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Homilías

ARREPENTIMIENTO - CONVERSIÓN – REPARACIÓN – PERDÓN

DOMINGO 1 DE OCTUBRE

Dios lo sabe. Todo lo que hacemos o no hacemos, decimos o callamos, Él lo sabe y nosotros no podemos negarlo. Simplemente, esto es así.

Hay algo más que no debemos olvidar:  Todo lo que hagamos o no hagamos, digamos o no digamos tiene una repercusión social. Incide en nuestras relaciones tanto personales como comunitarias. ¿por qué? Porque por naturaleza somos seres sociales.

Cuando nos damos cuenta o tomamos conciencia de algo que hicimos o dijimos estuvo mal, naturalmente nos arrepentimos: nos duele haberlo dicho o haberlo hecho. Entonces nos proponemos y decidimos no volver a decirlo o hacerlo. Es un acto de voluntad que nos compromete. Esto lo ve Dios. Es la “conversión del corazón”, grata a los ojos de Dios.

¿Esto es todo?

No. No es todo. No basta con arrepentirse y convertirse de corazón. Falta la dimensión social. Es importante que los demás vean que estamos arrepentidos, lo reconocemos y deseamos reparar el mal que hicimos. ¿Y cómo lo demostramos? Pidiendo perdón y reparando el daño hecho.  

Este proceso, si se diera a diario e n nuestra vida personal, familiar o social, viviríamos más en paz con nosotros mismos y con los demás. Éste es el tema que nos presentan los textos bíblicos de la liturgia de este domingo 26º del tiempo ordinario.

Empezando por el Evangelio: Vemos el contraste entre el hijo que le dijo que sí a su padre, pero después no cumplió… mientras que el otro hijo, que le había dicho que no, después lo hizo. El ejemplo es claro y sencillo: El segundo hijo actuó mal al decirle “no” al padre, pero se arrepintió y lo reparó con un acto positivo. Hizo bien y agradó a su padre.

El trozo del profeta Ezequiel en la primera lectura nos insiste con claridad que Dios acoge al pecador arrepentido, pero no está dispuesto a aceptar el proceso inverso. Dicho[H1]  en otros términos, esto último sería el caso de lo que nosotros llamamos “corrupción”: de la misma manera que una fruta buena y madura se puede podrir, la persona buena que se deja arrastrar al mal, se “corrompe”… y esto es inaceptable.

San Pablo, en la segunda lectura, nos presenta un bello y significativo panorama del “buen actuar”, llevándonos al extremo de la entrega total de nuestras vidas, al ejemplo de nuestro Señor Jesucristo

Lo que los hombres no podemos, eso lo puede el Señor. ¿Por qué?  Porque el Señor es compasivo, como lo repetimos en el Salmo responsorial. Esa compasión también la podemos ejercer nosotros cuando vemos que un prójimo va por mal camino y buscamos amorosamente la forma de ayudarlo a enderezar sus pasos.

Examinémonos. ¿Estamos dispuestos a reconsiderar nuestras negativas al Señor y a nuestros hermanos y volvernos a Él y a ellos con el corazón abierto? ¿Estamos dispuestos a darles otra oportunidad a nuestros prójimos arrepentidos que desean incorporarse al buen camino?

 [H1]


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PREPARAR EL CAMINO. VIVIR EN LA ESPERANZA

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO 10 diciembre 2023

El Amor y la Verdad se encontrarán; la Justicia y la Paz se abrazarán; la Verdad brotará de la tierra y la Justicia mirará desde el cielo”