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Homilías

25 DE JULIO

EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA

La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos, sino un generoso remedio y un alimento para los débiles...Salgamos a ofrecer a todos, la vida de Jesucristo.

             

La liturgia de la palabra de este domingo nos presenta, en el evangelio de Juan, a Jesús “en la multiplicación de los panes”. Otro milagro del Señor motivado como nos dice él mismo cuando vio a la multitud de gente que le seguía y quería escuchar sus palabras: “¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?”...

  Y luego con los cinco panes y los dos peces que llevaba consigo un muchacho hizo el milagro de dar de comer a más de cinco mil hombres, en los que me imagino entraban también las mujeres y los niños.

  Este gesto prodigioso de Jesús aparece en clave religiosa: es la realización del banquete mesiánico prometido para los últimos tiempos; así esto revela la identidad profunda de Jesús. El pan prodigioso se convertirá en signo anticipado del banquete eucarístico.

  “Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno le toque un pedazo” objeta con razón Felipe a Jesús. El “denario” es una moneda de plata y representa la paga diaria de un obrero (Mt. 20,2). La ración de pan para una persona costaba la duodécima parte de un denario. Por tanto, aquí, tratándose de una sola comida, tendríamos 4.800 medias raciones. Los cálculos de Felipe resultan bastante exactos...

  Los panes de entonces eran una especie de tortas, hechas con harina de cebada o de centeno, cocidas sobre una chapa candente o en un horno. Su espesor era de pocos centímetros y tenían la forma y el tamaño de un plato. El pan nunca se partía con el cuchillo, sino con las manos para ser después distribuido a los comensales.

  Jesús aparece aquí como Señor hospitalario, amo de casa, también en gesto de bendición. El tema de las sobras es importante. Indica que el alimento distribuido es inagotable. Todavía pueden alimentarse otros, es necesario recoger lo sobrante porque otros tienen hambre. La mesa del Señor no es nunca una mesa cerrada, está abierta a todos. Jesucristo se obstina en producir el pan no con harina, sino con amor. El pan queda ligado no al milagro, sino al trabajo con amor por la justicia y la cooperación entre todos los hombres del mundo actual, entre todos los países sean de una raza o de otra. También nosotros debemos compartir nuestro pan, rescatados de la avidez de la posesión, de la apropiación, para convertirnos en signo, sacramento de fraternidad. Así el pan, además de llevar la marca de la fatiga, llevará la del amor. Para tener el derecho a dirigirse al “Padre nuestro” y pedirle “el pan de cada día”, es necesario precisamente que el pan no sea exclusivamente “mío”, sino “nuestro”.

  El papa Francisco en su exhortación apostólica “Evangelii gaudium” (46-49) dice:

  “La Iglesia “en salida” es una Iglesia con las puertas abiertas. La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre. Todos pueden participar de alguna manera en la vida eclesial, todos pueden integrar la comunidad, y tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera, Esto sobre todo cuando se trata de ese sacramento que es la “puerta”, el bautismo. La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos, sino un generoso remedio y un alimento para los débiles...Salgamos a ofrecer a todos, la vida de Jesucristo.

  Termino con una breve poesía de José Fernández Nieto (1920-2013), nacido en Palencia:

        Dios, panadero y pan, ayer y ahora

                 vendimiador y viña y cantavino

                 divinidad de Amor, Dios uno y trino

                 tendiéndonos su mano salvadora.

 

                    Que se nos da en bebida y alimento

                 que se derrama enamoradamente

                 en cada corazón y en cada vida.

 

   j.v.c.


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5 DE SEPTIEMBRE DOMINGO 23 DEL TIEMPO ORDINARIO

“EFFETA: ¡ABRETE!” por Juan Vicente Catret SJ

Recuerdo que hace ya varios años se publicó en un periódico japonés el siguiente pequeño artículo titulado (traducido al español): “Naturalmente”, que en japonés se dice: “atarimae”. Y dice así: ¿Por qué no nos maravillamos con esto? Nos parece natural: