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Homilías

CARDIOLOGIA DIVINA

Domingo quinto de Cuaresma - 17 de marzo, 2024

“Su corazón no anda bien; va a tener que ir al cardiólogo” Si usted ya escuchó que el doctor le dijo esta frase...no me va a negar que ha sentido su poco de miedo.

  

Textos bíblicos del Antiguo Testamento; Jeremías 31, 31-34 (Dios promete a su pueblo que sellará una nueva Alianza en sus corazones). Salmo 50 (se le pide a Dios un corazón puro).

Textos del Nuevo Testamento: Carta a los hebreos 5 (el corazón humano de Cristo es sufrido, humilde, sumiso y obediente). Evangelio de Juan12, 20-33 (Jesús revela las características de su corazón que quiere compartir con nosotros).

 

CARDIOLOGÍA DIVINA

 

“Su corazón no anda bien; va a tener que ir al cardiólogo” Si usted ya escuchó que el doctor le dijo esta frase, ya sea para usted o alguno de sus seres queridos, no me va a negar que ha sentido su poco de miedo. Usted se da cuenta que se trata de algo serio y algún peligro anda “dando vueltas “, por ahí. Consulta, pide una hora, espera lo que sea necesario y va a ver al cardiólogo.

 

Le piden varios exámenes, algunos más complicados, raros o incómodos. El cardiólogo los revisa, le hace algunas preguntas, le da algunos consejos, le receta algunos remedios y termina con lo que usted más temía: “habría que operar”. Podría ser una cirugía, poner un marcapasos o – lo que es más difícil y complicado – hacer un trasplante. Pero – igual – hay que esperar que aparezca un donante, y éste tiene que estar muerto.

 

¡Vaya, que se puso complicada la cosa! - ¡Y peligrosa!

 

En nuestra vida cristiana, todos tenemos más de algún problema “del corazón” y la raíz de todos ellos la encontramos en una “insuficiencia” de Fe, Esperanza y Amor… de amor a Dios y – especialmente – de amor al prójimo.

 

Gracias a Dios, en esto tenemos al mejor doctor, especializado en estos problemas del corazón, porque los ha vivido y resuelto en carne propia. Nuestro doctor es Jesucristo (el Cardiólogo Divino).  Su primer consejo será “Cumple los Mandamientos” y si esto no te basta, fíjate en las Obras de Misericordia que te voy a dejar anotadas en la receta al final de la consulta.

 

Me voy, decidido a poner en práctica todo lo que me dijo el Doctor. Me doy cuenta que me ha hecho bastante bien, pero con toda honestidad, reconozco que la “insuficiencia” no ha desaparecido.  Voy nuevamente al Doctor y – no sin un poco de temor – le digo resueltamente “Estoy dispuesto a un trasplante, con todos los riesgos que esto significa, aunque tenga que esperar al donante”…

 

… El Doctor me revela un secreto: “El donante soy Yo. Si establecemos una Alianza, Yo te doy mi vida y te implanto mi corazón. Yo seré para ti y tú serás para Mí. Tu vida será mía y la mía será tuya. Aquí en la tierra, tú compartirás lo que ha sido mi vida en esta tierra: pasión, muerte y resurrección. Fíjate bien: Yo te aseguro, te garantizo que, tú también resucitado,  gozarás conmigo de la felicidad eterna”.

 

En este quinto domingo de Cuaresma, el texto de Jeremías nos hace referencia de una Alianza de Dios con su pueblo, sellada en sus corazones. En el Salmo 50 se le pide a Dios un corazón puro.

 

En la Carta a los hebreos, vemos que el corazón humano de Cristo es sufrido, humilde, sumiso y obediente. En el Evangelio de Juan, Jesús revela las características de su corazón que quiere compartir con nosotros: da su vida (como el grano de trigo que cae y muere para germinar) y será glorificado cuando sea levantado en alto.  

 

¿Qué significa “levantado en alto”? Significa “crucificado”.

¿Qué significa “glorificado”? Significa “resucitado”

 

Ahora podemos entender mejor lo que significa para nosotros pedirle a Jesús que nos trasplante su corazón. Sin duda, tiene sus riesgos, pero vale la pena. Si vamos leyendo los evangelios con paz y serenidad, nos vamos dando cuenta de lo hermosas y consoladoras son las actitudes, palabras, gestos de Jesús en su día a día. Son verdaderamente, una Buena Noticia. Es cierto que su pasión y muerte son durísimas, pero, al conmovernos, nos muestran la profundidad de su amor.

Seamos bien realistas: todos tenemos problemas, infinidad de problemas. Igual, querámoslo o no, varios de ellos, no está en nuestra posibilidad evitarlos. ¿Dará lo mismo llevarlos en soledad o compartirlos con una persona de gran confianza? ¿Y si a esa persona también le han acontecido cosas semejantes, no nos sentiremos más acompañados y más tranquilos? ¿Y si esa persona es el mismo Jesús, que los ha vivido, sufrido, superado y finalmente los ha vencido?

 

¡Éste es Jesús, levantado en alto y glorificado, muerto y resucitado!

 

La Alianza o pacto con Jesús requiere una disposición voluntaria, libre y consciente en la que le digamos como lo escribió San Ignacio de Loyola: “Tomad, Señor y recibid: toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad. Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro; disponed conforme a vuestra Voluntad”.

Y nosotros, ¿Qué le vamos a pedir al Señor? “Dadme vuestro AMOR y Gracia, que esto solo me basta”.

Con esta Alianza o Pacto firmado, estamos listos para la “Operación Trasplante de Corazón” y dispuestos a llevar la vida de esta nueva forma, con un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Venga lo que venga, Jesucristo está con nosotros. Su Vida está en nuestras vidas.

 

Algunas preguntitas para reflexionar:

  1. ¿Crees que vale la pena examinar nuestra vida con los impactos gratificantes y dolorosos recibidos y cómo reaccionamos?
  2. ¿Conviene examinar nuestras emociones y sentimientos?
  3. ¿Te atreverías a pedirle a Jesucristo un “¿Trasplante de Corazón”, pidiéndole el suyo a cambio del tuyo?
  4. ¿Quieres un repaso de las Obras de Misericordia? Tú tendrás que adaptarlas a tus diversos tiempos y circunstancias.

 

Obras de Misericordia Corporales

  1. Dar de comer al hambriento
  2. Dar de beber al sediento
  3. Vestir al desnudo (proporcionarle abrigo a quien le hace falta)
  4. Dar alojamiento al que va de paso (proporcionarle techo al que lo necesita)
  5. Visitar a los enfermos
  6. Visitar a los encarcelados
  7. Enterrar a los muertos

 

Obras de Misericordia Espirituales

  1. Enseñar al que no sabe
  2. Dar buen consejo al que lo necesita
  3. Corregir al que está equivocado
  4. Soportar los defectos del prójimo
  5. Perdonar las ofensas
  6. Consolar al triste
  7. Rezar por los vivos y los muertos

 

 

CARDIOLOGIA DIVINA

Domingo quinto de Cuaresma -  17 de marzo, 2024         

Textos bíblicos del Antiguo Testamento; Jeremías 31, 31-34 (Dios promete a su pueblo que sellará una nueva Alianza en sus corazones). Salmo 50 (se le pide a Dios un corazón puro).

Textos del Nuevo Testamento: Carta a los hebreos 5 (el corazón humano de Cristo es sufrido, humilde, sumiso y obediente). Evangelio de Juan12, 20-33 (Jesús revela las características de su corazón que quiere compartir con nosotros).

 

CARDIOLOGÍA DIVINA

 

“Su corazón no anda bien; va a tener que ir al cardiólogo” Si usted ya escuchó que el doctor le dijo esta frase, ya sea para usted o alguno de sus seres queridos, no me va a negar que ha sentido su poco de miedo. Usted se da cuenta que se trata de algo serio y algún peligro anda “dando vueltas “, por ahí. Consulta, pide una hora, espera lo que sea necesario y va a ver al cardiólogo.

 

Le piden varios exámenes, algunos más complicados, raros o incómodos. El cardiólogo los revisa, le hace algunas preguntas, le da algunos consejos, le receta algunos remedios y termina con lo que usted más temía: “habría que operar”. Podría ser una cirugía, poner un marcapasos o – lo que es más difícil y complicado – hacer un trasplante. Pero – igual – hay que esperar que aparezca un donante, y éste tiene que estar muerto.

 

¡Vaya, que se puso complicada la cosa! - ¡Y peligrosa!

 

En nuestra vida cristiana, todos tenemos más de algún problema “del corazón” y la raíz de todos ellos la encontramos en una “insuficiencia” de Fe, Esperanza y Amor… de amor a Dios y – especialmente – de amor al prójimo.

 

Gracias a Dios, en esto tenemos al mejor doctor, especializado en estos problemas del corazón, porque los ha vivido y resuelto en carne propia. Nuestro doctor es Jesucristo (el Cardiólogo Divino).  Su primer consejo será “Cumple los Mandamientos” y si esto no te basta, fíjate en las Obras de Misericordia que te voy a dejar anotadas en la receta al final de la consulta.

 

Me voy, decidido a poner en práctica todo lo que me dijo el Doctor. Me doy cuenta que me ha hecho bastante bien, pero con toda honestidad, reconozco que la “insuficiencia” no ha desaparecido.  Voy nuevamente al Doctor y – no sin un poco de temor – le digo resueltamente “Estoy dispuesto a un trasplante, con todos los riesgos que esto significa, aunque tenga que esperar al donante”…

 

… El Doctor me revela un secreto: “El donante soy Yo. Si establecemos una Alianza, Yo te doy mi vida y te implanto mi corazón. Yo seré para ti y tú serás para Mí. Tu vida será mía y la mía será tuya. Aquí en la tierra, tú compartirás lo que ha sido mi vida en esta tierra: pasión, muerte y resurrección. Fíjate bien: Yo te aseguro, te garantizo que, tú también resucitado,  gozarás conmigo de la felicidad eterna”.

 

En este quinto domingo de Cuaresma, el texto de Jeremías nos hace referencia de una Alianza de Dios con su pueblo, sellada en sus corazones. En el Salmo 50 se le pide a Dios un corazón puro.

 

En la Carta a los hebreos, vemos que el corazón humano de Cristo es sufrido, humilde, sumiso y obediente. En el Evangelio de Juan, Jesús revela las características de su corazón que quiere compartir con nosotros: da su vida (como el grano de trigo que cae y muere para germinar) y será glorificado cuando sea levantado en alto.  

 

¿Qué significa “levantado en alto”? Significa “crucificado”.

¿Qué significa “glorificado”? Significa “resucitado”

 

Ahora podemos entender mejor lo que significa para nosotros pedirle a Jesús que nos trasplante su corazón. Sin duda, tiene sus riesgos, pero vale la pena. Si vamos leyendo los evangelios con paz y serenidad, nos vamos dando cuenta de lo hermosas y consoladoras son las actitudes, palabras, gestos de Jesús en su día a día. Son verdaderamente, una Buena Noticia. Es cierto que su pasión y muerte son durísimas, pero, al conmovernos, nos muestran la profundidad de su amor.

Seamos bien realistas: todos tenemos problemas, infinidad de problemas. Igual, querámoslo o no, varios de ellos, no está en nuestra posibilidad evitarlos. ¿Dará lo mismo llevarlos en soledad o compartirlos con una persona de gran confianza? ¿Y si a esa persona también le han acontecido cosas semejantes, no nos sentiremos más acompañados y más tranquilos? ¿Y si esa persona es el mismo Jesús, que los ha vivido, sufrido, superado y finalmente los ha vencido?

 

¡Éste es Jesús, levantado en alto y glorificado, muerto y resucitado!

 

La Alianza o pacto con Jesús requiere una disposición voluntaria, libre y consciente en la que le digamos como lo escribió San Ignacio de Loyola: “Tomad, Señor y recibid: toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad. Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro; disponed conforme a vuestra Voluntad”.

Y nosotros, ¿Qué le vamos a pedir al Señor? “Dadme vuestro AMOR y Gracia, que esto solo me basta”.

Con esta Alianza o Pacto firmado, estamos listos para la “Operación Trasplante de Corazón” y dispuestos a llevar la vida de esta nueva forma, con un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Venga lo que venga, Jesucristo está con nosotros. Su Vida está en nuestras vidas.

 

Algunas preguntitas para reflexionar:

  1. ¿Crees que vale la pena examinar nuestra vida con los impactos gratificantes y dolorosos recibidos y cómo reaccionamos?
  2. ¿Conviene examinar nuestras emociones y sentimientos?
  3. ¿Te atreverías a pedirle a Jesucristo un “¿Trasplante de Corazón”, pidiéndole el suyo a cambio del tuyo?
  4. ¿Quieres un repaso de las Obras de Misericordia? Tú tendrás que adaptarlas a tus diversos tiempos y circunstancias.

 

Obras de Misericordia Corporales

  1. Dar de comer al hambriento
  2. Dar de beber al sediento
  3. Vestir al desnudo (proporcionarle abrigo a quien le hace falta)
  4. Dar alojamiento al que va de paso (proporcionarle techo al que lo necesita)
  5. Visitar a los enfermos
  6. Visitar a los encarcelados
  7. Enterrar a los muertos

 

Obras de Misericordia Espirituales

  1. Enseñar al que no sabe
  2. Dar buen consejo al que lo necesita
  3. Corregir al que está equivocado
  4. Soportar los defectos del prójimo
  5. Perdonar las ofensas
  6. Consolar al triste
  7. Rezar por los vivos y los muertos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


En breve

COMUNIDAD VIRTUAL

Nuestro EQUIPO lo hemos integrado laicos y sacerdotes de distintos países y edades. Nos vincula la Fe, la Esperanza y el Amor. Unámonos en familia, cantando y compartiendo la Palabra de Dios.

PREPAREMOS PENTECOSTÉS

Los dones del Espíritu Santo

Mientras tanto, veamos qué nos dice “ALETEIA” sobre los DONES DEL ESPÍRITU SANTO. En la Homilía dominical veremos cómo aplicarlos a nuestra vida ordinaria.