Documento sin título

Homilías

Homilía 8 de agosto

Jesús, Pan de Vida por Juan Vicente Catret SJ

JESÚS ES EL PAN PARA EL CAMINO DE LA VIDA. En el Evangelio de este domingo, vemos que los judíos criticaban a Jesús, porque había dicho: “Yo soy el pan bajado del cielo”, y decían: “¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?”.

                  

Ellos, por una parte, han participado en el banquete milagroso, han experimentado el gran poder de Jesús y han escuchado su explicación sobre el significado de ese don. Por otra parte, conocen a la familia terrena de Jesús. Se encuentran en una situación dialéctica. Y ello es porque no indagan sobre su experiencia sobre el poder y la palabra de Jesús, no van hasta el fondo de su experiencia sobre la relación de Jesús con Dios. se limitan a su conocimiento humano sobre Jesús y piensan que lo saben todo sobre él.

Los judíos no saben que “Jesús es el pan para el camino de la vida”. esta expresión está en relación, como siempre hace el evangelio de cada domingo, con el relato de la primera lectura de hoy. En ella leemos que el profeta Elías, caminando por el desierto, se cansó y se sentó bajo una retama, deseándose la muerte. Pero que un ángel le tocó y le dijo: “Levántate, come...que el camino es superior a tus fuerzas. Y se levantó Elías, comió y bebió, y con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días hasta el monte de Dios”.

También nosotros en el camino de la vida podemos sentirnos cansados. Sea por las desilusiones, las incomprensiones, los fallos, la injusticia, la hipocresía, la falsedad, la desconfianza...El camino entonces pierde todo el interés. El único interés que puede presentarse ya no es sino el de encontrar un lugar, un refugio, donde recostar el propio cansancio.

Y la terapia de Jesús para ese cansancio es creer y apoyarse en él mismo, en su Persona, que se hace pan que restablece: “Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo”, nos dice. Así pues, comiéndole a él, nos alimentamos en nuestro camino. El camino se convierte en nuestro alimento, se hace fuerza, remedio de nuestro cansancio.

San Juan Pablo II (1920-2005) en su encíclica “Ecclesia de Eucharistia”, 11 nos dice:

“La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, como un don, no solo como un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia, porque es don en sí mimo, de su persona, en su santa humanidad y, además, de toda su obra de salvación. Esta no queda relegada al pasado, pues “todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos...”

Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de su Señor, se hace realmente presente este acontecimiento central de salvación y “se realiza la obra de nuestra redención”. Este sacrificio es tan decisivo para la salvación del género humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto al Padre solo después de habernos dejado el medio para participar de él, como si hubiéramos estado presentes. Así, todo fiel puede tomar parte en él, obteniendo frutos inagotablemente. Esta es la fe de la que han vivido a lo largo de los siglos las generaciones cristianas. Esta es la fe que el Magisterio de la Iglesia ha reiterado continuamente con gozosa gratitud por tan inestimable don. Deseo una vez más llamar la atención sobre esta verdad, poniéndome con vosotros, hermanos y hermanas, en adoración delante de este misterio: misterio grande, misterio de misericordia. ¿Qué más podría hacer Jesús por nosotros? En la Eucaristía nos muestra un amor que llega hasta el extremo, un amor que no conoce medida”.

Termino con un soneto de Fray Luis de León (1527-1591) titulado:

           PREGUNTAS DE AMOR

 Si pan es lo que vemos, ¿cómo dura,

sin que comiendo de él se nos acabe?

Si Dios, ¿cómo en el gusto a pan nos sabe?

¿Cómo de sólo pan tiene figura?

  Si pan, ¿cómo le adora la criatura?

Si Dios, ¿cómo en tan chico espacio cabe?

Si pan, ¿cómo por ciencia no se sabe?

Si Dios, ¿cómo le come su hechura?

  Si pan, ¿cómo nos harta siendo poco?

Si Dios, ¿cómo puede ser partido?

Si pan, ¿cómo en el alma hace tanto?

  Si Dios, ¿cómo le miro y lo toco?

Si pan, ¿cómo del cielo ha descendido?

Si Dios, ¿cómo no muero yo de espanto?

 

  j.v.c.


En breve

COMUNIDAD VIRTUAL

Nuestro EQUIPO lo integramos laicos y sacerdotes de distintos pai­ses y edades. Nos vincula la Fe, la Esperanza y el Amor. Unamonos en familia y compartamos la Palabra de Dios.

5 DE SEPTIEMBRE DOMINGO 23 DEL TIEMPO ORDINARIO

“EFFETA: ¡ABRETE!” por Juan Vicente Catret SJ

Recuerdo que hace ya varios años se publicó en un periódico japonés el siguiente pequeño artículo titulado (traducido al español): “Naturalmente”, que en japonés se dice: “atarimae”. Y dice así: ¿Por qué no nos maravillamos con esto? Nos parece natural: