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Homilías

¿YO… PAN?

EN LA NOCHE DE LA CENA DEL SEÑOR

Vamos a imaginar una curiosa entrevista. Vamos a entrevistar a un grano de trigo. “¿Usted se va a convertir en pan? "

 

Vamos a imaginar una curiosa entrevista. Vamos a entrevistar a un grano de trigo. “¿Usted se va a convertir en pan?  – “¡Yo no puedo!” – me responde – “no estoy capacitado; lo que sí puedo, es caer en tierra, germinar y, después de unos meses, convertirme en una generosa espiga”.

 

Ésta fue la honrada respuesta del grano de trigo.

 

No nos quedamos conformes con la respuesta del trigo. Así pues, esperamos un tiempo, cosechamos varias espigas, las trituramos, hicimos harina, la mezclamos con agua, la amasamos y la pusimos al horno. ¡Salió el pan, hicimos pan! Lo que el trigo no pudo hacer por sí mismo, los seres humanos, usando la inteligencia y capacidades dadas por Dios, lo logramos. ¡Hicimos pan!… y luego lo disfrutamos y compartimos.

 

Hasta aquí llegaron nuestras capacidades humanas.

 

Nunca terminaremos de agradecer a Dios que nos haya dado el trigo y que nos haya hecho capaces de hacer pan y disfrutarlo. Ahora bien, después de comerlo y quedar satisfechos, volvimos a tener hambre. Una y otra vez tuvimos que volver al procedimiento: sembrar, cosechar, moler, amasar, hornear…

 

Dios nos veía y – enternecido - se compadeció de nuestras debilidades. Resolvió compartir nuestras flaquezas y fortalecernos, para poder festejar y llegar a alegrarnos sin fin. Para ello, en una ALIANZA ETERNA con la humanidad, se hizo HOMBRE en su Hijo, Jesús, por obra del Espíritu Santo. Jesús, Dios hecho Hombre, quiso ser para nosotros un verdadero PAN DE VIDA. Quiso vitalizarnos, alimentarnos, fortalecernos, animarnos con su palabra, sus gestos, sus actitudes, sus consejos y sus milagros.

 

“YO SOY el PAN DE VIDA”: son las palabras de Jesús que leemos en el capítulo 6 del Evangelio de Juan, pronunciadas en la Sinagoga de Cafarnaúm. Lo dijo con autoridad. “YO SOY”. Estas palabras quedan resonando en los oídos de los creyentes porque recuerdan el episodio del Antiguo Testamento cuando Moisés le pregunta a Dios cuál es su Nombre y Él contesta “YO SOY EL QUE SOY”. ¿No nos dice algo, cuando Jesús pronuncia “YO SOY”? ¿No estará afirmando su divinidad? Recordemos que días atrás miles de personas han presenciado y disfrutado de la multiplicación de los panes. ¿Puede un simple mortal hacer ese milagro? Y cuando este hombre, Jesús, dice “YO SOY EL PAN DE VIDA”, aunque no lo entiendo, quiero creerle. Entonces yo le digo “Señor, yo creo, pero aumenta mi Fe”.

 

Jesús no se contenta con habernos dicho que es el “PAN DE VIDA”. Ciertamente sus palabras, consejos, ejemplos, actitudes y milagros son nuestro alimento. Son, ciertamente, Pan para nuestras vidas. Pero Jesús quiere demostrarlo con algo definitivo, de una vez para siempre: NOS DA SU VIDA.

 

En el Misterio Pascual, que los cristianos celebramos en Semana Santa, se concentra la totalidad de esta entrega, la donación de Vida de Jesucristo por nosotros: Su Vida, Pasión, Muerte y Resurrección sellan, de una vez para siempre, la Alianza Nueva y Eterna de Dios con la humanidad. Justamente esta ALIANZA NUEVA Y ETERNA es la que Jesús, el Hijo de Dios, lleva a cabo misteriosamente en el sacramento de la Eucaristía, signo visible de una realidad invisible.

 

Cuando Jesús toma el pan en sus manos y les dice a sus Apóstoles: “TOMEN, COMAN, ESTO ES MI CUERPO QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES… HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA” … ellos ¿qué ven? Ven pan. ¿Y qué les dice Jesús? Que es su Cuerpo. Al día siguiente, ellos verán a Jesús, sufriente, azotado, coronado de espinas, clavado en una cruz, derramando su sangre y muerto… y al tercer día, resucitado. Pero en esa noche de la Cena, sólo verán pan y después beberán de la copa con vino que Jesús les dice que es su Sangre. Y para rematar estas misteriosas palabras de la cena, Jesús les ha ordenado que lo sigan haciendo en recuerdo suyo.

 

Ahora, nosotros nos hacemos personalmente la misma pregunta con la que el grano de trigo respondió en nuestra curiosa entrevista del principio:  “¿YO… PAN?”

 

Jesús nos responderá con otra pregunta “¿Me crees o no me crees?”

Yo le respondo: “Sí, Señor, te creo, pero aumenta mi Fe”

 “Si me crees, nos responde Jesús, Yo me encargaré que tú seas PAN para tus hermanos. Desde tu Bautismo, tú estás unido conmigo, de modo que tu entrega generosa, todas tus buenas palabras y todas tus buenas obras serán PAN para ellos. Lo bueno es que este pan no se agota; alcanza para todos y alegra a todos”.

 

Jesús continúa: “Si has recibido la Ordenación Sacerdotal y repites lo que Yo hice con los Apóstoles en la Cena, entonces, YO ESTARÉ presente compartiendo con tus hermanos en ese Banquete Eucarístico”.

 

Preguntas:

  1. ¿Tú le crees a Jesús?
  2. ¿Crees que puedes ser PAN para tus hermanos?

 

 

 

 

 

 

 


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