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Homilías

29 DE NOVIEMBRE: DOMINGO 1 DE ADVIENTO

UNA ESPERANZA QUE COCINA

El Adviento es la etapa primera del calendario litúrgico, en la que vivimos con la esperanza de la Venida de Jesús. Es un tiempo de “esperanza que cocina”, quiero decir “esperanza activa”, no pasiva, dormida. Esperamos la triple venida de Jesús: en la carne (que se dio en el pasado, en Belén), en la gloria (que se dará en el futuro cuando venga a juzgar al mundo) y en la gracia (en el presente, cuando queremos responder activamente, “como cocinando” a la bondad, amor, misericordia, gracia del Señor que se nos derrama a todos). Tenemos, pues, que purificar nuestra esperanza. El profeta Jeremías nos dice: “Suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra”...S. Pablo nos dice: “Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos...Y que así os fortalezca internamente; para que cuando Jesús nuestro Señor vuelva acompañado de sus santos, os presentéis santos e irrepensibles ante Dios nuestro Padre”. Y Jesús, en el evangelio nos dice: “Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación...Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre”. O sea que este domingo primero de Adviento se centra en la venida futura. Pero la esperanza de esa venida se basa en la venida de la Navidad que preparamos y en la venida de la gracia que recibimos. De nuestra parte, el “cocinar esa esperanza” consiste en dos cosas: oración y vigilancia. Y así, una esperanza que engendra amor. Y empezamos el “Adviento” buscando a Dios, a Jesús encarnado, porque primero Dios y Jesús nos buscan a todos nosotros, creen en nosotros a pesar de nuestros olvidos y desagradecimiento. Dios llama a nuestro corazón: “levantaos, alzad la cabeza” nos dice. Esa “corona del Adviento” con sus cuatro velas, va encendiendo más y más nuestra esperanza, nuestra espera de la Navidad, del nacimiento de Jesús que ilumine las tinieblas de nuestro mundo tan malherido y cargado de odios, miedos, terror en estos días. Concluyo con la bonita poesía de Charles Péguy titulada: LA NIÑA ESPERANZA Yo soy, dice Dios, el Señor de las tres virtudes. La fe es una esposa fiel, la caridad es una madre ardiente, pero la esperanza es una niña. La fe es aquella que se mantiene firme por los siglos de los siglos. La caridad es aquella que se da por los siglos de los siglos. Pero mi pequeña esperanza es aquella que da los buenos días al pobre y al huérfano. La fe es una iglesia, una catedral que se eleva hacia el cielo. La caridad es un hospital, un asilo que recoge todas las miserias del mundo. Pero sin esperanza, todo esto sería un cementerio. La fe es un soldado, un capitán que defiende una fortaleza, la ciudad del rey. La caridad es una enfermera, una hermanita de los pobres del rey. Pero mi pequeña esperanza es aquella que da los buenos días al pobre y al huérfano. La fe se eleva como un árbol frondoso, y bajo su sombra la caridad, mi hija, abriga todas las angustias del mundo. Pero mi pequeña esperanza es esta nueva savia que anuncia el camino de la primavera. Yo soy, dice Dios, El Señor de las tres virtudes. j.v.c.

Esperamos la triple venida de Jesús: en la carne (que se dio en el pasado, en Belén), en la gloria (que se dará en el futuro cuando venga a juzgar al mundo) y en la gracia (en el presente, cuando queremos responder activamente, “como cocinando” a la bondad, amor, misericordia, gracia del Señor que se nos derrama a todos). 

 Tenemos, pues, que purificar nuestra esperanza. El profeta Jeremías nos dice: “Suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra”...S. Pablo nos dice: “Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos...Y que así os fortalezca internamente; para que cuando Jesús nuestro Señor vuelva acompañado de sus santos, os presentéis santos e irrepensibles ante Dios nuestro Padre”.

 Y Jesús, en el evangelio nos dice: “Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación...Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre”.

 O sea que este domingo primero de Adviento se centra en la venida futura. Pero la esperanza de esa venida se basa en la venida de la Navidad que preparamos y en la venida de la gracia que recibimos. De nuestra parte, el “cocinar esa esperanza” consiste en dos cosas: oración y vigilancia. Y así, una esperanza que engendra amor. 

 Y empezamos el “Adviento” buscando a Dios, a Jesús encarnado, porque primero Dios y Jesús nos buscan a todos nosotros, creen en nosotros a pesar de nuestros olvidos y desagradecimiento. Dios llama a nuestro corazón: “levantaos, alzad la cabeza” nos dice. 

 Esa “corona del Adviento” con sus cuatro velas, va encendiendo más y más nuestra esperanza, nuestra espera de la Navidad, del nacimiento de Jesús que ilumine las tinieblas de nuestro mundo tan malherido y cargado de odios, miedos, terror en estos días. 

 Concluyo con la bonita poesía de Charles Péguy titulada:

                   LA NIÑA ESPERANZA

  Yo soy, dice Dios, 
el Señor de las tres virtudes.

  La fe es una esposa fiel,
la caridad es una madre ardiente,
pero la esperanza es una niña.

  La fe es aquella que se mantiene firme
por los siglos de los siglos.

La caridad es aquella que se da
por los siglos de los siglos.
Pero mi pequeña esperanza es aquella
que da los buenos días al pobre y al huérfano. 

  La fe es una iglesia,
una catedral que se eleva hacia el cielo.

La caridad es un hospital,
un asilo que recoge todas las miserias del mundo.
Pero sin esperanza, todo esto sería un cementerio.

  La fe es un soldado, un capitán que defiende
una fortaleza, la ciudad del rey.
La caridad es una enfermera,
una hermanita de los pobres del rey.

Pero mi pequeña esperanza es aquella
que da los buenos días al pobre y al huérfano. 

  La fe se eleva como un árbol frondoso,
y bajo su sombra la caridad, mi hija,
abriga todas las angustias del mundo.

Pero mi pequeña esperanza es esta nueva savia
que anuncia el camino de la primavera. 

  Yo soy, dice Dios,
El Señor de las tres virtudes.

  j.v.c. 


En breve

ORACIÓN DE SAN IGNACIO Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad: Vos me lo disteis, a Vos, Señor lo torno. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto solo me basta

15 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO

LA MISERICORDIA DE DIOS

Las tres lecturas de este domingo nos hablan de “la misericordia de Dios”.