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Homilías

30 enero 2022

NO DEJES PARA MAÑANA LO QUE PUEDES HACER HOY

El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús en la sinagoga de Nazaret haciéndose suyas las palabras del profeta Jeremías de la primera lectura que afirma: “Antes de formarte en el vientre , te escogí, antes de que salieran del seno materno, te consagré”...

Así es la salvación y la liberación son para hoy. Dice Jesús: “Hoy se cumple esta Escritura” El Reino de Dios esta ya aquí, ahora. En la persona de Jesús aparece de repente el hoy de Dios. Y nosotros estamos obligados a tomar postura: “lo que puedas hacer hoy no lo dejes para mañana”. Tenemos que hacer elecciones precisas, tomar posturas claras: acoger o rechazar hoy a “aquel Jesús de Nazaret, el hjo de José, sin esperar a un Mesías del futuro, del “mañana”. Podemos imaginarnos a Dios de una manera “abstracta”, atemporal, más que a este “enviado” concreto, que es Jesús, que nos dice estar de parte de los débiles, de los oprimidos, de los ciegos. Jesús espera una respuesta nuestra “hoy”, no “mañana”. El “hoy” que espera Jesús es un tiempo interior, que juzga mis días, mis acciones. Ese “hoy” de Dios encarnado en Jesús llega cuando uno no se lo espera y no lo quiere. Y, sobre todo, debe ser acogido con un “sí” pronunciado ahora, no diferido para mañana. Los habitantes de Nazaret no comprendieron este mensaje de Jesús, y quisieron despeñarlo fuera del pueblo. “Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba”.. Así pues, depende de nuestra “libertad” acoger a Jesús “hoy” o “dejarlo para mañána”... Y ¿cómo vivir en ese “hoy” por si llega enseguida, sin dejarlo pasar para el “mañana”? La respuesta nos la da S. Pablo en la segunda lectura de su primera Carta a los Cinrintios. Es decir: “vivir hoy en el amor”. Y como dice el apóstol: “El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engría; no es mal educado, ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza en la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca...En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor, estas tres. La más grande es el amor”. San Cirilo de Alejandría (376-444), el Padre de la Iglesia que en el Concilio de Efeso (431), que proclamó a María como “Theotokos” (Madre de Dios), en su “Comentario sobre el Profeta Isaías (cap. 5, 5) escribió: “Cristo ha querido que el mundo lo siguiera y así conducir a Dios Padre a todos los habitantes de la tierra. Ha querido restablecer todas las cosas a un estado mejor y renovar, por decirlo de aguna manera, la faz de la tierra. Por eso, a pesar de ser el Señor del universo, tomó la condición de esclavo. Anunció la buena noticia a los pobres afirmando que Él había sido enviado con este fin. Los pobres, o mejor dicho, los que consideramos pobres, son los que en el mundo no tenían ni esperanza, ni Dios. Pidamos nosotros vivir “el hoy sin dejarlo para el mañana”, con ese amor que tan bien describen San Pablo y San Cirilo.

Termino con un soneto de nuestro gran poeta del siglo de oro español, que fue Lope de Vega (1562-1635) titulado: ¡Me muero de amor!

¡Yo me muero de amor! Que no sabía - aunque diestro de amar cosas del suelo - que no pensaba yo que amor del cielo con tal rigor las almas encendía. Si llama la mortal filosofía deseo de hermosura a amor, recelo que con mayores ansias me desvelo, cuanto es más alta la belleza mía. Amé en la tierra vil, ¡qué necio amante!, oh Luz del alma, habiendo de buscaros; ¡qué tiempo que perdí como ignorante! Mas yo os prometo ahora de pagaros con mil siglos de amor, cualquier instante que, por amarme a mí, dejé de amaros”. Vivamos también nosotros ese “amor” : “hoy y no mañana”, j.v.c.


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15 DE MAYO - DOMINGO QUINTO DE PASCUA

MILAGROS OCULTOS por Juan Vicente Catret S.J.

El Evangelio de este domingo, de San Juan, aparte del mandamiento de Jesús “ámense unos a otros como yo los he amado” con un amor universal, aparte de la exhortación que nos hace San Pablo en los “Hechos de los Apóstoles” de “perseverar en la fe”, el mismo San Juan, en la segunda lectura tomada del Apocalipsis también nos anima...