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Homilías

10 DE OCTUBRE DOMINGO 28 DEL TIEMPO ORDINARIO

LO ÚNICO NECESARIO por el P. Juan Vicente Catret S.J.

El evangelio de hoy plantea el problema de la salvación eterna y el camino para conseguirla, que no es el consumo, el hedonismo, la violencia...

Al parecer ese joven que se acerca a Jesús y le pregunta: “Maestro bueno ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le responde “ya sabes los mandamientos” de la ley, que se reducen al amor de Dios y del prójimo. Jesús miró con cariño al joven y le invitó a vender todos sus bienes, dar el dinero a los pobres y luego que le siguiera como uno de sus discípulos. Pero el joven estaba demasiado apegado a sus bienes y se marchó triste lejos de Jesús.

 

Es entonces cuando Jesús dice a los suyos una de sus paradojas: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios. Se ha querido traducir “el ojo de la aguja” por una puerta estrecha de tipo oriental para quitarle hierro a la sentencia de Jesús, pero que Jesús quiere decir que el apego a los bienes materiales es una dificultad para armonizar religión y riquezas. “No se puede servir a Dios y al dinero”.

 

Esta sentencia paradójica de Jesús provoca la pregunta de los apóstoles: “Entonces, ¿quién puede salvarse?”...Jesús les dice que nada hay imposible para Dios, y que los que lo han dejado todo: padres, hermanos, familia entera, recibirán en este tiempo el cien por cien y en la edad futura la vida eterna.

 

Comprender todo esto es la “sabiduría” de que nos habla la primera lectura de hoy: “ese espíritu de sabiduría. La preferí a los cetros y a los tronos, y en su comparación tuve en nada la riqueza. No la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro a su lado es un poco de arena, y junto a ella la plata vale lo que el barro”. Esa “sabiduría se otorga al que está dispuesto a escuchar la Palabra de Dios que es, como nos dice también la segunda lectura de hoy es: “viva y eficaz más tajante que una espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga los deseo e intenciones del corazón”.

 

Y sabemos y creemos que esa “Palabra” se encarna en Jesús y sus saboreadas palabras. Comprender todo esto es “lo único necesario”, título de esta homilía. El santo cardenal J. H. Newman (1801-1890) dijo en uno de sus sermones las siguientes hermosas palabras acerca del joven rico: Jesús, poniendo sobre él su mirada, lo amó “Dios te mira, seas quien seas. Y te llama por tu nombre. Te ve y te comprende, él, que te ha hecho. Todo lo que hay en ti lo sabe: todos tus sentimientos, tus pensamientos, tus inclinaciones, tus gustos, tu fuerza y tu debilidad. No se preocupa de ti solamente porque formas parte de su creación, ya que él cuida incluso de los gorriones, sino porque eres un hombre rescatado y santificado, su hijo adoptivo, y gozas en parte de esta gloria y de esta bendición que eternamente él derrama sobre el Hijo único. Tú has sido escogido para ser su propiedad. Tú eres uno de aquellos por quienes Cristo ofreció al Padre su última plegaria y la selló con su sangre preciosa. ¡Qué pensamiento tan sublime, un pensamiento casi demasiado grande para nuestra fe!

 

Cuando nos detenemos a reflexionar en él, ¿cómo no reaccionar como Sara, que se rió de una maravilla tan grande, y, al mismo tiempo, de confusión? ¿Qué es el hombre, quiénes somos nosotros, quién soy yo para que el Hijo de Dios se acuerde tanto de nosotros? ¿Quién soy yo para que me haya renovado totalmente y para que haga de mi corazón su morada?”

 

Termino con el famoso soneto de Lope de Vega (1562-1635) tantas veces repetido, que hoy viene a ser como la pregunta del “joven rico” cuando Jesús le miró con cariño:

 

“¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

que, a mi puerta, cubierta de rocío,

pasas las noches del invierno oscuras?

 

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,

pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,

si de mi ingratitud el hielo frío

secó las llagas de tus plantas puras!

 

¡Cuántas veces el ángel me decía:

“Alma, asómate agora a la ventana;

verás con cuánto amor llamar porfía!”

 

Y ¡cuántas Hermosura soberana,

“Mañana le abriremos”, respondía

para lo mismo responder mañana!

 


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17 DE OCTUBRE: DOMINGO 29 DEL TIEMPO ORDINARIO

EL CAMINO DE LA CRUZ NO ES EL “SUFRIR” SINO EL DE “SERVIR” por el P. Juan Vicente Catret S.J.

Este domingo nos presenta a los dos hijos de Zebedeo: Santiago y Juan, pidiendo a Jesús sentarse en su “Gloria” uno a la derecha y el otro a la izquierda.