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Homilías

Domingo 29 de diciembre de 2020

Primer Domingo De Adviento.

LAS TRES VENIDAS DEL SEÑOR. TIEMPO DE LA ESPERA. “¡Que se abra la tierra y germine al Salvador”

PRIMERA LECTURA: Del libro de Isaías (63,16b-17.19b;64,2b-7):

Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es «NUESTRO REDENTOR». Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema? Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad. ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia! Bajaste y los montes se derritieron con tu presencia, jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él. Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos. Estabas airado, y nosotros fracasamos; aparta nuestras culpas, y seremos salvos. Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado; todos nos marchitábamos como follaje, nuestras culpas nos arrebataban como el viento. Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas en poder de nuestra culpa. Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano.

CANTO RESPONSORIAL
R/.
 Ven, ven, Señor, no tardes. Ven, ven, que te esperamos

Ven, ven Señor, no tardes. Ven pronto, Señor.
 

SEGUNDA LECTURA: de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,3-9):

La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo esté con todos ustedes. En mi acción de gracias a Dios los tengo siempre presentes, por la gracia que Dios les ha dado en Cristo Jesús. Pues por él han sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en ustedes se ha probado el testimonio de Cristo. De hecho, no carecen de ningún don, ustedes que aguardan la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él los mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusarlos en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios los llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

 

EVANGELIO:  Marcos 13, 33-37

33 Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. 34 Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela. 35 Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. 36 No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. 37 Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!".
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HOMILÍA  (por el Padre Juan Vicente Catret S.J.)

TIEMPO DE LA ESPERA

  El Adviento que empezamos este domingo es el “tiempo de la espera” activa de la venida de Jesús, que nace en el Belén de nuestros corazones. Tiempo de esperanza recuperada, frente al derrotismo de hoy día en medio de una sociedad envuelta en una pandemia, globalista y consumidora, metida también en guerras y terrorismo. Por lo tanto, es un tiempo también de conversión del corazón.

  Las lecturas de la Biblia para este domingo, nos hablan de la última venida de Jesús en gloria para juzgar al mundo, a toda la humanidad. Entre la primera venida de Jesús al nacer en la Navidad, venida en carne y pobreza, y esta última venida en gloria, está la segunda venida de cada vez: la venida en gracia para renovarnos.

En la primera lectura tomada del profeta Isaías se expresa ese deseo y espera de la venida del Señor: ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia! Preparémonos pues, tal como nos lo recuerda San Pablo en la segunda lectura de hoy, tomada de su carta a los Corintios: “ustedes que esperan la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. El los mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de que acusarles en el tribunal de Jesucristo Señor Nuestro”.

 ¿Cómo pues prepararnos para esa última venida del Señor?

Primero. Pasar del adormecimiento a una conciencia más lúcida y clara. Examinarnos todas las noches antes de dormir: ¿Cómo he vivido hoy el amor a Dios y al prójimo?

Segundo. Caer en la cuenta de las cosas que viven en nuestra penumbra: buenas y malas, cualidades que no uso, defectos que debo corregir...

Tercero. Sentir que Jesús quiere venir a nuestro corazón, y revestirnos de los valores de Cristo, viviendo los valores del evangelio...

Cuarto, Salir de la nube de contaminación en que vivimos, de la deseperanza y el pesimismo...

Nuestra esperanza tiene que “cocinar”, es decir no ser sólo “pasiva”: como el que espera la gracia y venida de Jesús, para comer y beber con él, sino también y sobre todo debe ser “activa”: cocinar, es decir colaborar con él preparándonos con las actitudes de los cuatro puntos anteriores.

  San Agustín (354-430) en una homilía dijo:

 Que se alegren los cielos y se regocije la tierra ante el Señor que viene

    Que griten de júbilo los árboles del bosque. El Señor ha venido una primera vez para juzgar la tierra. Encontrará saltando de gozo a aquellos que han creído en su primera venida, porque viene. Aunque tú seas injusto, ¿el juez no será justo? Porque tú eres un mentiroso, ¿la verdad no será verídica? Si quieres hallar un juez misericordioso, sé tú misericordioso antes de que venga, Perdona si te han ofendido, da de los bienes que posees en abundancia.

  Y ¿de qué darás sino de lo que has recibido? Si dieras de tus bienes serías generoso. Pero como das de lo que has recibido del Señor, no haces otra cosa que restituir. ¿Qué tienes que no hayas recibido? Estos son los sacrificios agradables a Dios: misericordia, humildad, agradecimiento, paz, caridad. Si aportamos estos dones, esperaremos con tranquilidad la llegada del juez que viene a juzgar la tierra: gobernará el mundo con justicia, las naciones con fidelidad.

  Termino con el soneto del leonés Bernardo Velado Graña (1922-2012):

             Jesucristo, ayer, hoy y siempre

  Dos mil años después de tu venida

te espera nuestro mundo en nuevo adviento:

solo contigo cobrará el aliento

para vivir la tierra envejecida.

  Túe eres la luz de su razón perdida,

el agua viva de que está sediento,

el verdadero pan del hombre hambriento;

vencedor de la muerte, eres la vida.

  Eres alfa y omega de la Historia

que vive de tu cruz y tu victoria.

Tú descubres al hombre qué es ser hombre

  y le ayudas a serlo y lo levantas,

por eso el mundo entero ante tus plantas

confiesa el Nombre sobre todo Nombre.

 

  j.v.c.


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11 DE ABRIL: DOMINGO 2 DE PASCUA

LOS FRUTOS DE LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

Al atardecer del domingo de Pascua, Jesús se aparece a sus discípulos que están reunidos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos, y les concede los cinco frutos de su gloriosa Resurrección, a saber: