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Homilías

5 DE DICIEMBRE DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENTO

“MONTES Y VALLES” por el P. Juan Vicente Catret SJ

La liturgia de la Palabra de este domingo se centra en la figura de San Juan Bautista.

Dice el evangelio de San Lucas: “vino la Palabra de Dios sobre Juan, en el desierto... Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados” ... Era “una voz que grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas: que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios”. 

Ya en la primera lectura el profeta Baruc lo anuncia: “Dios ha mandado abajarse a todos los montes elevados, a todas las colinas encumbradas, ha mandado que se llenen los barrancos, hasta allanar el suelo” ... Y en la segunda lectura, san Pablo nos aconseja a prepararnos también para la venida del Señor escribiendo a los Filipenses: “llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables” ... Es interesante al respecto que el filósofo Jung decía que en nuestro corazón o en la mente se dan a lo largo de la vida dos movimientos: uno de ir “hacia afuera”: subir como “los montes”, con deseos y pretensiones de sobresalir y ser exaltado orgullosamente; y el otro: “hacia dentro”: descender al centro u hondón de nuestras almas; un bajar al “valle”. Son las dos fuerzas: “centrífuga” y “centrípeta” que nos mantienen en vida y que hay que mantener en equilibrio. San Juan el Bautista nos predica que no hay que ser ni “montes” orgullosos ni “valles” vacíos que hay que rellenar de esperanza en el interior de nuestro corazón, porque viene el Señor hacia nosotros en la Navidad. 

El Padre de la Iglesia que fue Orígenes en su “Comentario al evangelio de San Lucas” (cap.XXIII, nn.1-3) escribió: 

“Preparad el camino del Señor En primer lugar, se escribe a propósito de Juan: Voz del que grita en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. Y lo que viene a continuación se refiere directamente a nuestro Señor y Salvador. Examine cada uno quién era antes de llegar a la fe, y entonces se dará cuenta de que era un valle profundo que caía a pico y estaba volcado hacia el abismo... Pero cuando vino nuestro Señor Jesús y envió al Espíritu Santo, su representante, “todo valle se rellenó”. Y se rellenó de buenas obras y de los frutos del Espíritu Santo. La caridad no permite que en ti continúe habiendo un valle, sino que, si mantienes la paz, la paciencia y la bondad, no solo dejarás de ser “valle”, sino que comenzarás a ser un “monte” de Dios. Todo monte y collado será humillado. En estos montes y collados que han sido allanados ves también las fuerzas adversas que se levantaban contra los mortales. Porque para que se allane este tipo de valles deben ser humilladas las fuerzas enemigas, los montes y collados. Pero planteémonos también si se ha cumplido lo anunciado a propósito de la venida de Cristo. Porque como a continuación viene: Y lo que está torcido se enderezará. Todos y cada de nosotros éramos perversos -incluso no solamente lo era, sino que lo continúa siendo-, pero gracias a la venida de Cristo, que ha llegado hasta nuestra alma, todo lo que estaba torcido se ha enderezado. Pidamos que Él venga cada día a nosotros y podamos decir: Y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”. 

Termino con el poema de la religiosa hodierna Concepción de la Trinidad titulada a propósito de San Juan Bautista: 

Profeta ¡Qué hermoso es tu destino! 

“Heraldo de Sion”, y ¡qué glorioso! 

Más, ¡qué ingrato el camino!... Tan arduo y escabroso, 

que arredra al lidiador más valeroso. 

Difícil cometido; hablar de Dios haciéndolo presente,

 a un mundo descreído, llevar abiertamente 

la Verdad y Justicia trascendente. 

Profeta, no desmayes ante el riesgo que implica tu tarea,

 no cejes ni te calles, por más que el mundo vea 

en ti a un “desfasado” y no te crea. La meta es luminosa... 

Prosigue, pues, tu ruta con firmeza. 

No admitas en ti cosa que empañe su belleza.

 Al fin, ¡serás premiado con largueza!

 


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Domingo 15 de enero de 2022

Segundo Domingo del Tiempo Ordinario del Año Litúrgico

EVANGELIO (Jn 1,29-34) En aquel tiempo, Juan vio a Jesús, que se acercaba a él, y dijo: «¡Miren, ése es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! A él me refería yo cuando dije: “Después de mí viene uno que es más importante que yo, porque existía antes que yo.” Yo mismo no sabía quién era; pero he venido bautizando con agua precisamente para que el pueblo de Israel lo conozca.» Juan también declaró: «He visto al Espíritu Santo bajar del cielo como una paloma, y reposar sobre él.