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Homilías

21 de abril: SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

JESÚS SALVARÁ A SU IGLESIA, por José Antonio Pagola (gentileza de Juan Vicente Catret S.J.)

Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero ya no está con ellos Jesús. En la comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. ¿A quién seguirán ahora? ¿Qué podrán hacer sin él? «Está anocheciendo» en Jerusalén y también en el corazón de los discípulos.

Dentro de la casa están «con las puertas bien cerradas». Es una comunidad sin misión y sin

horizonte, encerrada en sí misma, sin capacidad de acogida. Nadie piensa ya en salir por los

caminos a anunciar el reino de Dios y curar la vida. Con las puertas cerradas no es posible

acercarse al sufrimiento de las gentes.

 

Los discípulos están llenos de «miedo a los judíos». Es una comunidad paralizada por el

miedo, en actitud defensiva. Solo ven hostilidad y rechazo por todas partes. Con miedo no es

posible amar al mundo como lo amaba Jesús ni infundir en nadie aliento y esperanza.

 

De pronto, Jesús resucitado toma la iniciativa. Viene a rescatar a sus seguidores. «Entra en

la casa y se pone en medio de ellos». La pequeña comunidad comienza a transformarse. Del miedo

pasan a la paz que les infunde Jesús. De la oscuridad de la noche pasan a la alegría de volver a

verlo lleno de vida. De las puertas cerradas van a pasar pronto a anunciar por todas partes la

Buena Noticia de Jesús.

 

Jesús les habla poniendo en aquellos pobres hombres toda su confianza: «Como el Padre me

ha enviado, así también os envío yo a vosotros». No les dice a quién se han de acercar, qué han de

anunciar ni cómo han de actuar. Ya lo han podido aprender de él por los caminos de Galilea. Serán

en el mundo lo que ha sido él.

 

Jesús conoce la fragilidad de sus discípulos. Muchas veces les ha criticado su fe pequeña y

vacilante. Necesitan la fuerza de su Espíritu para cumplir su misión. Por eso hace con ellos un

gesto especial. No les impone las manos ni los bendice, como a los enfermos. Exhala su aliento

sobre ellos y les dice: «Recibid el Espíritu Santo».

 

Solo Jesús salvará a su Iglesia. Solo él nos liberará de los miedos que nos paralizan, romperá

los esquemas aburridos en los que pretendemos encerrarlo, abrirá tantas puertas que hemos ido

cerrando a lo largo de los siglos, enderezará tantos caminos que nos han desviado de él.

 

Lo que se nos pide es reavivar mucho más en toda Iglesia la confianza en Jesús resucitado,

movilizarnos para ponerlo sin miedo en el centro de nuestras parroquias y comunidades, y

concentrar todas nuestras fuerzas en escuchar bien lo que su Espíritu nos está diciendo hoy a sus

seguidores.

 

José Antonio Pagola


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