Documento sin título

Homilías

1 Agosto

Homilía

Los textos bíblicos de hoy: Éxodo 16, 2-4 y 12-15; Salmo 77; Efesios 4, 17. 20-24; Juan 6, 24-35

La Palabra de Dios que estamos compartiendo nos presenta un tema que siempre ha estado presente en nosotros, no sólo como humanos con inteligencia y voluntad sino como seres vivientes con instintos naturales.

No sólo queremos que no nos falte el sustento diario: tenemos hambre y queremos comer.  Pero no sólo buscamos satisfacer a las necesidades básicas. Aparecen nuestros gustos y preferencias. Los apetitos, deseos e incluso caprichos se ponen por delante de las necesidades. Esto es una realidad que podemos comprobar en la historia de la humanidad y en la historia personal: somos egoístas, somos codiciosos, somos envidiosos… y esto no es bueno.

Dios nos conoce y sabe que somos así. No quiere quitarnos la libertad, pero procura ayudarnos a enderezar nuestro camino. Es interesante observar que, incluso antes de haberse encarnado como hombre en la persona de Jesús, ya desde antes, el Señor interviene en la humanidad para ir enderezándola.

Es el caso que observamos en la primera lectura bíblica de hoy: se trata de un pueblo que Dios de alguna manera ha privilegiado pero que una y otra vez se deja desviar por sus propias pasiones y egoísmos. Lo vemos en el desierto, después de haber sido liberados del yugo extranjero, siendo conducidos por medio de Moisés hacia la Tierra Prometida… así y todo, ¡se rebelan! Y su rebelión va por el lado de las apetencias corporales. Sin embargo, Dios, con paciencia paternal, responde a las necesidades de ese pueblo con el maná y también con las codornices. Dios se muestra compasivo y misericordioso, pero corrige, como un buen padre y maestro.

El salmo que sigue a la lectura recién referida, insiste en la preocupación de Dios de sostenernos en nuestra debilidad, incluso preludiando lo que Jesús iba a ofrecernos en el texto evangélico de hoy.

Vemos que Juan, en el Evangelio, nos presenta al Hijo de Dios, Jesús, verdadero Hombre, compasivo del hambre corporal del pueblo que lo sigue. Pero Jesús no se contenta con haber socorrido a un pueblo hambriento del pan material. Jesús quiere abrirles a ellos y a todos nosotros un apetito nuevo y superior: se trata de un apetito que no es ni codicioso ni ambicioso ni envidioso ni egoísta. Se trata del apetito de un Pan de Vida, infinitamente superior al mana del desierto y a los panes multiplicados en los días anteriores. Al hablar de ese Pan de Vida, nosotros entendemos que se está refiriendo al Pan Eucarístico, lo que comúnmente llamamos la Comunión. Es cierto. Es eso, pero mucho más.

Ese Pan de Vida es Él mismo, es Jesús en persona. Es allí donde nos está invitando a dirigir nuestros apetitos y deseos más profundos. Se trata de incorporar a Jesús a nuestra vida, a nuestros pensamientos y sentimientos. Se trata de una unión mística con Él. La invitación está abierta para todos; no es un “privilegio” de algunos, como muchas veces erróneamente hemos pensado. Todos, desde niños hasta ancianos, eruditos, letrados, legos o ignorantes, todos estamos invitados a este estilo de vida, dentro de nuestra vida diaria. 

Y, finalmente, ¿qué nos dice San Pablo en la segunda lectura? Pasar de lo superficial a lo profundo; de lo más corporal a lo más espiritual. No se trata de negar el cuerpo, pero sí de privilegiar el alma. Se trata de poner el acento. Puede que a veces no sepamos bien “hasta adónde” y necesitemos discernir. ¿Dónde encontrar la luz? Volvamos a Jesús. En Jesús somos personas nuevas – san Pablo habla de “hombres nuevos” - iluminados por Él, alegres, confiados y agradecidos. No tengamos miedo de compartir estos tesoros con quienes vamos encontrando en el camino. De esta manera vamos construyendo, con mucha humildad, lo que pedimos una y otra vez en el Padrenuestro: “Venga a nosotros tu Reino”. Amén.


En breve

COMUNIDAD VIRTUAL

Nuestro EQUIPO lo integramos laicos y sacerdotes de distintos pai­ses y edades. Nos vincula la Fe, la Esperanza y el Amor. Unamonos en familia y compartamos la Palabra de Dios.

5 DE SEPTIEMBRE DOMINGO 23 DEL TIEMPO ORDINARIO

“EFFETA: ¡ABRETE!” por Juan Vicente Catret SJ

Recuerdo que hace ya varios años se publicó en un periódico japonés el siguiente pequeño artículo titulado (traducido al español): “Naturalmente”, que en japonés se dice: “atarimae”. Y dice así: ¿Por qué no nos maravillamos con esto? Nos parece natural: