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Homilías

8 de diciembre de 2019: MARÍA, LLENA DE GRACIA

SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

¿Puede haber algo más contrario al color blanco que el color negro? ¿Puede haber algo más contrario al bien que el mal… a la vida que la muerte? Podríamos seguir con las contradicciones más absolutas que pudieran caber en nuestras mentes. Hoy nos enfrentamos a una contradicción extrema y, sin embargo, nos llenamos de una santa esperanza: EL PECADO ORIGINAL y su contrapartida, LA INMACULADA CONCEPCIÓN.

8 de diciembre de 2019

SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

MARÍA, LLENA DE GRACIA

¿Puede haber algo más contrario al color blanco que el color negro? ¿Puede haber algo más contrario al bien que el mal… a la vida que la muerte? Podríamos seguir con las contradicciones más absolutas que pudieran caber en nuestras mentes. Hoy nos enfrentamos a una contradicción extrema y, sin embargo, nos llenamos de una santa esperanza: EL PECADO ORIGINAL y su contrapartida, LA INMACULADA CONCEPCIÓN.

¿Cómo lo entendemos?

Veamos lo que sucede al interior de todos nosotros, en nuestra condición de seres humanos. En todos nosotros existe un sincero y profundo deseo de hacer el bien y evitar el mal… y nos encontramos con la dolorosa experiencia de obrar el mal que no queríamos y no haber hecho el bien que queríamos. Así somos… y nos duele. Este drama humano es propio de nuestra naturaleza. Es original. La Biblia nos lo presenta como el PECADO ORIGINAL… y todos estamos por él condicionados y nuestras raíces no pueden evitar absorber ese veneno. Clamamos pidiendo que alguien nos salve de esta contradicción, que nos trasplante de esta tierra tóxica y nos ponga en buena tierra. Dios se conmueve con la súplica de una humanidad caída y resuelve enviarnos un Salvador: el rescate lo paga haciéndose Hombre verdadero en Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María.

En Jesús no hay pecado porque en Dios no puede haber contradicción. Jesús es el Cordero de Dios que anula los pecados del mundo. La muerte del Cordero inocente destruye el pecado y nos rescata de la muerte. Con su resurrección nos da una nueva vida. Esta acción salvadora Dios podría haberla hecho de mil maneras, pero decidió hacerlo tomando la naturaleza humana, haciéndose hombre en todo igual a nosotros, menos en el pecado.

Para hacerse hombre, Dios necesitó nacer de una madre: ésta es María de Nazaret. ¿Cómo sucedió esto? El evangelio de Lucas nos habla de un enviado de Dios, un ángel, que la saluda con estas palabras: “Dios te salve, llena de gracia”. La Biblia no habla de “Inmaculada Concepción”, sin embargo, desde tiempos muy tempranos la comunidad creyente puso a la Madre de Jesús en un sitial privilegiado hasta que un siglo y medio atrás, en 1854, el Papa Pio Nono declaró como creencia oficial de la Iglesia que María había sido concebida sin pecado original. En esto consiste el dogma de la Inmaculada Concepción.

¿Cómo lo entendemos los creyentes del siglo XXI y qué nos aporta para nuestra vida ordinaria??

 Nuestra condición humana pecadora la entendemos hoy como un engaño en el que frecuentemente caemos porque nos equivocamos en la valoración de los diversos bienes alcanzables por nuestra inteligencia o voluntad, olvidando que hay un bien superior, mayor que los demás bienes. Nos inclinamos a las creaturas, olvidando al Creador. Es ésta nuestra condición pecadora, de la cual María fue preservada.

La idea de un ser humano preservado de la condición pecadora, el caso de María, mujer incomparable, no puede ser comprobado por las ciencias ni por la psicología. Sin embargo, así lo creemos: es nuestra Fe la que nos dice que no pudo ser de otra manera. Así pues, María no fue engañada por la serpiente como lo fuera Eva. Por el contrario, fue María Inmaculada quien, por los méritos de su Hijo, le aplastó la cabeza de la serpiente.

La devoción a María Inmaculada mueve a multitudes que humildemente se acogen a su maternal protección. Le pedimos que nos libere de las ataduras del enemigo maligno.

 

 


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