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Homilías

9 DE FEBRERO: DOMINGO QUINTO DEL TEMPO ORDINARIO

SER LA SAL DE LA TIERRA Y LA LUZ DEL MUNDO, desde Tokyo por el padre Juan Vicente Catret S.J.

 Este domingo nos habla de “ser la sal de la tierra y la luz del mundo".

La parábola de la sal me gusta, porque es humilde. Las cosas sin sal no tienen sabor. La sal debe estar en su punto adecuado para dar sabor a las cosas, sin pasarse, sin poner demasiada cantidad de sal.

La sal se usa pues para dar sabor a las cosas, para conservar el pescado fresco...Hay personas que son como la sal, que poene sabor en todo sin ruido, sin resplandores.

  Es Jesús el que da sabor a todas las cosas. Y tampoco se trata de predicarle ostentosamente: nuestra sal es simple y cotidiana: partir el pan con el hambriento, hospedar a los sin techo, vestir al desnudo, desterrar la opresión... Entonces estamos poniendo sal a la vista de todos, no nuestra sal, sino la sal de Jesús.

  Y se nos dice “sean la luz del mundo” ...

San Agustín nos dice: “La luz de Cristo en el candelero”

“Los apóstoles son las lámparas que nos permiten esperar la venida de Cristo. Él les declara: Ustedes son la luz del mundo. Y para que no se creyeran que son una luz parecida a aquélla de la que se dice “la Palabra era la luz verdadera, que con su venida al mundo ilumina a todo hombre”, les dice enseguida que es la verdadera luz. Les ha anunciado: Ustedes son la luz del mundo, no se enciende una lámpara para taparla con una vasija de barro. Los he llamado luz, dice, pero puntualiza: ustedes no son más que una lámpara. No se dejen arrastrar por los sentimientos de orgullo para no apagar esta mecha. No los coloco debajo de una vasija de barro, sino que los pongo en el candelero, para que todo quede iluminado por el resplandor de ustedes.
  ¿Cuál es este candelero que lleva esta lámpara? Lo voy a decir. Sean ustedes lámparas y tendrán un sitio en este candelero. La cruz de Cristo es un inmenso candelero. Quien quiere brillar no debe avergonzarse de este candelero de madera. Escucha y comprende: el candelero es la cruz de Cristo.

  Brille de tal modo su luz delante de los hombres que, al ver sus buenas obras, den gloria al Padre que está en los cielos. ¿Que den gloria a quién? No a ti, porque buscar la gloria es apagar la lámpara. Que glorifiquen al Padre de los cielos. Que glorifiquen al Padre de los cielos, viendo sus buenas obras. 

Escucha a San Pablo: “en cuanto a mí, nunca presumo de algo que no sea la cruz de Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo.”
  
  


En breve

PARTITURAS ORIGINALES

Ver PUBLICACIONES N°75 varias partituras originales con himnos del Breviario y otras piezas musicales de canto monódico para ser utilizadas en la Liturgia.

1 DE MARZO: PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

LAVARSE LA CARA CON ARENA, desde Tokyo por el padre Juan Vicente Catret S.J.

Titulo esta homilía con esa frase: “lavarse la cara con arena”. Es lo que hacen los beduinos del desierto. Se frotan la cara con arena a falta de agua y les va muy bien. Así debemos hacer nosotros.