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Homilías

12 DE JULIO: DOMINGO 15 DEL TIEMPO ORDINARIO

ENCUENTRO DE DIOS CON LA LIBERTAD HUMANA por Juan Vicente Catret SJ

Este domingo nos presenta en el evangelio la parábola de Jesús sobre “el sembrador, la semilla y el terreno donde esta cae”. Creo que podemos titular esta homilía con esa frase “encuentro de Dios con la libertad humana”, porque es Dios en la persona de Jesucristo el que siembra con generosidad y esperanza, sin detenerse a pensar en dónde cae la semilla de su Palabra.

Y por otra parte la acogida de esa semilla o palabra depende nuestra libertad para acogerla o no, con un corazón duro, o pedregoso, o espinoso, o con tierra esponjada que acoge la semilla o Palabra divina con diversas capacidades: unas del ciento por ciento, otras del sesenta y otras del treinta por ciento.

Dios en la persona de Jesús sigue sembrando con esperanza.

  Así lo anuncia el profeta Isaías en la primera lectura: “Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino qeu hará mi voluntad y cumplirá mi encargo”.

  Y bien, ¿cómo acogemos nosotros su Palabra simbolizada en la semilla?

  Hay cristianos solo de nombre, que tienen un corazón duro, como las cunetas del camino. Otros con un corazón distraído y perturbado con las tentaciones del placer o del dinero, como los terrenos pedregosos o con zarzas. Y otros con un corazón abierto a todas las inspiraciones del Señor quien con su Palabra les anima a ser responsables dentro de la sociedad en donde viven, sembrando alegría y servicio de amor.

  Me estoy acordando de una historieta que me gusta. Ahí va:

Había de dos semillas en el semillero que estaban a punto de volar hacia un destino concreto. Una voló y cayó por la ventana de un palacio sobre una escalera de un precioso marmol blanco, limpísimo. Pero allí no encontró tierra donde germinar y se secó y murió. Su otra semilla compañera voló y cayó sobre una tierra mezclada con estiércol, que, aunque estaba sucia y olía mal, germinó y produjo unas espigas amarillas preciosas y muchos granos de trigo para la familia dueña de aquella cuadra junto a su casa.

  Esta segunda semilla es el ejemplo al que debemos seguir:

  Mezclarnos con todos en la sociedad, sin miedo a ensuciarnos, trabajando por un mundo de más justicia, compartimiento de bienes y de paz universal.

  El Concilio Vaticano II en su decreto Apostolicam actuositatem, 7, nos dice: “es preciso que los seglares (y los religiosos también en su medida) tomen como función suya la restauración del orden temporal, y que, conducidos por la luz del Evangelio y por la mente de la Iglesia y movidos por la caridad cristiana, obren directamente y en forma concreta en dicho orden; que cooperen ciudadanos entre ciudadanos con sus conocimientos especiales y su responsabilidad propia; y que busquen en todas partes y en todo la justicia del reino de Dios. Hay que establecer el orden temporal de forma que, observando íntegramente sus propias leyes, esté conforme además con los principios de la vida cristiana y se adapte a las variadas circunstancias de lugares, tiempos y pueblos.”

Termino con los versos del poeta cordobés Mario López (1918-2003)

SEQUÍA

  ¡Señor! Sembrando están los labradores

Sobrelos campos de este otoño el trigo

Más entrañable que sembrado se haya

Desde que el mundo por tu pulso late.

  ¡Señor! El labrador está sembrando

y abre su mano y temerosamente

deja en el surco su esperanza como

un riego de volubles pajarillos.

  ¡Señor! Esta semilla es ya la última

que el labrador guardaba en su granero

y Tú lo sabes y nosotros nada

sabemos: solamente en Ti confiamos...

  ¡Señor! ¡El labrador está sembrando!

Pena de montes e inquietud de valles

el seco lecho de los ríos cubre

mientras brillan, sin lágrimas, tus astros...

  ¡Señor! ¡Señor! Los labradores siembran

sobre esta tierra donde ya no hay llanto,

y acaso tu castigo es esta inmensa

sequía de amor que agrieta nuestras almas.

j.v.c.


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Domingo, 2 de agosto de 2020

Lecturas del Domingo 18º del Tiempo Ordinario - Ciclo A

La Palabra de Dios se hace más efectiva cuando se comparte comunitariamente. Procuremos leerla en familia, distribuyéndonos las lecturas y comentándolas con mucha sencillez. Después – y sólo después – el Equipo Litúrgico Loyola nos ofrece una sencilla homilía que puede ayudarnos a profundizar en el conocimiento, amor y seguimiento a Jesucristo.