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Homilías

23 DE FEBRERO: DOMINGO SÉPTIMO DEL TIEMPO ORDINARIO

SED PERFECTOS, desde Tokyo por el padre Juan Vicente Catret S.J.

En el evangelio de este domingo Jesús nos pide que “seamos perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto”.

Pero ¿cómo vamos nosotros a ser perfectos como el Padre celestial? Hay una diferencia abismal entre Él y nosotros. Pero la “clave” está en el “amor”.


Nosotros no podemos ser perfectos como Dios por medio de nuestras propias fuerzas, pero sí podemos llegar mucho más lejos por la gracia de Dios, si vivimos en el amor. Un amor al prójimo, que va más allá de los vinculados por lazos de apellido, raza o religión, extendido a todos los hombres y mujeres sin límites de familia, nación o fe. Para Jesús, el prójimo es todo aquel que debe estar próximo a nuestro corazón; es decir, toda persona por cercana o lejana que esté. 

  En el evangelio de hoy, Jesús nos manda superar la justicia igualatoria de responder en la misma medida con que hemos sido ofendidos, hasta vencer el mal a fuerza de bien. No hay duda que esa utopía cristiana de ofrecer la otra mejilla está en las antípodas de la práctica actual. En nuestra sociedad no sólo impera la venganza, sino la muerte gratuita, la espiral de violencia, la guerra fría o caliente. ¿Es esto un progreso, o la vuelta a las cavernas? En cualquier caso, no es una actitud cristiana. 

  Porque donde Jesús supera con mucho la teoría y la praxis de la moral del antiguo Testamento es en llevar las fronteras del amor hasta los mismos enemigos: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo, aborrecerás a vuestros enemigos. Yo en cambio os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os persiguen y calumnian”. Jesús destruye la mala intepretación y quita los límites al amor. 

  Jesús nos pone como modelo de perfección a Dios: “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial”. Ahora bien, la perfección de Dios consiste precisamente en esa generosidad indiscriminada hacia todos los hombres, tanto a los que le aman, como a los que le ofenden. “Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos”. 

  Recordemos la doctrina y el ejemplo de Jesús, el cual, a la hora de enseñarnos la oración modelo – el Padrenuestro – nos compromete a pedir perdón de Dios, ofreciendo el nuestro a los enemigos: “Perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

  Santa Teresa del Niño Jesús dice en su poesía Vivir de amor:

  Vivir de Amor es darse sin medida, 
sin reclamar ningún salario aquí abajo.
¡Ah, doy sin contar, estando muy segura
de que cuando se ama no se calcula!


Al Divino Corazón, desbordante de ternura,
se lo he dado todo...Corro ligera.
No me queda nada más que mi única riqueza:
Vivir de Amor es expulsar todo temor,
todo recuerdo de las faltas pasadas.

De mis pecados no veo ninguna huella,
¡en un instante el amor lo ha quemado todo!
Llamarada divina, oh dulce hoguera,
en tu hogar he fijado mi estancia.

En tu fuego es donde yo canto a placer:
“¡Vivo de Amor!”
“Vivir de Amor, ¡qué extraña locura!”.
El mundo me dice:  “¡Ah, deja de cantar,
no pierdas tus perfumes, tu vida:
ve a emplearlas útilmente!”

Amarte, Jesús, ¡qué pérdida tan fecunda!
Todos mis perfumes son tuyos para siempre.
Quiero cantar al salir de este mundo:
“¡Muero de Amor!”,
Amar es darlo todo y darse a sí mismo.

  


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28 de JUNIO 2020

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