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Homilías

DOMINGO 27 DEL TIEMPO ORDINARIO

NECESIDAD DE “COMPAÑÍA”, por Juan Vicente Catret S.J

El evangelio de este domingo nos presenta dos aspectos que parecen desunidos entre sí. Pero creo que no es así, sino que están unidos como una flor de un manzano que luego se convierte en el fruto de una manzana. Y me explico.

El evangelio nos habla de la unión entre el hombre y la mujer, acudiendo al principio de la creación, de la que nos habla la primera lectura:    
   “El Señor Dios se dijo. “No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude” ... Dios hizo a los animales, a los pájaros...pero el hombre “no se encontraba ninguno como él que le ayudase” ...Entonces “el Señor Dios le sacó una costilla haciendo una mujer, y se la presentó al hombre. Y el hombre dijo: ¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Mujer, porque ha salido del hombre” (Génesis 2, 18-24). La “costilla” es simbólica de lo que sigue. 
   ¿Qué nos dice todo esto? 
  Que el hombre no puede existir feliz, si está solo, en estado de separación. El hombre encuentra la propia felicidad únicamente en la relación con otro: el “yo-tú” del que hablaba el filósofo del “diálogo” el judío-austriaco Martín Buber (1878-1965: nacido en Viena y muerto en Jerusalén), necesario para la verdadera felicidad en la mutua fidelidad; o también decía el otro filósofo suizo Carl Jung (1875-1961) con su distinción entre “animus” (alma o corazón varonil) frente a “anima” (alma o corazón femenino), explicando que “animus” dice “acción”, ida hacia el exterior; mientras que “anima” dice recepción, intimidad, ida hacia el interior. “Adán es el típico de “animus” y Eva es el “anima”, que se complementan entre sí. Adán encuentra en Eva a su “compañera”. 
  La palabra “compañera” viene del latín: “cum+panis, es decir que “comparte” el “pan” ...Comen juntos del mismo pan, se complementan y son felices. Así pues, el proyecto divino respecto al matrimonio es un proyecto de amor, vida, armonía, luz, unidad. Si el hombre quiere reencontrar esa unidad y armonía perdida, no debe “separarse” del plan divino: “lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”, o sea, no puede oponerse al plan divino, con un proyecto disgregador, del proyecto unitario del Creador. 
  Y de ese amor recíproco y generoso nace como el “fruto” nace de la “flor”: el “niño” o los “niños-as”, de los que habla Jesús al final del evangelio: “Dejad que los niños se acerquen a mí; no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de Dios”. 
  Entonces, sí que comprendemos la ilación entre la primera lectura del libro del Génesis con la del Evangelio de San Marcos, en la segunda lectura de hoy, tomada de la Carta a los Hebreos: “Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte...para llevar a una multitud de hijos a la gloria”.   Jesús, es el “segundo Adán” del que también habla San Pablo en su Carta a los Romanos, el “hombre perfecto” a cuya imagen todos los demás hombres y mujeres hemos sido creados y llamados a la felicidad eterna. 
  Yo no puedo comprender cómo en muchos países se convierta en ley el divorcio cuando a uno o a una le dé la gana.  
  Hoy tenemos que pedir por la institución matrimonial de la sociedad como uno de sus pilares. 
  Y todos, casados o solteros, religiosos sacerdotes o no tales y religiosas, necesitamos de esa “compañía”, de ese “estar con el otro”, en unidad íntima entre nuestras acciones (“animus”, del que hablaba antes) y nuestras “oraciones” y diálogo afectuoso entre unos y otras. La misma “Compañía de Jesús”, “compañerismo de amigos en el Señor”, a la cual pertenezco, quiere decir lo mismo: todos “compatimos” el pan de cada día, la alegría del corazón en medio de tantas desgracias de guerras, volcanes en erupción, tifones, accidentes de vehículos, etc. que por supuesto queremos evitar dentro de las posibilidades de cada uno. 
  San Juan Crisóstomo (354-407) en su “Homilía XX, 8 dice: 
  “hay que decirle a la esposa con mucha amabilidad: “Te tomé afecto y te amo y te antepongo a mi alma. Si se nos considera dignos de pasar así esta vida por ser agradables a Dios, estaremos siempre con Cristo y el uno con el otro en medio de la mayor alegría” ... 
  Termino con la poesía del mejicano Enrique González Martín (1871-1972)
titulada                 

 “A LA QUE VA CONMIGO"


Iremos por la vida como dos pajarillos 
que van en pos de rubias espigas, y hablaremos

de sutiles encantos y de goces supremos 
con ingenuas palabras y diálogos sencillos.

Cambiaremos sonrisas con la hermana violeta

que atisba tras la verde y oscura celosía, 
y aplaudiremos ambos la célica armonía 
del amigo sinsonte que es músico y poeta.

Daremos a las nubes que circundan los flancos

de las altas montañas nuestro saludo atento, 
y veremos cuál corren al impulso del viento

como un tropel medroso de corderillos blancos. 

Oiremos cómo el bosque se puebla de rumores,

de misteriosos cantos y de voces extrañas; 
y veremos cuál tejen las pacientes arañas 
sus telas impalpables con los siete colores.   

Iremos por la vida confundidos en ella, 
sin nada que conturbe la silenciosa calma, 
y el alma de las cosas será nuestra propia alma

y nuestro propio salmo, el salmo de la estrella.   

Y un día, cuando el ojo penetrante e inquieto

sepa mirar muy hondo, y el anhelante oído

sepa escuchar las voces de lo desconocido, 
se abrirá a nuestras almas el profundo secreto.


En breve

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Nuestro EQUIPO lo integramos laicos y sacerdotes de distintos pai­ses y edades. Nos vincula la Fe, la Esperanza y el Amor. Unamonos en familia y compartamos la Palabra de Dios.

17 DE OCTUBRE: DOMINGO 29 DEL TIEMPO ORDINARIO

EL CAMINO DE LA CRUZ NO ES EL “SUFRIR” SINO EL DE “SERVIR” por el P. Juan Vicente Catret S.J.

Este domingo nos presenta a los dos hijos de Zebedeo: Santiago y Juan, pidiendo a Jesús sentarse en su “Gloria” uno a la derecha y el otro a la izquierda.