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Homilías

DOMINGO 22 DE NOVIEMBRE DE 2020

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

Para recapitular el A├▒o Lit├║rgico tomamos conciencia de la centralidad de Nuestro Se├▒or Jesucristo que no s├│lo le da sentido y plenitud a nuestra vida espiritual sino que nos invita y desaf├şa a darle pleno sentido a nuestra VIDA DIARIA en el AMOR.

 

Color: verde o blanco

Antífona de entrada Ap 5, 12; 1, 6

El Cordero que ha sido inmolado es digno de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él pertenecen la gloria y el imperio para siempre.

Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste restaurar todas las cosas por tu amado Hijo, Rey del universo, te pedimos que la creación entera, liberada de la esclavitud del pecado, te sirva y te alabe eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Yo juzgaré entre oveja y oveja.

Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17

Así habla el Señor:

¡Aquí estoy Yo! Yo mismo voy a buscar mi rebaño y me ocuparé de él. Como el pastor se ocupa de su rebaño cuando está en medio de sus ovejas dispersas, así me ocuparé de mis ovejas y las libraré de todos los lugares donde se habían dispersado, en un día de nubes y tinieblas.

Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a descansar -oráculo del Señor-. Buscaré a la oveja perdida, haré volver a la descarriada, vendaré a la herida y sanaré a la enferma, pero exterminaré a la que está gorda y robusta. Yo las apacentaré con justicia.

En cuanto a ustedes, ovejas de mi rebaño, así habla el Señor: Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y chivos.

SALMO RESPONSORIAL 22, 1-3. 5-6

R/. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas. Me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor por muy largo tiempo.

SEGUNDA LECTURA

Entregará el Reino a Dios, el Padre, a fin de que Dios sea todo en todos.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 15, 20-26. 28

Hermanos:

Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección.

En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo, cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos; luego, aquéllos que estén unidos a Él en el momento de su Venida.

En seguida, vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder. Porque es necesario que Cristo reine “hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies”. El último enemigo que será vencido es la muerte.

Y cuando el universo entero le sea sometido, el mismo Hijo se someterá también a Aquél que le sometió todas las cosas, a fin de que Dios sea todo en todos.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Mc 11, 9. 10

Aleluya.

¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el Reino que ya viene, el Reino de nuestro padre David! Aleluya.

Evangelio

Se sentará en su trono glorioso y separará a unos de otros.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 25, 31-46

Jesús dijo a sus discípulos:

Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y Él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquéllas a su derecha y a éstos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era forastero, y me alojaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver.

Los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer?; ¿sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te alojamos?; ¿desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?

Y el Rey les responderá: Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo.

Luego dirá a los de su izquierda: Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; era forastero, y no me alojaron; estaba desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron.

Éstos, a su vez, le preguntarán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, forastero o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?

Y Él les responderá: Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo.

Éstos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna. Palabra del Señor

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HOMILÍA enviada desde Tokyo por el P. Juan Vicente Catret SJ.

JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO: EL REINO DEL AMOR

 

  Estamos ante una fiesta litúrgica difícil. Porque si entendemos el Reino de Cristo en un sentido político, tropezamos con la autonomía de la sociedad civil, con la separación entre la Iglesia y el Estado. Y si la realeza de Jesús se entiende como un reinado meramente moral y religioso, ¿dónde apoyar el compromiso temporal de los cristianos? El reino de Cristo, como se desprende de la liturgia de la palabra en esta fiesta tiene una clara dimensión de servicio espiritual, pero también social.

  En la primera lectura de hoy, el profeta retrata la realeza servicial de Jesús, al decir: “Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro, y las libraré y las apacentaré”. El amor de Cristo a los hombres le llevó a convertirse en su rey-pastor, realizando lo que predijo el profeta Ezequiel: “Buscaré a las ovejas perdidas, haré volver a las descarriadas, curaré a las enfermas, guardaré a las fuertes”.

  Este servicio de Jesús como pastor religioso de los hombres se demuestra en la entrega de medios espirituales para el bien de las almas. A lo largo de su vida, Jesús nos da su mensaje evangélico, la eucaristía divinizadora de su cuerpo, el agua purificadora del bautismo, el sacramento del perdón, el regalo de su Madre, la elevación a hijos de Dios por la gracia, el ejemplo y el modelo de la oración cristiana y su muerte en cruz por nuestra salvación eterna.

  En cuanto al servicio material de Jesús como rey-pastor, vemos que a lo largo de su vida pública empleó su poder, no para servirse de los hombres, sino para servirlos en sus necesidades corporales. Jesús dio de comer repetidas veces a los que no podían alimentarse, sanó las diversas dolencias de muchos enfermos, individual y colectivamente, dominó las fuerzas de la naturaleza en favor de los suyos y devolvió a la vida a varios muertos.

  Por eso, la mejor forma de honrar a Cristo rey es imitar su actitud de servicio a los hombres. En el evangelio de hoy se nos presenta una parábola sobre la realización del reinado de Jesús en la tierra. Cuando Cristo aparezca como rey eterno, ¿cómo juzgará nuestras actividades? Lo hará según el grado de servicio social prestado a los demás. Toda la escena se concentra en un diálogo entre el juez, que no es otro que Jesús resucitado, y dos grupos de personas: los que han aliviado el sufrimiento de los más necesitados y los que han vivido negándoles su ayuda.

  Este diálogo fascinante es la mejor recapitulación del Evangelio: “el elogio absoluto del amor solidario”. Todos los hombres y mujeres serán juzgados por el mismo criterio. Lo decisivo es el amor práctico y solidario a los necesitados de ayuda. Y este amor se traduce en hechos muy concretos, por ejemplo, “dar de comer”, “dar de beber”, “acoger al inmigrante”, “vestir al desnudo”, “visitar al enfermo o encarcelado”. Los que han hecho todo eso, serán invitados por Jesús para entrar en el Reino de Dios como “benditos del Padre”. Vemos pues que no se trata de un amor platónico ni meramente afectivo, sino de un amor realista, efectivo.

  En definitiva, ver el rostro de Jesús en todas las personas “hechas a su imagen y semejanza”. Hay que tomarse en serio la identificación de Jesús con los seres humanos, porque Jesús le da una importancia máxima a este sacramento de su cuerpo místico. Aprendamos de Cristo rey, que fue delante con su ejemplo a cumplir la carta magna del Reino. Sirvamos a los demás como él, y así contribuiremos a la venida de su reinado en la tierra y participaremos de su realeza en el cielo.

  Santa Teresa de Calcuta (1910-1997) en su libro: Jesús, la palabra hablada, cap.8, dice: “CONMIGO LO HICIERON”

 Jesús dice; Cualquier cosa que hagáis al último de vuestros hermanos es a mí a quien me lo hacéis. Cuando acogéis a un niño, es a mí a quien me acogéis. Si en mi nombre ofrecéis un vaso de agua, es a mí a quien me lo ofrecéis. Con el fin de estar seguro de que habíamos comprendido bien lo que decía, afirmó que así es como seríamos juzgados a la hora de nuestra muerte: Tuve hambre y me disteis de comer. Estaba desnudo, y me vestisteis. No tenía hogar y me alojasteis.

  No se trata simplemente de hambre de pan; es un hambre de amor. La desnudez no concierne solo al vestido; la desnudez es también la falta de la dignidad humana y de esa magnífica virtud que es la pureza, así como la falta de respeto de unos por otros. Estar sin hogar no es solo no tener casa; estar sin hogar también es ser rechazado, excluido, no amado.

  Termino con la poesía del argentino que vivió en Vigo: Francisco Luis Bernárdez (1900-1978) titulada: Oh Príncipe absoluto de los siglos

 

   Oh Príncipe absoluto de los siglos,

  oh Jesucristo, Rey de las naciones,

te confesamos árbitro supremo

de las mentes y de los corazones.

  Oh Jesucristo, Príncipe pacífico,

somete a los espíritus rebeldes,

y haz que encuentren rumbo los perdidos

y que en un solo aprisco se congreguen.

Para esto pendes de una cruz sangrienta

y abres en ella tus divinos brazos;

para eso muestras en tu pecho herido

tu ardiente corazón atravesado.

Glorificado seas, Jesucristo,

que repartes los cetros de la tierra;

y que contigo y con tu eterno Padre

glorificado el Paráclito sea.

 

  j.v.c.

 

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Acto de Fe: Credo

“Señor yo creo, Señor yo creo, pero aumenta mi Fe”

CRISTO REY DEL UNIVERSO

Oración de los fieles

Dirijamos, llenos de confianza, nuestras súplicas a Cristo, supremo señor de la vida y de la muerte y rey de todas las criaturas del cielo y de la tierra:

Para que los pastores y fieles de la Iglesia se esfuercen con celo para reconciliar al universo con Dios y en pacificar por la sangre de la cruz de Jesucristo a todas las criaturas, roguemos al Señor.

Para que la semilla evangélica, escondida en las diversas religiones y culturas, germine y se manifieste, y todos los hombres reconozcan con gozo que Cristo es Señor, para gloria de Dios Padre, roguemos al Señor

Para que quienes aún viven bajo el dominio de la ignorancia, el pecado o la angustia sean trasladados al reino de Cristo y encuentren el fin de sus penas, roguemos al Señor.

Para que los que hoy celebramos la solemnidad de Cristo, Señor supremo del universo, a quien están destinadas todas las cosas, participemos también un día en la herencia del pueblo santo, en el reino de la luz, roguemos al Señor.

Dios todopoderoso y eterno, que, para edificar tu reino en medio de los avatares y dificultades de la historia, has constituido a tu Hijo rey único y pastor universal de todos los hombres, escucha nuestras oraciones y afianza en nosotros la certeza de que llegará el día en que, aniquilado el último enemigo, la muerte, Cristo, tu Hijo, someterá a ti tu reino, y tú lo serás todo para todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

LITURGIA EUCARÍSTICA

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Te ofrecemos, Señor, el sacrificio de la reconciliación de los hombres, y te pedimos humildemente que tu Hijo conceda a todos los pueblos los dones de la unidad y de la paz. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Antífona de comunión Sal 28, 10.11

El Señor reinará eternamente, él bendecirá a su pueblo con la paz.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Después de recibir el alimento de la inmortalidad, te pedimos, Padre, que quienes nos alegramos de obedecer los mandamientos de Jesucristo, Rey del universo, podamos vivir eternamente con él en el Reino de los cielos. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 


En breve

COMUNIDAD VIRTUAL

Nuestro EQUIPO lo integramos laicos y sacerdotes de distintos pai┬şses y edades. Nos vincula la Fe, la Esperanza y el Amor. Unamonos en familia y compartamos la Palabra de Dios.

DOMINGO 22 DE NOVIEMBRE DE 2020

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

Para recapitular el A├▒o Lit├║rgico tomamos conciencia de la centralidad de Nuestro Se├▒or Jesucristo que no s├│lo le da sentido y plenitud a nuestra vida espiritual sino que nos invita y desaf├şa a darle pleno sentido a nuestra VIDA DIARIA en el AMOR.