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Homilías

Domingo 6 de noviembre 2022

Nuestra alma inmortal

¿Vamos a morir y después no hay nada más? ¿Tiene sentido que nos esforcemos por hacer las cosas bien?

Si no creyéramos en un Espíritu Creador que está más allá de todo lo creado pero que lo abraza amorosamente dándole la existencia; si no creyéramos en un Dios de Vida que trasmite su vida a las creaturas y entre ellas elije al hombre infundiéndole su Espíritu, poco sentido tendría nuestra vida. No valdría la pena vivirla, enfrentando los inevitables obstáculos que ella misma nos presenta.

Pero no. Hay un Dios eterno, todopoderoso, que no sólo  nos ha creado sino que ha insuflado su espíritu en nuestras vidas, dándonos un alma espiritual e inmortal, sustancialmente vinculada a un cuerpo mortal como el de los demás seres vivientes. De esta manera, todo lo que hagamos, pensemos, digamos o no hagamos, no pensemos o no digamos en nuestra vida mortal, todo está vinculado a nuestra alma inmortal. TODO IMPORTA.

Sería más fácil no creer en Dios, de modo que NADA IMPORTARÍA. Es lo que sucede finalmente con los anarquistas, ateos y también con los agnósticos. ¿Adónde llegamos? A vivir de cualquier manera, sin importarnos lo que pueda pasar con los demás. Esta postura nos lleva a un egoismo salvaje, a la ley del más fuerte, al caos.

Aunque es más fácil no creer en Dios, la postura del creyente tiene más sentido, nos devuelve la paz y nos estimula en el bien obrar.

¿Quién nos ayuda a inclinar nuestra balanza a la postura de la Fe? JESUCRISTO. Es el Dios hecho hombre, muerto y resucitado por nosotros: muerto como todos los mortales y resucitado para garantizarnos la inmortalidad que nos tiene prometida.

Antes de Jesús, hubo personas que creyeron en la inmortalidad del alma y fueron capaces de entregar su vida mortal para testimoniar su fe en la vida eterna. Es el caso de los jóvenes mártires del primer trozo bíblico que leemos hoy. Los fariseos del tiempo de Jesús también creían en la vida eterna y por eso quisieron tenderle una trampa a Jesús, poniéndole el caso de esa señora que se había casado sucesivamente con siete hermanos, preguntándole cuál sería su marido en la vida eterna. Jesús nos aclara que en la vida eterna las relaciones humanas tendrán una dimensión distinta de la forma que las personas nos relacionamos ahora. Esta forma es para  nosotros misteriosa... pero podemos confiar que el Señor nos dará un gozo más perfecto que todo lo que pudiéramos imaginar.


En breve

COMUNIDAD VIRTUAL

Nuestro EQUIPO lo integramos laicos y sacerdotes de distintos países y edades. Nos vincula la Fe, la Esperanza y el Amor. Unámonos en familia, cantando y compartiendo la Palabra de Dios.

Domingo 15 de enero de 2022

Segundo Domingo del Tiempo Ordinario del Año Litúrgico

EVANGELIO (Jn 1,29-34) En aquel tiempo, Juan vio a Jesús, que se acercaba a él, y dijo: «¡Miren, ése es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! A él me refería yo cuando dije: “Después de mí viene uno que es más importante que yo, porque existía antes que yo.” Yo mismo no sabía quién era; pero he venido bautizando con agua precisamente para que el pueblo de Israel lo conozca.» Juan también declaró: «He visto al Espíritu Santo bajar del cielo como una paloma, y reposar sobre él.