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Homilías

LA SABIDURIA

Domingo 12 de noviembre 2023

Este 32º domingo del año litúrgico, los textos bíblicos nos ofrecen un tema muy hermoso. Dan ganas de saborearlo para sacar el máximo provecho de él. Se trata de la SABIDURIA.

No nos vamos a referir a la erudición académica, científica o intelectual. No nos vamos a referir a largas lecturas de abundantes libros de muchas páginas. Puede que existan sabios académicos, sabios científicos, sabios intelectuales o sabios lectores… ¡Pero la sabiduría no está allí!

Un hombre sabio, cuyo nombre indicaré al final de esta reflexión, nos dice: ”la sabiduría es sobre todo un  arte de vivir, de saber conducirse en la vida… porque hay personas que saben muchas cosas, pero les falta lo más importante: no saben vivir”. Y continúa: “la mayor sabiduría tiene que ver con el amor, que nos hace saborear las cosas celestiales. Es un conocimiento gustoso, lleno de sabor espiritual”

Hay una estrecha relación entre las palabras “sabiduría”, “sabor” y “gusto”, y lo que esas palabras significan para nosotros. En esto consiste el don de Sabiduría que nos da el Espíritu Santo: gustar y saborear las cosas de Dios.

San Ignacio de Loyola nos dice “No el mucho saber harta y satisface el alma sino el sentir y gustar de las cosas internamente”. No es más sabio el que se arrebata con conocimientos, con informaciones, con reportajes, con conferencias, con descubrimientos científicos o tecnológicos, con artículos de revistas, etcétera. Está bien que lea, se informe, escuche… pero dese tiempo para releer, repensar, reflexionar, ponderar y sacar conclusiones. No se apure.

En la parábola del Evangelio, nuestro Señor Jesucristo presenta con su “toque” de humor el caso de las chiquillas atolondradas y las prudentes. “¡Hay fiesta de matrimonio! ¡vamos, chiquillas!” habrán dicho las “vírgenes necias”. Corrieron apuradas, sin pensar que en la noche se les iba a acabar el aceite de sus lámparas. Con el apuro de ir a la fiesta, no pensaron en que debían ir bien provistas. Las otras, las “prudentes”, se dieron el tiempo para prepararse bien. La sabiduría consistió en detenerse a pensar “qué vamos a necesitar” y se proveyeron. Cuando llegó el novio, ellas pudieron encender sus lámparas.

En la segunda lectura, San Pablo quiere motivar a sus fieles de Tesalónica para que comprendan que el verdadero sentido de sus vidas está en el encontrarse definitivamente con Jesucristo. Para esto vivimos: para encontrarnos con Jesús. Jesús viene y vendrá a buscarnos. Él es el “novio” de la parábola evangélica y nosotros somos los invitados que tenemos la prudencia de preparar nuestras lámparas para cuando Él llegue. En esto seremos “sabios”.

No quisiera terminar sin hacer alusión al Salmo responsorial en el cual poéticamente expresamos el deseo del alma de encontrarse con Dios. Aquí está la verdadera sabiduría: en sentir y gustar hondamente las cosas de Dios.

Y como prometí al comienzo de esta reflexión, el sabio cuyas palabras puse entre comillas se llama Víctor Manuel Fernández y el librito suyo que recomiendo se llama “Los cinco minutos del Espíritu Santo”, que también lo pueden encontrar en Internet.

I.A.

12 de noviembre de 2023

 

 

 

 

 

 


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