17 DE ENERO: DOMINGO SEGUNDO ANUAL

NO TIENEN VINO, desde Tokyo por Juan Vicente Catret S.J.

Desde el milagro de las “Bodas de Caná”, el primer signo de Jesús, ya no estamos en el orden de la vieja Ley, de las purificaciones externas, sino que hemos entrado en el ámbito del amor y de la verdad. Ese vino nuevo es mucho mejor que el antiguo... Jesús no va a la boda a beber vino, sino a darlo en abundancia. El vino sobre la mesa es el símbolo clásico de la alegría. Y Jesús viene a dar ese don a todos, incluso a los que no esperan nada de él, y en Caná eran los más...¿Qué tal hoy día?... El vino es ya en la Biblia del Antiguo Testamento, según los profetas, el signo de la Nueva Alianza, de la alegría, gracia y amor que dará el Mesías Salvador. Y es por eso, creo, que la primera lectura lo insinúa por medio de unas bodas cuando Isaías escribe: “Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará Dios contigo”. Esa agua transformada en vino por Jesús, se nos convierte en una oración: “¡Señor, que no seamos agua insípida para tí y para todos nuestros prójimos, familia, amistades, iglesia y sociedad, sino que seamos “vino bueno” que te alegre a tí y a todos con nuestra alegría, servicio, amistad, amor!”... ¿Qué es ser “vino generoso que alegre a todo el mundo? San Pablo, en la segunda lectura de hoy, lo insinúa: “Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios pero un mismo Señor...Uno recibe el don de hablar con sabiduría; otro con inteligencia... fe, don de curar, etcétera”... pero todos están pletóricos de ese “vino de alegría” que el Señor concede por medio del espíritu Santo, todos cumpliendo con los dones recibidos, son “testigos de la alegría del evangelio”, nos dirá el Papa Francisco. Me gusta que María, la Virgen y madre, “caiga en la cuenta” de que falta el vino...Y gracias a su insistente oración, Jesús adelanta su hora y otorga el vino de su amor... El antiguo Padre de la Iglesia que fue San Romano el Cantor lo expresa bellamente como sigue: “Cuando Cristo participaba en la boda... les faltó el vino y la alegría se cambió en tristeza. María, la toda pura, dándose cuenta fue enseguida y dijo al Hijo: ‘No tienen vino; sin embargo te pido, Hijo, que demuestres que lo puedes todo, tú que has hecho todo con sabiduría’. Virgen venerable, ¿qué milagros conociste realizados por Él para que tu Hijo pueda otorgar el vino cuando de ninguna manera había hecho milagros antes?...’Después de la concepción yo misma oí que Isabel me llamaba Madre de Dios antes del parto; Simeón me cantó después del parto y Ana me elogió. Los Magos acudieron desde Persia hasta el pesebre porque una estrella les había anunciado previamente el nacimiento. Los pastores junto con los ángeles pregonaron la alegría y la creación se alegró con ellos. ¿Qué podía yo encontrar mejor que estos milagros, y así creer que mi Hijo es el que todo lo ha hecho con sabiduría’. Cuando Cristo convirtió manifiestamente el agua en vino por su poder, toda la multitud se llenó de alegría, gustando la maravilla del vino. Todos podemos hoy sentarnos a la mesa en la Iglesia, porque el vino se ha convertido en la sangre de Cristo y la bebemos en santa alegría, glorificando al gran Esposo” (Himno 52). Otra vez, pidamos a Jesús por medio de María: “¡que no seamos agua insípida sino vino de alegría!”... Termino con la poesía de Mirta Inés Lozano titulada: HACED LO QUE ÉL OS DIGA Palabras de María que danzan en el aire con música de bodas, todavía. “Haced lo que Él os diga”. El milagro ¡se abre ante la dulce orden de la Madre! Y es “nuevo vino” el amor que se prodiga en enormes tinajas repletas de canciones y alegría. j.v.c.

 
 El vino sobre la mesa es el símbolo clásico de la alegría. Y Jesús viene a dar ese don a todos, incluso a los que no esperan nada de él, y en Caná eran los más...¿Qué tal hoy día?...

  El vino es ya en la Biblia del Antiguo Testamento, según los profetas, el signo de la Nueva Alianza, de la alegría, gracia y amor que dará el Mesías Salvador. Y es por eso, creo, que la primera lectura lo insinúa por medio de unas bodas cuando Isaías escribe:

  “Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará Dios contigo”.

  Esa agua transformada en vino por Jesús, se nos convierte en una oración:

  “¡Señor, que no seamos agua insípida para tí y para todos nuestros prójimos, familia, amistades, iglesia y sociedad, sino que seamos “vino bueno” que te alegre a tí y a todos con nuestra alegría, servicio, amistad, amor!”...

  ¿Qué es ser “vino generoso que alegre a todo el mundo?
  
San Pablo, en la segunda lectura de hoy, lo insinúa: “Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios pero un mismo Señor...Uno recibe el don de hablar con sabiduría; otro con inteligencia... fe, don de curar, etcétera”... pero todos están pletóricos de ese “vino de alegría” que el Señor concede por medio del espíritu Santo, todos cumpliendo con los dones recibidos, son “testigos de la alegría del evangelio”, nos dirá el Papa Francisco.

  Me gusta que María, la Virgen y madre, “caiga en la cuenta” de que falta el vino...Y gracias a su insistente oración, Jesús adelanta su hora y otorga el vino de su amor...

  El antiguo Padre de la Iglesia que fue San Romano el Cantor lo expresa bellamente como sigue:

  “Cuando Cristo participaba en la boda... les faltó el vino y la alegría se cambió en tristeza. María, la toda pura, dándose cuenta fue enseguida y dijo al Hijo: ‘No tienen vino; sin embargo te pido, Hijo, que demuestres que lo puedes todo, tú que has hecho todo con sabiduría’. Virgen venerable, ¿qué milagros conociste realizados por Él para que tu Hijo pueda otorgar el vino cuando de ninguna manera había hecho milagros antes?...’Después de la concepción yo misma oí que Isabel me llamaba Madre de Dios antes del parto; Simeón me cantó después del parto y Ana me elogió. Los Magos acudieron desde Persia hasta el pesebre porque una estrella les había anunciado previamente el nacimiento. Los pastores junto con los ángeles pregonaron la alegría y la creación se alegró con ellos. ¿Qué podía yo encontrar mejor que estos milagros, y así creer que mi Hijo es el que todo lo ha hecho con sabiduría’.

  Cuando Cristo convirtió manifiestamente el agua en vino por su poder, toda la multitud se llenó de alegría, gustando la maravilla del vino. Todos podemos hoy sentarnos a la mesa en la Iglesia, porque el vino se ha convertido en la sangre de Cristo y la bebemos en santa alegría, glorificando al gran Esposo” (Himno 52). 

  Otra vez, pidamos a Jesús por medio de María: “¡que no seamos agua insípida sino vino de alegría!”...
  Termino con la poesía de Mirta Inés Lozano titulada:

  HACED LO QUE ÉL OS DIGA

  Palabras de María
que danzan en el aire
con música de bodas,
todavía.

“Haced lo que Él os diga”.
  El milagro ¡se abre
ante la dulce orden
de la Madre!

  Y es “nuevo vino” el amor
que se prodiga
en enormes tinajas
repletas de canciones
y alegría. 

  j.v.c. 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

15 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO

LA MISERICORDIA DE DIOS

Las tres lecturas de este domingo nos hablan de “la misericordia de Dios”.